Delinque en Guaviare, sur del Meta y Vaupés

Así opera el frente Primero de las disidencias de las Farc

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Este es el frente tras el que iba el Black Hawk que se precipitó a tierra en Guaviare el pasado miércoles, dejando un saldo de 11 militares fallecidos. Se trata del primero que se separó del proceso de paz y hoy es el cerebro de las operaciones de narcotráfico en el sur del país.

Son tres hipótesis las que hoy estudia la Fiscalía con respecto a qué fue lo que en realidad provocó que el helicóptero UH-60 Black Hawk del Ejército se precipitara a tierra en la madrugada del pasado 21 de julio y dejara a 11 uniformados muertos y seis gravemente heridos. Una falla humana, un problema técnico o un ataque del frente Primero de las disidencias de las Farc son las posibilidades que baraja un fiscal de Vaupés, quien no ha podido tener acceso a la aeronave, ya que en los días siguientes al siniestro de la aeronave, la Fuerza Pública se enfrentó con los hombres al mando de Gentil Duarte e Iván Mordisco, según el comandante de las Fuerzas Militares, el general Luis Fernando Navarro.

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El Espectador conoció detalles de cómo este frente opera en el sur del país, cuáles son los municipios en donde es más fuerte, las rutas de narcotráfico por donde mueven la base de coca, sus socios en esta renta criminal (y otras), los reclutamientos forzados e instalación de minas antipersonales. Hasta donde se sabe, los uniformados perdieron la vida mientras trataban de descender del Black Hawk por una soga en medio de una operación especial del también llamado frente madre de las disidencias, el cual concentra la mayor parte de miembros de la desaparecida guerrilla que no fueron firmantes del Acuerdo de Paz y que dieron el portazo en julio de 2016.

Desde entonces, la inteligencia militar ha reportado que las filas de este frente, como el de otros en todo el país, se ha duplicado. A principios de junio pasado, durante un sesión virtual del Senado, el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, arrojó el preocupante dato sobre el aumento de disidentes. Señaló que entre 2018 y 2020 se duplicaron sus miembros y calculó que hay 4.600, de los cuales 2.600 están armados y el resto pertenecen a las redes de apoyo y milicias tanto rurales como urbanas. El alto funcionario del gobierno de Iván Duque alertó que en el sur del Meta y Guaviare, donde precisamente opera este frente, se concentra una parte de los hombres armados de las disidencias.

Miembros de la Fuerza Pública que han estado en los departamentos en donde opera el frente Primero le contaron a este diario que este es considerado como el eje central del ahora denominado bloque Suroriental de las disidencias y que tiene presencia fundamentalmente en los municipios de Miraflores, San José del Guaviare, El Retorno y Calamar (Guaviare); Puerto Rico, Puerto Lleras y Vista Hermosa (Meta), y Mitú y Papunaua (Vaupés). En este extenso territorio delinque como una confederación de estructuras junto a miembros de los frentes Séptimo y Tercero de las disidencias, además tiene una serie de alianzas con otros grupos armados y mafias de distintos países.

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Una unión de vieja data, que hoy tiene a las autoridades con las alarmas prendidas, es la que tiene Gentil Duarte con las mafias sirias, a quienes les estaría comprando armamento similar al que tienen grupos irregulares o aliados al gobierno de Bashar al Assad en ese país de Oriente Medio, el cual vive uno de los conflictos más belicosos de las últimas décadas. La inteligencia militar presume que esas armas están entrando a Venezuela camufladas en barcos que llegan desde África y Europa. Luego, vía terrestre, al estado venezolano de Amazonas, donde se encuentra Duarte con una tercera parte de las disidencias.

Actualmente no se conoce quién de esa mafia está suministrando el armamento y cuáles son los enlaces de esta cadena de tráfico de armas. Hasta 2008 lo hizo el traficante de armas sirio Monzer Al Kassar, conocido como el “príncipe de Marbella” y de ser cercano a la familia del fallecido dictador chileno Augusto Pinochet. En noviembre de ese año fue condenado a 30 años de prisión en Estados Unidos por venderle armas a las Farc. El Ejército también ha encontrado armas que, según sus averiguaciones, son pagadas con cocaína a los carteles mexicanos o a mafiosos brasileros y venezolanos que entran el armamento con cierta facilidad por la Amazonía.

