Así mataron al esposo de la exsenadora María Izquierdo

El Espectador habló con los investigadores que se tardaron seis meses reconstruyendo el asesinato de Antonio José Rodríguez, esposo de la exsenadora María Izquierdo, que el clan de los Soto hizo pasar por un accidente de tránsito.

María Izquierdo, esposa de Antonio Rodríguez, fue la primera condenada por el Proceso 8.000. Actualmente está retirada de la política.Archivo El Espectador

Cuando los dos carros salieron de la finca San Rafael, ubicada en zona rural de Tauramena (Casanare), ya había caído la noche de aquel jueves 13 de marzo de 2014. El primero de los vehículos pertenecía al clan de los Soto e iba despejando el camino de retenes de la Policía. El segundo era el Volkswagen verde de Antonio José Rodríguez, cuyo cadáver iba sentado en el asiento del copiloto. Los carros tomaron la vía hacia Boyacá. Manejaron durante una hora y media y, poco después del cruce El Secreto, que conecta Casanare con Boyacá, cuatro hombres pasaron el cuerpo de Rodríguez al asiento del conductor del Volkswagen y lo lanzaron por un barranco de 35 metros.

Cuando lo encontraron, las autoridades creyeron que el accidente se había dado porque Rodríguez había caído en un microsueño. Esa fue la versión oficial hasta que la semana pasada la Policía capturó a ocho principales sospechosos del homicidio de Antonio José Rodríguez, esposo de la exsenadora María Izquierdo. Todos, según testigos con que cuenta la Dijín, estuvieron en la finca San Rafael, con excepción del jefe de la banda, Vicente Soto. Esta es la historia de cómo los investigadores del crimen resolvieron el caso.

Cuando el grupo investigativo contra bandas criminales de la Dijín comenzó a investigar el clan de los Soto, descubrió que sus integrantes podían ser responsables de por lo menos tres asesinatos: el de los exparamilitares Ángel Becerra y Arbey Tojuelo y el del ganadero Antonio José Rodríguez. Al buscar información sobre este último, se toparon con que las noticias sobre la muerte del ganadero decían que Rodríguez, de 79 años, “había perdido el control del vehículo por falta de pericia”. Algo no les cuadraba.

Su trabajo para desarticular el clan de los Soto había comenzado en julio de 2015. La banda criminal, que trabaja en el Casanare y que está integrada por un número aproximado de 20 hombres, fue creada en 2013 por Vicente Soto, el Mudo. Soto organizó su clan después de que en 2012 las autoridades capturaran en Venezuela a los hermanos Héctor German Buitrago, alias Martín Llanos, y Nelson Orlando Buitrago, alias Caballo, jefes máximos de las Autodefensas Campesinas del Casanare o los Buitragueños, grupo paramilitar que controlaba el Casanare desde los años 70, cuando el padre de los hermanos, Héctor José Buitrago, fundó la organización criminal.

En una escala menor, los Soto se dedicaron a controlar las rutas y expendios de narcotráfico en el Casanare. De hecho, las muertes de los exparamilitares Ángel Becerra y Arbey Tojuelo tienen que ver con este tema. Becerra habría sido asesinado por querer hacerse con algunas de las rutas ilegales, mientras que Tojuelo quiso disputarle a los Soto el control del microtráfico en zona urbana de Yopal. El caso de Antonio José Rodríguez se relaciona en cambio con otras de las actividades ilegales del grupo: la extorsión y la expropiación de tierras. El crimen contra el hombre, encontró la Dijín, fue planeado en realidad como un secuestro, pues el ganadero se habría negado a pagarles a los Soto una cuota extorsiva. El asesinato fue, dicen los investigadores, un error de cálculo.

De acuerdo con la Dijín, el 10 de marzo de 2014, dos de los integrantes del clan de los Soto salieron en una camioneta de Yopal hacia la gasolinera Terpel de Monterrey (Casanare). Allí supuestamente se encontraron con otras dos personas y tomaron la carretera sin pavimentar que conduce a la finca San Rafael. Un trabajador de Rodríguez, que habría actuado como cómplice y que también está en el radar de los investigadores, les ayudó a entrar. En la casa esperaban tres miembros más la banda. En ese momento, los siete hombres comenzaron a planear el secuestro que tendría lugar tres días después. Según los investigadores de la Dijín, la intención de los delincuentes era “darle un susto” a Antonio José Rodríguez para que accediera a pagarles. Esta no sería la primera vez que alguien intentara secuestrar al ganadero. En 1994, dos años antes de que su esposa, María Izquierdo, fuera condenada por el Proceso 8.000, el frente 28 de las Farc se llevó a Rodríguez por varios meses.

Antonio José Rodríguez salió de Bogotá a las 5:00 a.m de aquel jueves 13 de marzo de 2014. A las 3:50 de la tarde pasó por el peaje de San Pedro en Casanare y 37 kilómetros más adelante dobló por la carretera que conduce a su finca. Mientras tres hacían guardia, los otros cuatro hombres se lo llevaron al patio y, al lado del tractor naranja que usaban los labriegos para trabajar, comenzaron a torturarlo. Primero le ataron los pies. Dos de los hombres lo sujetaron de los brazos mientras sus compañeros lo golpeaban. Rodríguez no opuso resistencia. Le pusieron una bolsa plástica en la cabeza y al mismo tiempo le pegaron varios puños en el abdomen. El hombre de 79 años se quedó sin aire. Medicina Legal determinó que murió por una insuficiencia respiratoria aguda.

Cuando se dieron cuenta, los hombres no sabían qué hacer: esa no era la orden. El Mudo les ordenó “viciar el lugar”, es decir, simular un accidente. Siguieron las indicaciones y fue entonces cuando se les ocurrió lanzar el carro con el cadáver por aquel precipicio del kilómetro 75 de la vía que conecta a San Luis con Guateque (Boyacá). Su plan funcionó hasta que el pasado 22 de enero los ocho perpetradores fueron capturados. En la mañana de este miércoles se hará la audiencia de imputación de cargos en contra de dos de ellos por los delitos de concierto para delinquir, homicidio agravado y fabricación, porte y tráfico de armas. Los otros seis esperan la misma suerte.

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