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hace 51 mins

"Betancur no hubiera extraditado a nadie": Miguel Maza Márquez

El ahora retirado general habla sobre el asesinato de Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara Bonilla, el secuestro de Martha Nieves Ochoa y "Los extraditables".

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ArchivoMiguel Maza Márquez.

Miguel Alfredo Maza Márquez nació en Santa Marta en 1942 y escogió la carrera de Policía donde llegó a ser general. Su periodo como funcionario público más importante fue como director del liquidado Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) entre 1985 y 1991. Le correspondió enfrentar la guerra contra las drogas y a los barones del narcotráfico que lo persiguieron sin tregua. Sufrió varios atentados contra su vida perpetrados por el cartel de Medellín,  de los cuales salió ileso, pero no así decenas de personas a su alrededor que murieron  en  acciones terroristas como el ataque del 30 de mayo de 1989 en una calle de Bogotá o la voladura del edificio del DAS el 6 de diciembre del mismo año.  Hoy se encuentra preso acusado por la Fiscalía como uno de los autores del crimen de Luis Carlos Galán y su juicio lo lleva a cabo la Corte Suprema de Justicia.

¿Cuál es su percepción de toda esta guerra que desató el narcotráfico en Colombia contra el Estado y la sociedad,  que tuvo su incidencia primera con el asesinato del ministro de Justicia de Betancur, Rodrigo Lara Bonilla, el 30 abril de 1984?

Todo ello se debió a cierta aceptación del país hacia los narcotraficantes.  Prueba de esto es que antes de que Pablo Escobar se vinculara  con la política, vimos a un Carlos Lehder  con su Movimiento Latino que logró ocupar curules para la Asamblea en la mayoría de los departamentos. Y  se dio  un hecho inusual,  la toma de Bogotá por parte de  Lehder, quien entró a Bogotá en un Mercedes Benz sin techo, parecía un Hitler, porque él era muy dado a la ideología nazi. Su  padre era un alemán. En 1982,  por ejemplo, Lehder en el  Paseo Bolívar, en Armenia  hizo  llover  plata del cielo.  Desde entonces  la gente se volcó a recibir el dinero de Lehder. Todo esto  señalaba ese tipo de acercamiento de la población civil  hacia los narcotraficantes  que  los veían como mecenas, más no como un grupo de personas peligrosas que en un momento dado  le podrían hacer un gran daño a la sociedad civil. Carlos Lehder empezó atacar la extradición  y se fue contra  el gobierno  de  Estados Unidos. Vino, entonces,  una persecución feroz contra él, lo que lo obliga a abandonar su entorno comercial,  su  famosa  Pensión Alemana, que era lo mejor que había en  Colombia,  donde se reunía la elite del país para disfrutar de sus comodidades. Lehder entra en deterioro debido al asedio; en la medida en que cede ese espacio, entra en escena Pablo Escobar, que también sigue su  línea dentro de la política y utiliza el componente  sociológico del trabajo en  las comunas de Medellín, llenas gente desplazada, donde  el entorno familiar tenía muchas deficiencias y reinaban el vicio y el delito.

Allí llega Pablo Escobar con mucho dinero y funda su movimiento ‘Medellín sin tugurios’.  Construye casas, canchas deportivas y hace de esa población, carente de todo, una buena masa adepta para sus postulados políticos.  Esta actividad lo lleva al Congreso. Escobar se convirtió  en el anfitrión número uno en Colombia, todo el mundo se lagarteaba sus invitaciones. Cada semana   traía  a  un destacado grupo de amigos en sus aviones a las fincas donde  montaba varios shows con los mejores cantantes de la época a nivel mundial, y claro, todo inundado de  licor, mujeres y lujos. En ese ambiente, que permitió el país, se movía Pablo Escobar y con tal ropaje social pues no tenía escrúpulos para cometer toda suerte de crímenes contra quienes se le oponían.

La tragedia de Rodrigo Lara Bonilla

¿En esa época usted hacía parte de  la Policía?