Fuentes de la Policía Fiscal Aduanera y el Ejército señalan que este ingreso de armas sofisticadas responde a un rearme de las disidencias como consecuencia de la entrega y destrucción de armas que hizo las Farc como parte de su proceso de reincorporación a la vida civil. Las autoridades han encontrado armamento de asalto estadounidense, fusiles francotirador, armas Bernardelli, Ceská Zbrojovka CZ, Five-Seven Córdova, Jericho, Smith & Wesson, Walther, Avtomat Kalashnikov AK, M4 e Ingram, en operativos contra hombres del frente primero y de otros líderes de la disidencia como Gildardo Cucho y Guacho, quienes murieron durante combates con el Ejército.

Para este frente, y con los que opera de manera conjunta en el sur del país, el narcotráfico es fundamental para su sostenimiento. Y en este negocio ilegal, Duarte y Mordisco han hecho alianzas hasta con viejos enemigos en el conflicto armado, como con la Constru, una organización de origen narcopara militar que opera en el Putumayo. Con este grupo, que hasta junio de 2019 era liderado por alias el Alacrán y Gargola, coordina los envíos de droga que salen por el Pacífico. El frente Primero ha logrado expandirse desde Guaviare, que es su principal zona de influencia, hacia el norte del país al controlar la producción de base de coca en departamentos como Meta y Arauca.

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Investigadores de la Dirección Antinarcóticos de la Policía han determinado que los hombres de Duarte se consolidó como el único proveedor de base de coca en La Macarena. De esta cadena de narcotráfico, hace parte un hombre denominado como alias alias Lámpara, un hombre que posa de ganadero pero que tiene grandes contactos en el mundo de la mafia y el narcotráfico en Colombia y México. Entre ellos figura un antiguo testaferro de Pablo Escobar y que desde la muerte del capo del Cartel de Medellín, diciembre de 1993, mantuvo un perfil bajo. Se trata de Luis Arnobio Del Río alias Don T, capturado a finales de enero pasado en el Valle de Aburrá.

Al frente de una de las rutas de narcotráfico está Mordisco. Según los investigadores de Antinarcóticos de la Policía esta nace en el norte de Guaviare y el sur del Meta, se transporta desde este punto la base de coca a laboratorios de procesamiento de la droga ubicados de manera clandestina en Boyacá, Casanare y Vichada. Los alijos de cocaína, transportados en camionetas de gama media y alta, por vías poco concurridas de los Llanos Orientales, son llevados a la frontera venezolana a estados como Amazonas y Apure. Allí, en pistas clandestinas, un emisario del cartel de Sinaloa y uno de las estructuras narcotraficantes coordina el vuelo y la entrega de los dineros al Frente Primero.

Otra ficha clave de este grupo de disidentes es alias Jhon 40, hijo de alias el Diablo, uno de los campesinos que en los años sesenta se alzaron en armas junto a alias Tirofijo en Marquetalia, Tolima. Sin embargo, desde su incursión en el mundo del narcotráfico de la mano de alias el Negro Acacio (fue llamado como el “zar de la droga de las Farc”) se convirtió en uno de los narcos del sur del Meta más importantes. Conformó una red en esta subregión de testaferros que escondían sus ganancias de los cerca de 100 toneladas de droga que movía al año y las 5.000 hectáreas de coca a su cargo.

Jhon 40, según inteligencia militar, también es el encargado -junto a Mordisco- de reclutar forzadamente a los menores en todo el área de influencia del Frente Primero. Por esto es denominado como el “Frente Madre”, ya que “alimenta” a sus filias y a los demás grupos disidentes de nuevos integrantes. Los menores de estas zonas serían enviados a campos de entrenamiento a los estados venezolanos de Amazonas, Táchira y Apure, a donde llevan tanto a colombianos como venezolanos para instruirlos militarmente. Se presume que Duarte da órdenes desde el vecino país en donde lo protegen cerca de 500 hombres bajo su mando. Hace tres semanas, la vicefiscal Martha Mancera, viajó a Guaviare para investigar las denuncias de abusos sexuales por parte de miembros de la fuerza pública a menores de 18 años.

