Condenan a 37 años de prisión a patrullero por crimen del grafitero Diego Felipe Becerra

El juez de conocimiento ordenó la captura de Wilmer Antonio Alarcón cuyo paradero se desconoce desde el pasado 21 de agosto. El juzgado ordenó su captura.

El juez 43 de conocimiento condenó a 37 años y seis meses de prisión al patrullero de la Policía Metropolitana, Wilmer Antonio Alarcón por su responsabilidad en el crimen del grafitero Diego Felipe Becerra Lizarazo el 19 de agosto del 2011. El uniformado le disparó por la espalda con su arma de dotación al joven de 16 años después de una extensa persecución por la Avenida Boyacá con calle 116 en el norte de Bogotá.

Después de cuatro años de juicio el patrullero fue hallado responsable del delito de homicidio agravado. El despacho judicial consideró que el patrullero le disparó de manera injustificada al artista urbano, rechazando así los argumentos de la defensa del procesado quien buscó en el proceso penal demostrar que las acciones se presentaron en un acto de legítima defensa.

El despacho judicial tuvo en cuenta los dictámenes de Medicina Legal que revelaron que Becerra Lizarazo nunca portó un arma de fuego –como lo dijo en su momento el patrullero Alarcón- y mucho menos la accionó en contra de la integridad del uniformado. La teoría de la defensa fue rechazada de tajo por el juzgador quien aseguró que la vida del uniformado nunca se vio amenazada.

En la investigación se determinó que las manos del joven solamente tenían rastros de pintura, los que coincidían con las latas de aerosol que se le encontraron en la mochila. En el fallo condenatorio se tuvieron en cuenta además los testimonios de los otros dos menores de edad que estaban con Diego Felipe esa noche y que también fueron perseguidos por Alarcón.

Los jóvenes aseguraron que el patrullero adscrito de la Policía Metropolitana retuvo a Becerra, caminaron juntos una cuadra y sin razón alguna el grafitero salió corriendo y pocos minutos después vieron como Alarcón le disparaba. El joven de 16 años quedó tendido en el suelo, una camioneta que pasaba por el lugar lo recogió y lo trasladó a la Clínica Shaio.

En el centro médico falleció debido a la gravedad de la herida recibida en su espalda. El patrullero Alarcón, quien se encontraba en la Clínica, se comunicó en repetidas oportunidades con sus superiores para narrarles lo sucedido. “Yo creía que tenía un arma, central, y le disparé, central”, repetía una y otra vez el uniformado, quien señaló que lo mejor era que llegará un oficial al lugar.  

En las comunicaciones uno de los policías manifiesta que en el lugar de los hechos no encuentran el arma de fuego con la que presuntamente habían amenazado a Alarcón. Posteriormente se anunció la llegada de otros uniformados donde horas antes el patrullero le había disparado al joven 16 años.

Reproche penal

Desde el primer momento Alarcón aseguró que llegó a la Calle 116 con Avenida Boyacá atendiendo un llamado de auxilio de un conductor de un bus de servicio público quien aseguró que había sido atracado minutos por tres adolescentes con un arma de juguete. Una de las pasajeras manifestó que le hurtaron siete mil pesos y unas pertenencias.

La pasajera –según el relato de Alarcón- le señaló el lugar al que se dirigieron los tres asaltantes. En el sector de Pontevedra, el uniformado ubicó junto a otro patrullero a tres jóvenes que caminaban por la calle. Inmediatamente les manifestó que se detuvieran, llamado que no fue atendido por estas personas quienes salieron a correr por lo que se inició una persecución.

Uno de los jóvenes se detuvo. El patrullero Alarcón le hizo la requisa, acto seguido Diego Felipe, quien se había ocultado detrás de un árbol apareció en el lugar, en donde también fue requisado por el suboficial quien solamente le halló unas latas de aerosol marca Bulldog y otros elementos utilizados para pintar grafitis”.

Becerra se fue a solas con el patrullero, pocos segundos después el joven salió corriendo a lo que Alarcón respondió con un disparo sobre su humanidad. Uno de los amigos del joven se acercó al lugar y vio al artista urbano tirado en el piso, con una herida en su hombro izquierdo.

Inmediatamente le hizo el reproche al patrullero Alarcón quien no dio respuesta alguna, “solamente silencio”. Para el juez de conocimiento el hecho de la persecución y la requisa del uniformado a los hombres no fue ilegal, lo que sí es motivo de reproche penal es el hecho que le hubiera disparado en estado al joven quien se encontraba en estado de indefensión y vulnerabilidad.

El juez considera que las pruebas aportadas al proceso permiten inferir más allá de cualquier duda razonable que el patrullero sabía que las personas que acaba de requisar no eran aquellas sindicadas de un hurto. Por lo tanto, su actuar no tiene ningún tipo de justificación ya que tras la requisa pudo verificar que no tenían ningún tipo de arma.

Los elementos hallados, sostiene, “fueron los mismos utilizados en la noche de marras para pintar grafitis en varias calles en el norte de Bogotá”. Para el juzgador el procesado actuó con dolo puesto que conocía la gravedad de su conducta, que el disparar directamente contra una persona desarmada y en estado de vulnerabilidad era antijurídico. Alarcón era un experto en el manejo de las armas por lo que no se puede hablar de un “accidente” como sostuvo su defensa.

“Al señor Wilmer Antonio Alarcón lo favorece la carencia de antecedentes penales, y procurar voluntariamente después de cometida la conducta anular o disminuir sus consecuencias. Pero también lo perjudica que para el momento de los hechos era patrullero de la Policía Nacional, por lo tanto tenía una posición distinguida en la sociedad por su cargo”.

En la lectura del fallo el juez consideró que debido a la gravedad de su conducta el procesado no puede tener ningún beneficio de pena puesto que sus acciones fueron cometidas en contra de al integridad de un menor de edad. Debido a que desde el pasado 21 de agosto se desconoce su paradero ordenó su captura inmediata para que cumpla su pena en centro carcelario. .