Así intentaron defenderse los siete soldados que violaron a la niña embera de 12 años

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La Procuraduría destituyó e inhabilitó por 20 años a los siete soldados que violaron y secuestraron, en junio pasado, a una niña embera de 12 años en la zona rural del municipio de Pueblo Rico (Risaralda). De acuerdo con el organismo de control, los militares siguieron un plan para intentar desvirtuar el crudo testimonio de la víctima.

En julio del presente año, la Procuraduría anunció que investigaría a los responsables de un hecho atroz: siete soldados del Batallón San Mateo quienes admitieron su responsabilidad por secuestrar y acceder sexualmente a una niña embera de 12 años, en el colegio Pio XII de la zona rural de Pueblo Rico (Risaralda). Tras cinco meses, el Ministerio Público les impuso la sanción disciplinaria más alta, pues fueron destituidos e inhabilitados por 20 años para ejercer cargos públicos.

En contexto: Destituyen e inhabilitan por 20 años a soldados que violaron a niña embera.

“Esos actos realizados sobre la humanidad de una niña (…) fueron verdaderos actos de barbarie ejecutados al amparo de la intimidación, amenaza y constreñimiento con el propósito de satisfacer sus deseos sexuales. No hay duda de que el macabro escenario de estos siete hombres armados, esperando su turno para saciar sus instintos sexuales, tuvo la contundencia necesaria para intimidar a la menor indígena, quien no tuvo otra alternativa que acceder a las exigencias de sus agresores”, concluyó la Procuraduría tras la audiencia disciplinaria.

Durante el juicio disciplinario, el pasado 13 de agosto, la Procuraduría escuchó el testimonio de los procesados Juan Camilo Morales Poveda, Yair Stiven González, José Luis Holguín Pérez, Juan David Guaidía Ruiz, Oscar Eduardo Gil Álzate, Deyson Andrés Isaza Zapata y Luis Fernando Mangaret Hernández. Tras analizar cada palabra, el órgano de control aseguró que entre todos planearon una “coartada”, con el propósito de librarse de los cargos y culpar a la misma niña por el acceso carnal violento. El Espectador revela las versiones libres de los uniformados.

Juan Camilo Morales Povea

El soldado es, según la Procuraduría, la génesis del acto criminal. De acuerdo con las investigaciones, Morales Poveda fue quien contactó a la niña durante la tarde, para que se acercara al colegio Pio XII cuando estuviera en turno de centinela (6:00-8:00 p.m.). El militar aseguró, en testimonio juramentado, que nunca se apareció ninguna niña. Yo estoy detrás de un pedazo de monte detrás de un rastrojo sentado en una silla prestando mi turno de centinela, cuando yo siento que alguien viene caminando por el camino, viene bajando, cuando yo me levanto a mirar yo alcanzo a notar que es una mujer”, explicó.

Luego de eso, Morales Poveda asegura que la supuesta “mujer” se acercó a donde él estaba y lo invitó a tener relaciones sexuales. “Yo comienzo a hacerle preguntas que qué hace por ahí, que por qué no se va para su casa que ya es tarde y ella hace caso omiso a las preguntas que yo le hago y con su mano ella me toca”. Ante la Procuraduría testificó que nunca llamó a otros soldados para cometer el crimen, situación que luego el despacho sí demostró. “Vi que venía un compañero y él me notó asustado y me preguntó que qué había pasado y yo le dije que ahí detrás de las matas había una mujer y le dije eso y me fui hacia mi área privada hacia mi cambuche”, dijo.

Yair Stiven Gonzáles

El soldado cuenta que salió del cambuche para fumarse un cigarrillo y, tras unos minutos, se encontró con una “mujer indígena” que estaba sentada en medio del monte. Según su testimonio, ella le dijo que era mayor de edad. “Yo le pregunto, ¿Qué haces? Me dice que nada, ella llega y me dice que no, que la familia está tomando, que la mamá y la hermana estaban tomando y que en el momento se encontraba sola. Le dije yo: “¿y a usted no le da miedo que le pase algo?” Ella me dijo que no y que tenía 19 años”, aseguró Gonzáles. Luego de eso, testificó haberle preguntado si era virgen, a lo que la supuesta mujer le dijo que no.

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Yair Stiven Gonzáles cuenta que la “mujer” se le ofreció, indicándole que quería “recochar” y, por tal razón, la accedió. Su testimonio está en sintonía con el del soldado Juan Camilo Morales, pues ambos testificaron no haber identificado una niña que entonces tenía 12 años y que, en su propio testimonio, expuso que los militares la tomaron de las manos y le taparon la boca. De hecho, las pesquisas dan cuenta de que organizaron un cambuche para retenerla por tres horas, conducta que fue catalogada como secuestro por la Procuraduría.

José Luis Holguín

“Me dijo que si a mí me daba miedo estar con una mujer, yo le dije que no, ante todo pues le pregunté que si ella era mayor de edad y me dijo que sí, que si ella era virgen y me dijo que no, y también le pregunté que si había estado con otras personas y ella me dijo que sí, pero con gente del pueblo, y pues yo le creí y pues en ese momento pues tuvimos las relaciones sexuales por decirlo así, y terminamos y yo me fui, ya de allí no le puedo decir nada más porque no sé nada más”. Con estas palabras el soldado José Luis Holguín adhirió a la conspiración denunciada por la Procuraduría.

Oscar Eduardo Gil y Juan David Guaidía

Son los primeros soldados que dan pistas sobre cómo, de acuerdo a la teoría de la Procuraduría, los procesados se llamaron para acceder a la niña. De acuerdo con el testimonio de Juan David Guaidía, muy similar al de Oscar Eduardo Gil, estaban acostados y tres “lanzas” los llamaron para fumar un cigarrillo. Cuando Guadía salió del lugar, cuenta, un compañero le dijo que una “mujer” lo estaba esperando para hablar con él. “Yo le pregunté (a la supuesta mujer) que cómo estaba ella. Me dijo que bien. Yo le pregunté que qué hacía ahí sentada y tan oscuro que estaba y sola, y pues ella me dijo que no, que lo que pasaba era que había peleado con la hermana, entonces ella llegó y me agarró bien duro”, dijo en versión libre.

Deyson Andrés Isaza

El testimonio del soldado Isaza Zapata es clave, pues fue el único que admitió haber recibido, específicamente, una llamada telefónica para indagar sobre la presencia de una “mujer indígena”. Así quedó registrado: “Yo bajo hasta allí y no encuentro al que me llamó, sigo hacia abajo, hay una oscuridad la mujer me hace señas, yo voy donde ella, comenzamos a dialogar, yo le pregunto que qué hacía por acá, que se me hacía raro que ella estuviera a esas horas”. Como se evidencia en su testimonio, y en el de los demás soldados, todos aseguran que la víctima era una supuesta mujer, la cual quería tener relaciones sexuales por el simple hecho de estar ahí.

Para la Procuraduría, que les impuso la máxima sanción disciplinaria, que todos hayan descrito una especie de “hipersexualidad” sin razón alguna, de una supuesta “mujer”, que no reconocieron como niña a pesar de su corta edad, representa un libreto mal concebido para intentar librarse de sus responsabilidades. Entre tanto, el soldado Luis Fernando Mangaret, quien demostró ser el único que no accedió a la niña, pero quien respondió por omisión y secuestro, aseguró ante la Procuraduría que solo cumplía con su trabajo de centinela.

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