Yo estaba en la Policía más no en el DAS.  Entonces se presentó un episodio especial pues siendo Escobar  del Nuevo Liberalismo se dieron dos circunstancias, la primera,  es  que a Galán le dicen quién era Pablo Escobar, cosa que a mí me extraña porque todo el mundo lo conocía y sabía de sus andanzas. Es expulsado del movimiento y de manera simultánea, Lara Bonilla, el ministro de Justicia de Betancur, lleva a cabo en el Congreso de la Republica un debate para controvertir a la sociedad colombiana por su aceptación de los narcotraficantes.  Lara,  en aquel famoso debate de agosto de  1983,  señalaba  que el negocio de las drogas ilícitas  se había apoderado del deporte, los reinados de belleza, penetrado las grandes empresas, en fin,  había una especie de toma de la sociedad civil por parte del narcotráfico. Lara Bonilla no contó con algo que lo perturbó demasiado: ese día pidieron la palabra y  mostraron un cheque de  un millón de pesos que le había dado Evaristo Porras, un conocido narcotraficante de Leticia. 

Para Lara fue una situación muy incómoda, hubo un silencio absoluto en el Congreso. A la salida dos personas lo acompañamos, el  coronel Ramírez,  que lo mató Pablo Escobar después y yo, que fuimos a presenciar el debate.  Vimos a un Lara Bonilla muy desmejorado cuando presentaron ese cheque, lo que repercutió en él de una manera ostensible.  Y además, según él, Galán, su jefe político, no lo respaldó y más bien pidió que se sometiera a un tribunal para analizar la conducta. Lara sostenía  que no era posible que  Galán y su movimiento lo desconocieran y argumentaba que todo eso era una celada que le habían puesto. Lara se fue prácticamente al ostracismo, decepcionado de todo el mundo. Entonces, después de solo ocho meses como ministro de Justicia, se produce su nombramiento para Europa como embajador y estando en esos preparativos el cartel de Medellín lo asesina.

¿Cómo repercutió la muerte de Lara Bonilla en el país?

Fue una muerte muy dolorosa para el país y como sociólogo me llama mucho la atención que asesinen a un ministro a manos de un menor de edad. A mí esto me causó extrañeza,  que  un niño tuviese ese manejo del arma y de la moto. A raíz de esto decidí emprender una investigación  de campo en las comunas de Medellín para saber qué estaba pasando allí y por qué ese fenómeno sociológico, donde menores de edad ya hacían parte de la organización criminal que había montado Pablo Escobar.  Los niños sicarios de la moto es un fenómeno muy doloroso porque se convirtió en un procedimiento para llevar a cabo actividades sicariales, que hoy están de moda. Para mí, la muerte de Lara Bonilla le planteó al país dos cosas vitales: primero, se dio cuenta de la peligrosidad de los narcotraficantes, y segundo,  hizo que el presidente Betancur,  quien hasta la fecha era enemigo de la extradición, pero ante la presión tan grande, frente al féretro de Lara Bonilla en Neiva, ordenó que se pusiera nuevamente en ejecución. Eso cambió todo el panorama nacional en la lucha contra los narcotraficantes. Algunos fueron capturados mientras otros huyeron a Panamá y Europa.

Sin embargo, después del crimen los barones de la droga y sectores el establecimiento se reúnen en Panamá…

Luego viene aquel  proceso que habla de  una reunión en Panamá, en mayo de 1984, pocos días después del crimen de Lara Bonilla,   donde la élite del narcotráfico se reúne con el expresidente López y con el entonces Procurador, Carlos Jiménez Gómez. Desde allá le mandaron un comunicado al presidente Betancur, una especie de ofrecimiento para que suspendiera la extradición, pero éste, debido a la presión política y social que había, no aceptó. Entonces los capos de los carteles deciden enfrentarse al Estado colombiano convirtiéndose en un movimiento narcoterrorista que decide llamarse Los Extraditables. Toda la mafia se une contra el poder, contra la sociedad en su conjunto,  dividiéndose en dos líneas bien definidas: Pablo Escobar, con los sicarios de Medellín, y “El mexicano”, Gonzalo Rodríguez Gacha,  con el paramilitarismo del Magdalena Medio. Había comenzado la guerra sin cuartel.

