Las bacrim, en la mira de la DEA

Dairo Antonio Úsuga, alias “Otoniel”, máximo jefe de los llamados Urabeños, y Víctor Ramón Navarro, alias “Megateo”, encabezan las prioridades de esta agencia antidrogas de Estados Unidos.

La organización de Víctor Ramón Navarro, alias “Megateo”, exporta entre 500 y 2.000 kilos de cocaína al mes. /Archivo

En tiempos en los que la lucha contra el narcotráfico se rediseña a raíz de la suspensión del uso de glifosato en las fumigaciones de cultivos de coca y mientras la Fiscalía abre la puerta para negociar con bandas criminales, altos funcionarios de la DEA explicaron a El Espectador quiénes y por qué son las mayores preocupaciones de esa agencia antidrogas en Colombia y cómo se podría evitar, a partir del desmantelamiento de las bacrim, que el país siga siendo uno de los mayores productores y exportadores de droga de América Latina.

La agencia, que combate el tráfico de drogas desde 1973, ha hecho presencia en Colombia casi desde su origen. En todos esos años sus prioridades se han ido transformando. De perseguir capos de los carteles de Medellín y Cali en las décadas de los 80 y 90, pasó a tener en el radar al clan Úsuga y a alias Megateo. Además, al margen de los avances en el proceso de paz en Cuba, la DEA continúa documentando los enlaces de las Farc con el tráfico de estupefacientes.

La DEA, explicaron los funcionarios, tiene dos enfoques fundamentales hoy: el primero se concentra en atacar e investigar organizaciones criminales que despachan cocaína y heroína no sólo a Estados Unidos o a Centroamérica, sino también a Europa. El segundo busca contribuir con la reducción de la violencia que es producto de este fenómeno. En el espacio común de ambos enfoques está el clan Úsuga, al que hoy se le atribuye la exportación y comercialización de aproximadamente 8 .000 kilos de cocaína cada mes y la comisión de muchos otros delitos que son posibles gracias a su extendido pie de fuerza, que según las autoridades supera los 3.000 hombres.

Para los funcionarios de la agencia, los Urabeños (o el llamado clan Úsuga) son su obsesión porque “son la última bacrim con presencia nacional”, por lo que “cuando acabemos con ella, va a ser la última vez que haya una organización criminal de este tipo con presencia en todo el territorio colombiano”. En el radar sigue Víctor Ramón Navarro, alias Megateo, otro capo perseguido por las autoridades, señalado como responsable de sacar del país entre 500 y 2.000 kilos de cocaína mensuales y al que han estado cerca de atrapar en seis oportunidades en los últimos tres años. Para la DEA, capturar a este hombre, cuya área de influencia es el departamento de Norte de Santander, es trascendental en la lucha contra el narcotráfico, pues él, presumen, heredaría todo el negocio de tráfico en el país si se logra la caída del clan Úsuga, liderado por Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel.

En ese mismo sentido dicen que los Urabeños se han fortalecido y han crecido ampliamente porque la Fuerza Pública ha concentrado sus esfuerzos contra otros grupos, como los Comba o los Rastrojos. De alguna manera, enfocar la persecución en esas dos organizaciones dejó el camino libre para que los Urabeños ganaran poder; por eso, luchar contra Megateo en este momento es una obligación. “Megateo es un gran desafío porque representa el futuro del narcotráfico después de los Urabeños. Además, ha demostrado tener contactos y relaciones personales y comerciales con otros grupos armados ilegales y bandas criminales, lo que favorece su seguridad y su poderío”, señalaron las fuentes.

Y aunque no se quisieron pronunciar sobre la discusión de los últimos días acerca del proyecto de ley que llevó la Fiscalía al Congreso para el sometimiento de bandas criminales, sí explicaron que la DEA podría estar interesada en negociar con los jefes de estas organizaciones como lo han hecho antes con otros como Javier Antonio Calle, uno de los hermanos Comba, o Fredy Alonso Mira, alias Fredy Colas, jefe de la Oficina de Envigado. Eso ocurre, explicaron, no como un sometimiento voluntario, sino como una respuesta a la persecución de las autoridades colombianas y estadounidenses. “Por ello, las condiciones no son las que los capos ponen, sino lo que las autoridades establecen. Ellos tienen que enfrentar la justicia”, añadieron.

A la pregunta sobre la efectividad de la extradición, respondieron que este mecanismo ha resultado estratégico en la lucha contra los carteles de las drogas, en tanto impide que los jefes de bandas sigan delinquiendo, intimidando testigos e interviniendo en la justicia desde la cárcel. Además, sacar a los capos del país rompe totalmente el vínculo con los demás integrantes de sus organizaciones, lo que no es una garantía cuando son recluidos en Colombia. Por ello la DEA cree que con la captura y extradición de los 25 jefes de los Urabeños podría quebrar su estructura.

Con respecto a las negociaciones del Gobierno con las Farc y las repercusiones que puedan tener sobre la política de extradición entre los dos países, no hubo un pronunciamiento más allá de decir que, tal como sucedió con Simón Trinidad y con Gerardo Aguilar Ramírez, alias César, del Frente Primero de las Farc, seguirán persiguiendo a los jefes de la organización que tengan relación con el narcotráfico. Unos 50 jefes guerrilleros tienen procesos en cortes federales.

Esto demuestra que mientras no se firmen los acuerdos de paz con la guerrilla, se defina el proyecto de ley de sometimiento a la justicia de bandas criminales y se conozca si eventualmente eso podrá cambiar en algo la política de extradición de “narcos” colombianos a Estados Unidos, la DEA seguirá realizando sus investigaciones y seguimientos con fines de extradición de miembros del clan Úsuga, Megateo las Farc, el Erpac, los Rastrojos y la Oficina de Envigado, organizaciones que también están siendo perseguidas.

 

[email protected]

Temas relacionados