Condena al Estado por la muerte del 'Rey de La Guajira'

El empresario era investigado por concierto para delinquir y vínculos con el narcotráfico cuando un sicario, ayudado por funcionarios del Inpec, acabó con su vida.

Al empresario Samuel Orlando Mengual Alarcón lo conocían como El Rey de La Guajira. Así se titula la canción que le hizo el cantante Diomedes Díaz. El 5 de enero de 1995, el comerciante se encontraba preso en la cárcel Modelo de Bogotá, por un proceso en su contra por supuestos nexos con el narcotráfico. Ese día, otro recluso, Jesús Aldemar Delgado Córdoba, lo asesinó con un revólver que le había dado un guardia del Inpec. Otros dos miembros de la entidad ayudaron a que se cometiera el crimen. Por ello, en un reciente fallo, el Consejo de Estado le ordenó al Estado indemnizar a algunos de los familiares del Rey de La Guajira.

Mengual Alarcón había sido capturado el 4 de abril de 1994 por sus supuestos vínculos con los carteles de la droga. Se lo relacionó con algunos miembros de la familia Valdeblánquez, salpicados por presuntos nexos con el narcotráfico y recordados por la guerra que sostuvieron con la familia Cárdenas, que durante años fue un dolor de cabeza para las autoridades de la región Caribe.

Asimismo se lo señaló de haber ayudado al jefe de sicarios del cartel de Medellín, Dandeny Muñoz Mosquera, alias La Quica. Nada de esto se comprobó. Aunque algunos de los bienes que dejó, incluyendo varios apartamentos en Barranquilla, han sido ocupados por la Fiscalía con fines de extinción de dominio.

Lo que no era un misterio era el reconocimiento del que gozaba Mengual Alarcón en su natal La Guajira. A los pocos meses de que fuera detenido, El Cacique de La Junta, Diomedes Díaz, dio a conocer la que se convertiría en una de sus canciones más famosas: La Plata. En ella, al inicio, el cantante saluda a Mengual Alarcón y le dice: “No hay mal que por bien no venga”, haciendo referencia a su captura. El Rey de La Guajira, sin embargo, no volvería con sus amigos, sus cuatro hijos y su pareja.

Para el Consejo de Estado, la responsabilidad estatal en la muerte de Mengual Alarcón era evidente debido a que un guardia de la cárcel Modelo, Luis Felipe Goyeneche Tarazona, le dio al confeso sicario, Jesús Aldemar Delgado Córdoba, el arma calibre .38 con la que asesinó al comerciante guajiro. Delgado Córdoba contaba, además, con 12 balas impregnadas de cianuro, que fueron ingresadas al centro penitenciario sin ningún problema. Además, el asesino había sido trasladado de forma irregular del patio cuarto al patio quinto, en el que estaba recluido Mengual Alarcón.

Ese traslado, realizado una semana antes del asesinato, no había sido aprobado por el director de la cárcel. Quienes sabían del cambio de patio eran la secretaria del director, Lucero Aristizábal Cardona, y el encargado de sistemas de la cárcel, Orlando Celis García. De acuerdo con el Consejo de Estado, ellos “permitieron y colaboraron con el traslado de celda del homicida y facilitaron el ingreso del revólver calibre .38 con silenciador y munición”. Por ello, los funcionarios fueron declarados insuficientes entre enero y marzo de 1995 y retirados de sus cargos. Se habló de que detrás de la muerte de Mengual Alarcón había una venganza criminal porque, supuestamente, estaba en negociaciones con las autoridades para recibir beneficios jurídicos a cambio de información sobre algunos narcotraficantes de la Costa. Esto nunca se comprobó.

El 8 de abril de 1996, los familiares de la víctima demandaron al Estado. Respecto a la demanda, el Ministerio de Justicia dijo que no era responsable de la muerte del comerciante debido a que lo sucedido con él era competencia del Inpec y esta entidad era autónoma. Por su parte, el Inpec rechazó la demanda porque, en su criterio, la muerte no había sido culpa suya y porque, a su parecer, Mengual Alarcón “representaba un peligro para la sociedad colombiana”, así que era un error indemnizar a sus deudos “como si se tratara de un ciudadano ejemplar ante la sociedad”.

En fallo del 30 de noviembre de 2000, un tribunal de descongestión de Bogotá le dijo no a la demanda pues, en su criterio, los demandantes no demostraron su parentesco con el comerciante. Los familiares apelaron la sentencia y reiteraron que era deber del Estado devolver a Mengual Alarcón sano y salvo, sin importar su situación jurídica y que, además, por los delitos de los que se lo acusaba debía estar recluido en un patio de máxima seguridad y no en el que se encontraba y en el que, a la postre, murió.

El Consejo de Estado, en fallo del pasado 30 de enero, aunque radicado recientemente, les dio la razón y recordó enfáticamente el deber del Estado para con los presos. En la sentencia, con ponencia de la magistrada Stella Conto Díaz del Cantillo, se establece que no había nada que eximiera a las autoridades de su responsabilidad respecto de la muerte de Mengual Alarcón y que “la víctima, al margen de las razones de su detención, se encontraba imposibilitado para ejercer su defensa y al amparo de la guardia”, que no lo protegió.

Por ello, el Estado debe indemnizar a los familiares del Rey de La Guajira, como lo bautizó Diomedes Díaz. La canción que le hizo nunca fue grabada. La cantaba en sus presentaciones cuando éstas llegaban a su clímax y entonces decía: “Esta es una canción de un artista para un amigo”.