Pero yendo más atrás, dos años y medio antes, el 12 de noviembre de 1981, se da el incidente del secuestro de Martha Nieves Ochoa, hermana de Fabio, Jorge Luis y Juan David Ochoa, miembros del Cartel de Medellín,  por parte del M-19, lo que termina uniendo a las mafias  de Cali y Medellín a través de la creación  del MAS (Muerte a Secuestradores), lo que les da un abierto carácter político al perseguir a la izquierda armada y no armada…

No, eso no marcó ningún hito en la historia. Cuando ya estaban conformadas todas estas organizaciones criminales, el M-19 lleva a cabo el secuestro de la hermana de los Ochoa.  Inicialmente no se sabía quién había sido pero luego Pablo Escobar con su grupo de inteligencia, detecta que había sido aquel grupo guerrillero. Entonces toma la decisión de llevar a cabo un secuestro múltiple de gente del M-19. Le apunta a un canje: ustedes me devuelven a Martha Nieves, y  yo retorno  a quienes tengo secuestrados. Así  sucedió, y nace el MAS,  pero a partir de ese momento no se sabe más o no hay antecedentes de persecución contra secuestradores, porque ellos, el cartel de Medellín, tenían como su primera preocupación  la extradición, ese era el  enemigo número uno y como investigador social puede usted averiguar la cantidad de muertos que hubo en esos años  y que no tenían nada que ver con el secuestro y se aterraría, porque hubo muchos y con unos hechos tan significativos como la muerte de más de 300 policías tras pagar Escobar a millón de pesos por cada uno, un caso que ni siquiera se ha dado en Bagdad.

Colombia es el país donde más se lava dinero de la droga

¿En todas esas acciones actuaban unidos el Cartel de Medellín  y el de Cali?

Cuando se da la extradición ellos estaban unidos y prueba de ello es que en España se presenta un hecho muy significativo: el 15 de noviembre de 1984, después que dos damas colombianas hacían alarde de mucho dinero en el comercio de Madrid, lo que llama la atención de las autoridades.  Tras seguimientos se capturan a dos de los capos más prominentes del narcotráfico, Gilberto Rodríguez Orejuela, de Cali y Jorge Luis Ochoa, de Medellín, que  habían huido a España tras el asesinato de Lara Bonilla.  Esto era una prueba de su unidad. De inmediato, el gobierno de  Betancur toma la decisión de solicitarlos en extradición para Colombia mientras los norteamericanos hacían lo propio. Seguramente este episodio estuvo rodeado de cosas muy raras, pero lo cierto es que el país se la ganó a los gringos, como cosa inusual,  y decidieron los españoles  mandarlos a Colombia, donde estuvieron solo un tiempito presos. Por argucias jurídicas salieron de la cárcel y no se les extraditó, a pesar de tener solicitudes de los Estados Unidos.

¿Las  acciones de los carteles,  que eran de todo tipo, adquirían cierto carácter político al enfrentarse al Estado como queda establecido?

Bueno, digamos no  es tanto lo político aquí, sino que son aceptados por los políticos. Usted sabe que el narcotráfico produce mucho dinero y un dinero que crece cada día, eso lo estamos viviendo hoy.  Lo que yo digo es esto: frente al café, que direccionaba la economía colombiana, el narcotráfico produce 400 veces más. Entonces, qué sector económico, sea de cualquier índole,  no tiene que ver con el narcotráfico o con lo que se llama la lavandería, porque Colombia es el  país donde más se lava dinero de la producción y el  mercado de las drogas ilícitas.  Todo esto nos hace pensar que el mundo de la  política estuvo muy penetrado por los carteles  y prueba de ello es que el gobierno de  Betancur,  acuérdese,  tuvo una serie de dificultades dentro de su campaña, entonces utilizó dineros de “El Mexicano”, y algunos de sus aviones como  el  “Chiguagua uno” y  el “Chiguagua dos”,  y todo lo que terminó con la toma del Palacio de Justicia.

¿Hubo otras injerencias en la política que usted recuerde?