Este diario se contactó con dos funcionarios regionales que hacen seguimiento a la violación de derechos humanos en el departamento y señalaron que también hay denuncias de esta misma naturaleza sobre hombres del Frente Primero. “Las víctimas temen denunciar; tampoco hay entidades que fomenten la denuncia en zonas rurales y estas asumen estos hechos como algo que deben ‘soportar’ en medio de la violencia en sus territorios”, señaló el funcionario de Miraflores, quien pidió anonimato para proteger su vida.

Para la disidencia del Frente Primero es clave dominar territorialmente las zonas apartadas del casco urbano de Miraflores, donde confluyen cuencas hidrográficas y zonas selváticas que, por sus características físicas, ambientales y sociales, les confieren una ventaja militar de movilidad hacia y desde el Vaupés, Caquetá, sur del Meta y el centro del país, y permite la pervivencia de una gran zona de retaguardia en la región comprendida por el sur del Guaviare y el departamento del Vaupés”, señaló un coronel de la fuerza pública que lleva cerca de 10 años en esta región del país.

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Es en este punto, Miraflores, fue a dónde volvió Iván Mordisco luego de negarse a participar en el Acuerdo de Paz con el fin de reagrupar los hombres que estaban bajo las órdenes de su antecesor en esta zona, alias Rodrigo Cadete, quien murió en medio de un combate con el Ejército en febrero de 2019. Como se sabe, el poder real de las disidencias en esta región lo ostenta Gentil Duarte, quien tiene un poder sobre los disidentes al tener una personalidad mucho más conciliadora que Mordisco. Este también es considerado como uno de los líderes de las disidencias más violentos e indiscriminados en sus acciones.

Otra actividad que retomaron los hombres del Frente Primero, y que padeció todo el país durante el conflicto, es la instalación de minas antipersonales para evitar el avance del Ejército en los territorios donde delinquen. “Debido al carácter indiscriminado que supone el empleo de estos artefactos, campesinos e indígenas se encuentran en especial situación de riesgo pues muchos de ellos practican la caza y la pesca como forma de sustento o se comunican por medio de caminos peatonales en medio de la selva”, dice una alerta temprana de la Defensoría del Pueblo.

Asimismo, esta entidad alertó que también vienen atentando contra quienes hacen desminado en el sur del Meta y Guaviare.“Prohíben a los excombatientes de las Farc que realicen actividades de socialización o militancia. Tampoco permiten el ingreso al territorio de líderes de organizaciones civiles o humanitarias que fomenten los acuerdos de sustitución de cultivos de coca suscritos con el Estado.Los líderes, funcionarios, miembros de ONG y organismos internacionales que fomenten este tipo de programas en el territorio, al igual que los integrantes de la Fuerza Pública que adelantan campañas de erradicación de cultivos de coca, pueden ser objeto de amenazas, atentados con Artefactos Explosivos Improvisados, toma de rehenes, desplazamientos, homicidios y/o desapariciones forzadas”, señala la Defensoría.

Esta es la radiografía de un frente que hace tres años contaba con menos de 100 disidentes y que ahora extiende sus tentáculos por todo el sur del país para coordinar el tráfico de drogas, principalmente. Durante ese tiempo, Duarte retomó el andamiaje que bloque Oriental de las Farc cuando el grueso de sus hombres se acogió al proceso de paz. Además de las Autodefensas Gaitanistas, que operan fundamentalmente en el centro y norte de Colombia, el presidente Iván Duque tiene otro gran reto en el sur del país con este frente, al que hay que agregarle el surgimiento de la disidencia de Iván Márquez, el Paisa, Romaña y Jesús Santrich, quienes conocen las dinámicas del conflicto en esta región.

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