Bebés a la venta

La Fiscalía capturó a cinco personas que presuntamente comercializaban recién nacidos en la clínica La Samaritana, en Norte de Santander.

El centro médico llevaba 30 años funcionado y, según testigos, desde el principio se dedicó a abortos ilegales. / Istock

En medio de la polémica por la propuesta de la Fiscalía de permitir que la justicia negocie con criminales que cometan delitos contra los menores de edad, las autoridades pusieron al descubierto una macabra práctica que se realizaba en la clínica La Samaritana: la venta de recién nacidos.

Se trata de un centro médico que llevaba más de 30 años funcionando en el municipio Los Patios (Norte de Santander) y donde al parecer también se practicaban decenas de abortos ilegales. El pasado 27 de mayo cinco personas, entre ellas un médico y dos enfermeras de la institución, fueron capturadas y se les imputaron cargos por los delitos de tráfico de niñas y niños, obtención de documento público falso, falsedad en documento privado y supresión, alteración o suposición del estado civil.

La investigación que permitió descubrir el funcionamiento de este mercado de bebés comenzó en 2013, luego de que una funcionaria de la clínica La Samaritana se acercara a la Policía de Infancia y Adolescencia en Cúcuta para contar las barbaridades que estaban cometiendo profesionales de la salud en el centro médico.

Según la testigo, desde los inicios de la institución se empezaron a realizar abortos ilegales y en algunos casos, especialmente en los que había riesgo de que la madre muriera por el avanzado estado del embarazo, le proponían que tuviera al menor. A cambio, no le cobraban por el procedimiento, al parecer para que ellos pudieran quedarse con el bebé y venderlo hasta por 5$ millones.

La fuente les dijo a las autoridades que no sabía precisar si fueron 20, 30 o 40 ventas de recién nacidos las que se realizaron, ya que a muchos de los compradores no los conocía. La mayoría de ellos, al parecer, eran conocidos de los directivos de la clínica o personas de las que se tenía conocimiento de que no podían tener hijos. Sin embargo advirtió que tres enfermeras de La Samaritana pagaron para que bebés nacidos en la clínica quedaran en su poder. Es más, el primer caso que quedó al descubierto fue el de una mujer que compró a su hija hace más de 20 años.

A esta enfermera la Fiscalía la llamó a interrogatorio para que explicara cómo se había convertido en madre, ya que, según los registros médicos, la mujer no podía tener hijos. Al sentirse acorralada aceptó que la niña no era su hija, pero manifestó que había llegado a sus brazos como un milagro de Dios luego de haber perdido un bebé por problemas de salud. Fuentes cercanas al proceso precisaron que la profesional explicó que un día, mientras lloraba a su hijo perdido, escuchó en la puerta de su casa el llanto de un recién nacido y que al ver que no había nadie que se hiciera responsable, lo acogió y lo crió.

Ante esta evidencia, la Fiscalía tomó cartas en el asunto, identificó a los presuntos responsables e infiltró en febrero de 2015 un agente en la clínica La Samaritana. El investigador comprobó que en el interior de la institución se realizaban abortos ilegales y se comercializaban recién nacidos.

Asimismo se descubrió que las dos enfermeras, Nancy Yaneth Bastos Torres y Yazmín Alcira Muñoz Celis, que están siendo procesadas, no adelantaron procesos de adopción ante el Instituto de Bienestar Familiar, por lo que no se entendía por qué en los registros de nacimiento aparecían como las madres biológicas de dos menores. Entonces apareció el médico Rubén Dávila Navarro, otro de los arrestados y hermano de Juan Pablo Dávila, dueño de la clínica La Samaritana.

Según la Fiscalía, además de realizar los abortos ilegales, Rubén Dávila es quien firmó las actas de nacimiento falsas que les permitieron a sus enfermeras asistentes registrarse como madres biológicas de los infantes. Nancy Bastos fue la primera en rendir interrogatorio, el pasado 3 de marzo.

La enfermera contó que una desconocida con un bebé en las manos se le acercó un día cuando salía del trabajo. Supuestamente, Bastos aceptó convertirse en la madre del menor ante la súplica de la mujer, quien le decía que su hijo era producto de una infidelidad y que no podía encargarse de él. Sin embargo, los investigadores establecieron que el menor en realidad era hijo de una estudiante universitaria que, por error, había quedado embarazada y había acudido a La Samaritana para abortar, situación que no llegó a darse debido al avanzado estado de gestación en el que se encontraba.

Para la Fiscalía era claro que a la joven le recomendaron en la clínica que tuviera el bebé para evitar complicaciones en su salud y así continuar con sus compromisos académicos en el exterior. De esta forma, Bastos habría logrado comprar al recién nacido y falsificar documentos para registrarse como la madre biológica.

Los investigadores descubrieron que la enfermera acudió al hermano de su compañera sentimental, Raúl Antonio Caicedo Chinome, otro de los capturados, para que le ayudara a conseguir un hombre que se prestara para figurar como padre del menor. A pesar de que los dos hombres no se allanaron a cargos, buscan negociar un preacuerdo con las autoridades y prestar su colaboración.

El tercer caso es el de la enfermera Yazmín Muñoz, quien aparecía como madre biológica de una menor de seis años a pesar de que clínicamente no podía quedar embarazada. En el interrogatorio que rindió el pasado 4 de marzo reconoció no ser la mamá natural de la niña, pero indicó que la había adoptado luego de un viaje que hizo a Pamplona (Norte de Santander) en julio de 2009.

Agregó que se hizo cargo de la bebé luego de que una prostituta se le presentara, le contara la historia de su vida —supuestamente le dijo que padecía una grave enfermedad— y le dijera que no podía criar a la niña. Según Muñoz, la mujer le pidió el favor de cuidar a la bebé mientras iba al baño y a partir de ahí se convirtió en mamá.

La Fiscalía encontró que esa versión no era real, ya que la menor había nacido en la clínica La Samaritana luego de que se le practicara una cesárea a una mujer que no quería tener hijos.

Otro caso que descubrió el ente investigador fue el de un menor que apareció abandonado en un hospital de Cúcuta. Al parecer nació con problemas de salud, por lo que no pudo ser vendido. Según los registros, desde La Samaritana lo remitieron con documentos falsos, en los que ni el nombre de la madre biológica ni el número de la cédula existían.

En estos momentos la Fiscalía rastrea otros casos de comercialización de recién nacidos que supuestamente se realizaron en la clínica La Samaritana. Otros directivos del centro médico están en la mira de las autoridades, que advirtieron que en este atroz caso se podrían llegar a emitir condenas hasta de 60 años de cárcel.

“Dios no anda regalando niños por el mundo. Es imposible que tres milagros les ocurran a tres enfermeras que no podían tener hijos y trabajaban en una misma institución”, concluyó uno de los investigadores. Por ahora van cuatro casos en los que se recolectó evidencia probatoria, pero aún falta completar el escabroso inventario de niños vendidos en Norte de Santander.