También tiene que ver la injerencia política del narcotráfico en la campaña de López Michelsen. Se dijo que en uno de los hoteles de mayor  prestigio de Medellín, tuvo lugar una reunión de los barones de la droga para darle  dinero a Ernesto Samper, el tesorero de la campaña.  Ese episodio fue un poco embarazoso,  porque estando López en los Estados Unidos y Carlos Lehder preso, éste lo hizo citar a un tribunal de la Florida y  después de haberse notificado,  se dio cuenta que había cometido una equivocación y se lo dijeron: usted es un hombre que goza de inmunidad.  Entonces se valieron de un  amigo, Carlos Andrés Pérez,  que era presidente de Venezuela,  de quien  yo era su asesor en temas de seguridad. Me enteré de  todo ese proceso y cómo se logró sacar a López de semejante embrollo y resolvieron traerlo de Estados Unidos  a Colombia a través de un avión del  grupo venezolano de los Cisneros.

¿Esto quiere decir que los sectores dominantes, abierta o soterradamente,  entraron en connivencia con los carteles?

Directa o indirectamente, a través del dinero, y es que es muy difícil identificar cuál es el dinero bueno y cuál el malo. 

A veces se dice equivocadamente que los carteles penetraban a la política, pero lo  que tenemos  también es que sectores económicamente muy fuertes también estaban en el negocio.

Hay un hecho y es que si usted lee con mucha objetividad los libros de los jefes de los carteles, ellos dicen que la gran equivocación de su vida fue el haberse metido en la política. Lo dice el hijo de Pablo Escobar y lo mismo el hijo de Rodríguez Orejuela, para ellos fue la perdición.  ¿Conclusión? Lavar dinero no es difícil,  sociedades anónimas enteras  invierten en cualquier país y pueden devolver a Colombia  el capital completamente lavado.

¿Usted cree que el punto de inflexión de esta historia del narcotráfico fue  la extradición y que condujo a su vez a  toda esta matanza? ¿Si no hubiera pasado esa medida con la cual Colombia  le cumplía a Estados Unidos,  su incondicional  aliado, no hubiera ocurrido esta guerra?

Betancur no hubiera extraditado a nadie porque él es un filósofo de la vida.  Decía que la extradición iba contra la nacionalidad y la soberanía, pero la medida venía avanzando, y ese avance se dio,  a mi manera de ver,  en una segunda etapa, porque la primera  se originó,  dentro de la historia del narcotráfico  a través de lo que se llamó la bonanza marimbera, cuando  los narcotraficantes gringos empezaron a tener dificultades en México para exportar la marihuana hacía Estados Unidos. Entonces ellos se vinieron a Colombia, a la  Costa Atlántica,  que atravesaba una situación económica bastante crucial  debido a que  la United Fruit Company había abandonado las fincas bananeras.  Estas  fueron  adecuadas  para la siembra de marihuana.  Y mientras florecía  el negocio se presentó  la sindicación, ligera por cierto, contra el entonces candidato liberal, Julio César Turbay Ayala, de que era un simpatizante de los narcos. Cuando  llegó a la presidencia, para demostrarles a los gringos lo contrario de lo que se decía de él,  militarizó la costa, pero  fue un fracaso, porque los señores de la droga  penetraron a las fuerzas armadas y hasta su jefe de  servicio allá. Como se creó un gran escándalo,  Landazábal,  el comandante del ejército  dijo que éste  no estaba para combatir las drogas,  que su formación no lo permitía y mientras toda la atención se fijaba en la marihuana, crecía en la zona andina de Colombia el fenómeno de la coca.

¿Cuándo llega usted a la dirección del DAS?

Yo llego a la dirección del DAS en la segunda mitad de la década del ochenta, a los pocos meses de la toma del Palacio de Justicia. Estaba Jaime Castro de ministro de Gobierno y la situación era muy difícil  puesto  que los narcotraficantes se valían de cualquier método para combatir la extradición.  El presidente Betancur  no podía retroceder, ya le habían asesinado a  su ministro de Justicia. Por inteligencia se evidenció  y creo que mucho antes de llegar yo,  que  los narcos querían dar un golpe pavoroso.  Y se dio cuando la Corte Suprema de Justicia,  en cabeza de Alfonso Reyes Echandía, iba a dar un concepto sobre la extradición.  Se había visualizado una serie de movimientos alrededor del Palacio de Justicia, y después  vino la toma del Palacio de Justicia, un momento histórico que  Colombia no ha podido superar todavía. Como consecuencia de esto,  la justicia se vino al suelo.

