Burlándose de la justicia por 15 años

Por este caso también fueron condenados tres militares, entre los que se encuentra Jorge Eliécer Plazas Acevedo, prófugo desde 2003.

Libardo Rojas Castañeda, alias ‘Tortugo’, fue capturado este miércoles. / Archivo

Durante 15 años, Libardo Rojas Castañeda, alias Tortugo, evadió a la justicia colombiana, cuando sobre sus hombros recaía la responsabilidad de haber segado la vida del empresario judío Benjamín Khoudari el 1º de enero de 1999. Usando una cédula falsa había logrado burlar la condena de 38 años de prisión que lleva a cuestas, hasta este miércoles, cuando fue detenido en el sector Fontibón, en el occidente de Bogotá.

Tortugo fue sentenciado por los delitos de homicidio agravado, secuestro extorsivo y concierto para delinquir, pues, según explicó el coronel Óscar Pinzón, fue él quien “protagonizó, organizó y gestó el secuestro que después él mismo materializó en un homicidio”. Precisamente, el cuerpo de Benjamín Khoudari fue encontrado el 17 de abril de 1999, con dos impactos de bala en el cuello y dentro de una fosa situada en un lote de Pacho (Cundinamarca) que, de acuerdo con los registros de prensa de la época, pertenecía al extinto narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha, alias El Mexicano.

Sin embargo, Khoudari había sido raptado el 30 de octubre de 1998 por varios sujetos armados y vestidos de camuflado que lo detuvieron cerca de la fábrica que tenía. Eran siete u ocho miembros del Ejército. En ese detalle está la piedra angular del caso, pues la investigación por su muerte develó la empresa criminal gestada entre delincuentes comunes y militares del grupo de inteligencia B-2, adscrito a la Brigada 13, para secuestrar personas y lucrarse. Una brigada que entonces era comandada por el general (r) Rito Alejo del Río.

Es más, el precio de la vida de Khoudari no fueron los US$10 millones que los secuestradores le pidieron a su familia, sino el hecho de poder reconocer a los militares implicados. Aun así, Ramiro Casallas González y Álvaro Guerrero Cárdenas, los primeros particulares investigados por estos hechos, no tardaron en salpicar a los oficiales cuando fueron vinculados al proceso. Así se descubrió que estaban involucrados el entonces jefe de grupo, teniente Alexánder Parga Rincón, a quien se le precluyó después la investigación; el subjefe de grupo, sargento segundo Guillermo Lozano Guerrero, y el jefe de la sección de inteligencia de la época, el teniente coronel Jorge Eliécer Plazas Acevedo, conocido como Don Diego.

Plazas Acevedo fue condenado a 40 años de prisión por el crimen de Khoudari, pero en julio de 2003 se fugó de la Escuela de Artillería, en el sur de Bogotá. Desde entonces está prófugo. Además, su nombre también aparece mencionado en el expediente del crimen de Jaime Garzón, pues, de acuerdo con el exjefe paramilitar Diego Fernando Murillo Bejarano, alias Don Berna, fue Plazas Acevedo quien apoyó en Bogotá la operación para acabar con la vida del periodista. Según señaló en febrero de 2012, militares del B-2 habrían recibido a los cuatro sicarios que Carlos Castaño envió por órdenes del entonces teniente coronel.

Don Berna remató señalando que la inteligencia militar, bajo el mando de Plazas, habría sido la entidad que aportó información para cometer el homicidio de Elsa Alvarado y Mario Calderón, investigadores del Cinep asesinados en su residencia en Bogotá, en mayo de 1999. De ahí que Plazas Acevedo sea el eslabón perdida, literalmente, de muchos crímenes que se perpetraron con su complicidad y aporte. Además, el confeso paramilitar Jesús Emiro Pereira, hombre de confianza de Carlos Castaño y comandante financiero del bloque Centauros y el bloque Capital, señaló que conocía a Plazas Acevedo y que fue el general (r) Rito Alejo del Río, condenado a 26 años de cárcel por el asesinato de Marino López en Chocó, quien los presentó, porque ambos eran simpatizantes de las autodefensas.

Los crímenes en los que logró probarse la participación de miembros de la Brigada 13 a finales de los noventa y principios del año 2000 siguen en el tintero por la ausencia de Jorge Eliécer Plazas Acevedo, pues el de Khoudari no fue el único secuestro de la época. También fueron víctimas Wilson Martínez Quiroga, el 25 de noviembre de 1998; Luis Antonio Castro Ochoa, el 11 de febrero de 1999, y Martha Cecilia Velásquez Álvarez, el 22 de febrero de 1999. Estos hechos demuestran la sistematicidad de la empresa criminal fraguada con la connivencia de algunos militares.

 

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