Condena por bombazo a 'El pájaro'

Consejo de Estado ordenó que se indemnice a los familiares de dos víctimas del atentado, ocurrido en Medellín el 10 de junio de 1995.

‘El pájaro herido’ (izq.) y ‘El pájaro de la paz’, en el parque San Antonio de Medellín.  / Archivo
‘El pájaro herido’ (izq.) y ‘El pájaro de la paz’, en el parque San Antonio de Medellín. / Archivo

En Medellín hay dos esculturas que recuerdan el atentado ocurrido en esa ciudad, el 10 de junio de 1995, en el que murieron 23 personas y por el que acaba de ser condenado el Estado: El pájaro herido —como se conoció a la obra El pájaro después del bombazo de ese día— y a su lado El pájaro de la paz, la réplica que hizo su autor, el artista antioqueño Fernando Botero, a manera de manifiesto contra los criminales que quisieron llenar de miedo a la ciudad.

En una reciente sentencia, conocida por El Espectador, el Consejo de Estado condena a la Nación a indemnizar a los familiares de varias de las víctimas del atentado debido a que, en su criterio, fallas cometidas por la Policía propiciaron el crimen.

El 10 de junio de 1995 se realizaba en el parque San Antonio, en el centro de Medellín, el festival Yo soy Cartagena, que había convocado a cientos de personas. En medio del evento, ya entrada la noche, explotó un artefacto colocado en la base del que hoy se conoce como El pájaro herido.

Las personas que se encontraban alrededor de la escultura murieron de inmediato. Otras lo hicieron de camino a centros hospitalarios de la ciudad. Aunque se señaló a guerrillas y narcotraficantes por el hecho —y a pesar de algunas capturas—, nunca se supo a ciencia cierta quién fue el cerebro del atentado. Se llegó a especular que el bombazo era un mensaje de la criminalidad al entonces ministro de Defensa, Fernando Botero Zea, hijo del escultor y quien meses atrás les había declarado la guerra a los carteles de la droga.

Ese mismo año familiares de Alejandro de Jesús Isaza Restrepo y Mario Carlos Suárez Marulanda, dos de las 23 víctimas del atentado, demandaron al Estado porque, en su criterio, fallas cometidas por la Policía permitieron que se produjera. El Tribunal Administrativo de Antioquia no estuvo de acuerdo con ellos y en fallo del 10 de julio de 2001 concluyó que no había pruebas suficientes de fallas en el servicio y que no se podía declarar responsable al Estado por un atentado contra la población civil.

El caso llegó al Consejo de Estado, que fue enfático: “Si bien se prestó el servicio de vigilancia en el lugar de los hechos, lo cierto es que éste fue deficiente”. El día de los hechos, un oficial y 19 auxiliares se encargaban de la seguridad del evento, pero no atendieron a que en la base de El pájaro había unos recipientes extraños. En su interior estaba el explosivo que ese día acabó con la vida de 23 personas.

Para esa corporación es claro que a la Policía no le quedaba difícil detectar el artefacto que, por su tamaño, “no podía ser fácilmente encubierto por quienes lo instalaron antes o durante el evento. El mismo estaba compuesto por 10 kilos de dinamita, con metralla, los cuales fueron ubicados justo al lado de la escultura que adornaba la plaza”.

Agregó que, “por lo tanto, detectar el explosivo sólo hubiera requerido de un sencillo control sobre el área del parque, sin que esa actividad implicara adelantar operativo excepcional, ni usar elementos diferentes a la propia observación. Hubiera bastado la mera observación del sitio y el control sobre las personas que ingresaran al mismo para evitar el hecho”.

El alto tribunal hizo referencia a la sentencia del 11 de mayo de 1995, en la que esa corporación concluía que el Estado no era responsable de la explosión de un avión de Avianca, ocurrida el 27 de noviembre de 1989, pues “no existía aparato capaz de detectar un artefacto explosivo” como el que acabó con la vida de los 110 pasajeros del avión. A diferencia de ese caso, en éste una simple revisión de la zona habría evitado la tragedia. Lo que no ocurrió.

A pesar de que en ese momento, de acuerdo a informes oficiales, la situación de orden público en Medellín era buena, esto no era excusa para que las autoridades no hubieran tomado las medidas necesarias y protegido a la ciudadanía. Por ello, declaró responsable al Estado por “no haber adoptado medidas ordinarias, pero eficaces, para garantizar la seguridad de las personas que concurrieron al evento, como era su deber”.

Como muchos otros eventos de la guerra del Estado contra la criminalidad, el atentado en el parque San Antonio se habría podido evitar. De haber sido así, El pájaro herido y El pájaro de la paz serían apenas dos esculturas más de las que ha donado el maestro Fernando Botero para embellecer el paisaje de Medellín, no el aciago recordatorio que hoy son de la violencia que ha azotado a la capital de Antioquia.

En Twitter: @juansjimenezh

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