¿El M - 19 se implicó con el cartel de Medellín en esa operación?    

Sí, inclusive Carlos Castaño dice que Pablo Escobar le dio un dinero a Pizarro para acabar con el Palacio de Justicia y liquidar así  la extradición. El  M-19 se había  dividido en dos sectores:  uno,  el que llamaban ellos el de los intelectuales con Navarro, Otty Patiño,  y otro, el de  los militares, con  Pizarro en el Cauca,  que siguieron peleando, de tal suerte que cuando empezó a darse ese enfrentamiento, la situación que encontró Barco en 1986,  era insostenible.  Barco a mí me tuvo mucha confianza  y fui a mí al primero que ratificó. En una conversación como director del DAS, me preguntó,  qué  hacemos  porque nadie quería ser ni siquiera  magistrado de la Corte Suprema de Justicia;  entonces yo le dije: “Presidente, nos toca combatirlos, pero con qué, me contestó,  si aquí todo el mundo está untado”. Y le dije: “ninguna   organización por muy fuerte que sea puede sustituir al Estado, si usted lo considera yo le presento un plan”. Fue  cuando hablé con la policía y organicé el famoso Bloque de Búsqueda y algunos gobiernos amigos nos prestaron su apoyo en inteligencia.  Aquí no había nada,  y  empezamos ese accionar bastante complicado. Ellos tenían, a mi manera de ver, ciertas fisuras,  más que todo por el lado de  “El Mexicano”, quien por la  época tenía dificultades con los esmeralderos por haber traicionado al hombre que le dio la mano,  Gilberto Molina,  que  lo había  hecho.  “El  Mexicano”,  una vez que se sintió crecidito, utiliza el narcotráfico para meterse en las minas, cosa que  no  les gusta a los esmeralderos.  Cuando Molina  celebraba su cumpleaños Rodríguez Gacha le hace un operativo con emblemas del Ejército,  dándole muerte. Víctor Carranza lo reemplaza y esa fue una guerra también bastante sangrienta,  la de los esmeralderos contra Rodríguez Gacha,  que también enfrentaba al Estado.  Cuando se le da de baja en diciembre de 1989,  en las playas de Tolú, el cartel de Medellín empieza a tener ya serias  dificultades.

Pablo Escobar rompe con los Rodríguez Orejuela

¿Y cuándo se rompen las relacione entre el cartel de Cali y el de Medellín?

Los de Cali nunca tuvieron como filosofía las armas, sino otro tipo de accionar,  acuérdese usted cuando Betancur ellos manejaban un sector financiero muy  importante con el Banco de los Trabajadores y nada menos que estuvo de presidente un hombre muy importante,  Felio Andrade;  ellos vivían sin dificultades. La ruptura se da después de la muerte de Lara, en 1984, y después, también, de la captura de los dos capos en España.  Es que  con la muerte de Lara Bonilla entran en contradicción por la manera como combatían al Estado. Los Rodríguez Orejuela  utilizaban procedimientos  como la política,  el soborno,  en cambio Escobar,  la confrontación armada como lo hacía “El Mexicano”;  a lo mejor era una cuestión cultural: estos tipos de Cali eran educados, uno era incluso abogado, los de Medellín  eran muy primarios.

¿Ustedes sintieron en la seguridad del Estado esa ruptura?

Bueno,  la  comprobamos por su accionar belicoso de las agrupaciones que ellos tenían en las comunas de Medellín. Montaron una oficina muy importante que manejaban los Castaño, La Terraza, de donde salen los sicarios que matan a Bernardo Jaramillo, a Pizarro, accionan la bomba del DAS y todos los atentados terroristas que dejaron centenares de muertos, especialmente en Medellín y Bogotá.

