Las Escuelas de las Autodefensas

Falta aún mucha tela de donde cortar, falta aún entender la manera como los conceptos centrales de la Ley de Justicia y Paz determinan la naturaleza de sus conclusiones.

Luego de esperar y pasar por todos los procedimientos de seguridad, finalmente logro entrar al edificio de la fiscalía donde se realizaría, en el marco del proceso de Justicia y Paz, la "audiencia de legalización de cargos" en contra de cuatro miembros, algunos de ellos comandantes de frente, del Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia. Los agentes de seguridad me mandaron de un lugar a otro en el intrincado edificio, hasta que luego de incesantes vueltas, descubro que tendría que cruzar la calle, a otro edificio oficial para poder finalmente sentarme en el escenario donde se llevaría a cabo.

Muchas cosas podrían decirse sobre estas audiencias. Por ejemplo, que son un espacio a donde asisten un puñado de funcionarios de la fiscalía, la procuraduría, así como magistrados, abogados defensores, los propios imputados y uno que otro ciudadano interesado. En esta esquina del mundo, donde nos enteramos de las moradas en las que puede habitar el ser humano, no tenemos la horda de periodistas y camarógrafos persiguiendo celebridades. Hay, en esta clase de soledad, una cierta sensación de perplejidad.

Sin embargo, quisiera resaltar el carácter laberíntico del mundo que ahí se escucha. No solamente en cuanto a los caminos que hay que recorrer para llegar hasta él sino los que hay que caminar para entender lo que se dice. La dinámica de la audiencia se concentra en la presentación de un relato de contextualización que busca corroborar, basado en un proceso de investigación, los delitos declarados por los postulantes a la Ley de Justicia y Paz. Así, es laberintico el procedimiento legal que involucra agencias estatales esparcidas por medio país. La importancia de esta audiencia es que por primera vez se construye un relato sobre el funcionamiento de la organización, sin duda el bloque que primero se desmovilizo y que contó con las primeras versiones libres de varios de sus re-nombrados comandantes.

La de esta semana ha sido una presentación lenta, cifrada por un ritmo definido por la juiciosa presentación de detalle tras detalle de la manera como se estructuraba y operaba en Bloque Norte y en particular unos de sus frentes. Listados casi sin fin de una variedad de cosas: hojas de vida criminales, registros financieros que por momentos parecían más bien listas de mercado corrientes (con útiles escolares y un rubro para "trabajo social" incluido), caracterizaciones de las víctimas, de los medios para hacer daño, de las llamadas "escuelas de formación" donde se les ensañaba a los prospectos "combatientes" picar a sus asesinados a "machete chambón" para enterrarlos en pequeños huecos para que nadie los viera. Montañas de documentos, sólidamente esparcidos alrededor del fiscal son testimonio de ese pandemónium que es el pasado (¿o el presente?) violento. Listas de procesos a funcionarios del estado investigados por colaborar con el paramilitarismo, listas de masacres, listas y más listas, seguido de estadísticas, barras y cuadros en múltiples colores y disgregados por innumerables variables que muestran la distribución geográfica de los lugares de la muerte. Es tanto el detalle que se expone que con frecuencia, en especial para quien no es experto, la imagen más global, la pregunta central, el argumento general de la presentación, se hace difícil de entender.

Falta aún mucha tela de donde cortar, falta aún entender la manera como los conceptos centrales de la Ley de Justicia y Paz determinan la naturaleza de sus conclusiones. Se pregunta uno si "nuestro pasado", entregado a cuenta gotas, cambiará de alguna manera significativa con este proceso, y si la aplicación de ese gran evangelio global de la verdad y la reconciliación, que por definición instala cierto tipo de silencios, transformará nuestra conciencia de la historia. Lo dudo.

*Investigador y profesor Universitario

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