Colombia, contra la amenaza nuclear

Se encuentra cerca de aprobar e incorporar a su normatividad la Convención sobre la Protección Física de los Materiales Nucleares.

Funcionarios de Colombia y México frente a los computadores que controlan el reactor nuclear colombiano. / Servicio Geológico Colombiano

En el mundo hay 1.600 toneladas de uranio altamente enriquecido y 500 toneladas de plutonio, suficiente material para 100.000 armas nucleares tan poderosas como las bombas lanzadas contra las poblaciones japonesas de Hiroshima y Nagasaki, que acabaron con casi 500.000 personas. Para evitar un holocausto nuclear se han firmado varios tratados internacionales. Ahora, Colombia, pese a contar apenas con un pequeño reactor nuclear, se encuentra muy cerca de aprobar uno de éstos, con los que el mundo ha buscado evitar una tragedia de dimensiones globales.

Se trata de la enmienda hecha en 2005 a la Convención sobre la Protección Física de los Materiales Nucleares. Ese año, cuatro atrás del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York y dos de iniciada la guerra en Irak, varios Estados se reunieron para hacerle enmiendas a la Convención, que llevaba 26 años sin ser revisada. La reforma tuvo un fin evidente: controlar el tráfico de plutonio y de uranio altamente enriquecido y, de esa forma, contrarrestar el fortalecimiento del terrorismo internacional y de los programas nucleares de algunas naciones que, para esos Estados, eran una amenaza, como Corea del Norte e Irán.

Varias medidas fueron aprobadas, entre ellas mayores controles al material y a las instalaciones nucleares; penas contra quienes cometan delitos vinculados con el uso ilegal de uranio y plutonio enriquecidos, dos elementos necesarios para cualquier arma nuclear, y, de la misma forma, obligaciones para los Estados, como “poner en conocimiento oportuna cualquier amenaza o acto de apropiación ilícita de materiales nucleares”.

En un fallo conocido por El Espectador, la Corte Constitucional le da su aval a este tratado por el que Colombia se compromete a incorporar a su normatividad algunos delitos por el uso ilegal de materiales nucleares, actividad que en este momento no es ilegal en Colombia, entre ellos el hurto de material nuclear y el sabotaje a instalaciones nucleares, como nuestro pequeño reactor. El mal uso de estas instalaciones es otra amenaza debido a que un reactor sin control es una bomba de tiempo.

El aval de la Corte fue claro. Al respecto señaló que el “propósito de la Convención de destinar el uso de la energía nuclear para fines pacíficos compatibles con el mantenimiento de la paz mundial y la seguridad internacional, y de propender por la implementación de medidas que conjuren los peligros del uso indebido de la energía e instalaciones nucleares, constituyen una salvaguarda a la vida, la seguridad y la salud de los habitantes y se ajusta a la Constitución”.

Sin embargo, este tratado tiene otras implicaciones para Colombia distintas a la promoción de la paz. Una fuente de la Corte Constitucional, consultada por este diario, explicó que con la aprobación de la enmienda hecha a la Convención, Colombia le cierra la puerta a la posibilidad de que grandes potencias lo conviertan en un basurero y lo llenen de residuos nucleares que son altamente contaminantes, como se ha demostrado con lo ocurrido con la planta nuclear de Fukushima.

La fuente agrega que, de la misma forma, al crear penas para castigar a quienes cometan delitos relacionados con el uso indebido de material nuclear se desincentiva este lucrativo negocio del tráfico ilegal de uranio y plutonio, debido a que las redes internacionales dedicadas a este lucrativo negocio —apenas en 2001, 600 gramos de uranio enriquecido costaban cerca de US$1,5 millones— se aprovechan de los países en los que el tráfico no está penalizado para el comercio ilegal de estos elementos.

De esta forma, pese a no tener el material nuclear de otros Estados, Colombia se une a la campaña internacional para controlar estos elementos que en manos equivocadas pueden derivar en un nuevo holocausto, un miedo latente desde los años de la Guerra Fría. A este tratado ya no le falta sino el visto bueno del presidente Juan Manuel Santos.

Este fallo de la Corte se produce mientras las grandes potencias e Irán avanzan en una serie de encuentros para llegar a acuerdos respecto de su cuestionado programa nuclear. Desde el año pasado, tras la cumbre de Seúl, en la que se discutieron varias medidas para contrarrestar este problema, el fantasma del holocausto nuclear parece alejarse. Aunque en el mundo sigue habiendo material para acabar con todos los seres humanos.

El reactor nuclear colombiano

 

En septiembre de 2012 un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares de México renovó el único reactor nuclear en Colombia para desarrollar esquemas de investigación geológica y de aplicación a los procesos de diagnóstico y exploración de recursos hidrocarburíferos y mineros.Según informó el Servicio Geológico Colombiano, al reactor nuclear de investigación IAN R-1 le hicieron modificaciones especiales para que tuviera 40 años más de vida útil, y de esta forma, a través de un convenio entre el Programa de Gestión del Conocimiento de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) y el Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación (Colciencias), promover el programa nuclear en Colombia. Con el reactor nuclear, que está ubicado en la Universidad Nacional de Bogotá, el país busca que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) invierta recursos en el país.

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@juansjimenezh

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