Los Castaños y Don Berna estaban en el cartel de Medellín, pero estos también rompen con Escobar

Ellos hacían parte del cartel de Medellín.  Pero con los Castaño hubo una especie de comportamiento sociopolítico porque a su padre lo mataron las Farc,  eso se  dice, entonces cobraban  una venganza contra los movimiento subversivos  siendo  parte de la organización de Pablo Escobar,  pero le apuntaban más  hacia el paramilitarismo de Puerto Boyacá,   donde estaba  “El Mexicano”,  y los hermanos Pérez que manejaban el Magdalena Medio.  Respaldaban  con el movimiento político Morena, con plata del narcotráfico  y de la  Asociación de Comerciantes, Ganaderos y Agricultores del Magdalena Medio Acdegam. Cuando dan de baja  a “El Mexicano”,  los paramilitares del Magdalena Medio comienzan a tener dificultades. Rodríguez Gacha  tenía sus ímpetus presidenciales  y  decía que si a Tirofijo no lo han podido atrapar  menos a mí que tengo tanto dinero y funda su aparato político, Morena, utilizando al tal Ernesto Báez, que era un político que había sido secretario de Gobierno de Boyacá, alcalde de Puerto Boyacá y aspiraba al Senado, pero  nosotros nos le  atravesamos.  Esa  fue su confrontación conmigo y después de veinte años me viene a calumniar con mentiras de que yo estuve en el Magdalena Medio cuando nunca he ido allá.

¿Considera que todos estos atentados de los carteles de la droga hacen parte del conflicto armado interno?

Es que ese accionar es parte de un problema interno tan grave que ha vivido el país, que ha desestabilizado a Colombia y la tiene aún en ese estado.

General, ¿todas estas víctimas del accionar de los carteles son víctimas de ese conflicto armado interno que tenía como punto central la lucha contra la extradición?

El tema central era la extradición y para Escobar todo aquel que fuera simpatizante de la extradición,  era su enemigo personal y los iba matando. Como a Carlos Mauro Hoyos, aquel procurador; a Guillermo Cano, el director de El Espectador; a Rodrigo Lara Bonilla, en fin,  le tenía pavor a la extradición y como cosa curiosa hoy en día la extradición es aceptada más que permanecer  en Itagüí o en La Picota. Entonces uno se  hace la pregunta, ¿valió la pena?, con tanta gente importante que pereció y todo el daño con bombas y muerte de centenares de inocentes para que la resultante de la sumatoria de todos esos factores sea esta pregunta y  que nos debemos hacer las personas estudiosas de  las ciencias sociales cuando vemos  al tal   “Fritanga”, extraditado a los Estados Unidos,  despidiéndose dichoso de los colombianos, eso fue un latigazo para todos.

La verdad sobre el cambio de los escolta de Luis Carlos Galán

¿Y cómo fue esa situación con los escoltas de Galán, que por el cambio se le inculpa de haber sido cómplice del magnicidio?

Estando en mi oficina me llamaron de Palacio para tratar unos asuntos.  Allí estaba Barco y el doctor Galán; el presidente me dice  que  atienda  al candidato pues tiene un problema con el escolta. Galán me aclara que el inconveniente es que “usted me tiene en la escolta un muchachito, muy joven, que  nadie le para bolas, y además mueve mucho la lengua llevándole chismes a Gloria”, -la señora del candidato-. Yo le subrayé a  Galán que los escoltas no se pueden  inmiscuir  en la vida privada de los personajes. Entonces me fui al DAS y hablé de inmediato con el  jefe de protección para que solicitara  una cita  con Galán para solucionar el asunto. Hasta ahí  llegué yo, pero como  Gloria Pachón es una persona muy celosa a lo mejor pensó que usted le estaba haciendo el cuarto a Galán y ahí empezó todo, me comentó el doctor León, quien fuera mi  siquiatra pues necesité de ayuda sicológica por las secuelas que me dejaron tantos atentados.  Cuando me llamaron a indagatoria después de 20 años,  no me referí al asunto, pero leyendo los expedientes,  noté que dos meses después del asesinato de Galán, ocurrido el 18 de agosto de 1989, Gloria Pachón declaró ante un juez de orden público que ellos sí pidieron el cambio de la escolta.

Otro caso en toda esta historia es el de Hazbún y otras personas que fueron detenidas acusadas de participar en el crimen de Galán sin nada que ver y se le achaca a usted que estuvo detrás de esa orden

Yo no tuve nada ver con eso, en absoluto. Después de la muerte de Galán, hubo toda esa connotación mundial. La  Dijin,  al mando del coronel,  en ese entonces, Peláez Carmona,  después de un proceso de inteligencia, habló con un juez penal militar quien ordenó el allanamiento,  a nombre de ese organismo policial, de un mezzanine de la Avenida 19 con Cuarta donde es detenido Hazbún  y tres ciudadanos más que pasaron  a órdenes de la justicia, pero le repito, eso fue la Dijin y yo no tuve nada ver que ver en eso,  sin embargo, yo estoy preso y Peláez Carmona libre en su casa.

Enemigo público número uno de Pablo Escobar

Pero Pablo Escobar era su enemigo número uno, ¿entonces cómo lo pueden acusar de un crimen que todo el mundo responsabiliza al jefe del cartel de Medellín?

Mire, le voy a hacer un breve repaso de cinco  situaciones que demostrarían que yo era el enemigo número uno de Pablo Escobar. El primer atentado que le hicieron a mi familia fue contra un hermano médico, en Santa Marta, cuya casa fue atacada a tiros. El mensaje era claro y tomé las medidas del caso. El  segundo fue a través de  un libro que me enviaron al DAS.  Los encargados de explosivos detectaron que era una bomba, pero no tomaron las medidas y perecieron.  Si me estalla a mí vuela todo el noveno piso del DAS,  conmigo también. 

El tercero  fue el ataque con el carro bomba en la calle  56 con carrera séptima en Bogotá que dejó  siete muertos y del cual me salvé de milagro.  El cuarto contra  edificio del DAS, que todo el mundo conoce, con más de 60 muertos.  El quinto hubiera sido el peor del mundo porque a las siete pasadas  de la mañana,  colocaron un camión lleno de papel  higiénico,  casi enfrente de mi casa. Un escolta observó la situación y alcanzó a ver una mecha que prendía; a esa misma hora entraban centenares de niños al Liceo Francés. El vehículo estaba cargado de explosivos. Se pudo abortar el atentado. Bueno, el hijo de Pablo Escobar en su libro escribe que es imposible que el general Maza fuera amigo de su padre pues este lo odiaba tanto hasta el punto que estuvo buscando a la enfermera que lo atendía, cuando estuvo enfermo,  para envenenarlo.

El cartel de Medellín asesinó a Galán

Podemos repasar el primer atentado contra Galán en Medellín, ¿cómo fue eso?

El  cartel de Medellín realizó  un  primer atentado contra Galán cuando este  llegaba a Medellín.  El vehículo utilizado  fue incautado.  Tenía placas del eje cafetero y falsas  para achacarle la culpa del crimen al cartel de Cali;  esa  era la estrategia de Escobar por lo que no tiene ningún asidero achacarle el crimen al cartel de Cali como ahora expresa un hijo de Galán, Juan Manuel,  que  me acusa de haber trabajado para dicho grupo mafioso. En ese vehículo iban Luis Carlos Galán, Horacio Serpa y el teniente Jacobo Torregrosa, de la seguridad. Si no les hubiera fallado el rocket todos hubieran muerto, incluido Torregrosa que ahora inculpan de haber sido  aliado del cartel de Medellín y partícipe del crimen de Galán; cómo iba a ser su aliado.

Y acuérdese usted que en la  confesión de “Popeye” ante la Corte, él anota que  se reunieron Pablo Escobar, “El Mexicano”, Gaviria, el primo de Pablo Escobar, para tomar  la decisión de matar a Galán fracasado el intento del 30 de mayo de 1989 en Medellín,  a través de un rocket. Entonces esa misión se la dieron a “El Mexicano” que actuó con el sicario Jaime Rueda Rocha, autor material del crimen de Galán y dado de baja por  la policía en el Magdalena Medio tras escaparse de la cárcel. La ubicación de ese criminal se la dio el director de El Tiempo, Hernando Santos, -que la recibió de un informante- al jefe de la Policía, general Gómez Padilla.

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