Condenan a la Nación por muerte de hombre en 'toma' de El Cartucho

Para el Consejo de Estado, las autoridades no hicieron lo suficiente para evitar el asesinato de Mauricio Fonseca Cantor, un joven que trabajaba cerca al lugar de los disturbios.

El deprimido sector de El Cartucho ya no existe. Sin embargo, el recuerdo de los delitos y la miseria que allí se vivían sigue casi intacto. El Consejo de Estado acaba de condenar a las autoridades a indemnizar a los familiares de un hombre asesinado durante unos de los fuertes disturbios que se vivieron en el ya extinto barrio de El Cartucho, en Bogotá, el 1 de marzo de 2001. Se trata de Mauricio Fonseca Cantor, un joven de 24 años de edad que trabajaba en una serviteca cerca de ese deprimido sector de la ciudad.

Todos los días, Fonseca acostumbraba encontrarse con algunos de sus familiares en un restaurante de la zona para luego dirigirse a su residencia en el barrio La Victoria. Sin embargo, ese 1 de marzo Fonseca no llegó al restaurante. Sus familiares lo buscaron hasta encontrarlo en el hospital San José. Fue allí donde les informaron que su allegado había muerto por cuenta de un artefacto explosivo lanzado durante las manifestaciones entre los recicladores de la zona y las autoridades. Fonseca fue la única víctima mortal de esos hechos violentos. Otras 19 personas fueron heridas en esa triste jornada.

Los familiares de Fonseca demandaron al Estado el 20 de abril de 2001 porque, en su criterio, “hubo una falla en el servicio por haberse iniciado un operativo de desalojo en una zona de alto riesgo, sin que se adoptaran las medidas de precaución necesarias”. Por su parte, la Policía, una de las entidades demandadas, adujo que “fue la propia víctima quien asumió el riesgo de dirigirse al sitio donde presuntamente ocurrieron los hechos, con tan mala suerte que fue agredido con un artefacto explosivo”.

Basados en estos argumentos, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca le dijo no a la demanda en fallo del 23 de junio de 2004. Puntualmente, el Tribunal sostuvo que “no se probó que el artefacto fuese de dotación oficial. Y, por el contrario, se puede establecer que el objeto que explotó fue lanzado por un habitante de El Cartucho”. Los familiares se sostuvieron en que ninguna autoridades les había alertado a los transeuntes del sector lo que iba a ocurrir en El Cartucho. Por ello demandaron y el caso llegó al Consejo de Estado que no estuvo de acuerdo con el tribunal.

En fallo del magistrado Hernán Andrade Rincón, esa corporación fue vehemente en que “resulta irrelevante determinar la autoría del causante del daño para imputar responsabilidad al Estado toda vez que su declaratoria en estos precisos eventos solo exige que el daño se produzca en el marco de un enfrentamiento en el que estén involucrados fuerzas estatales”. Por ello declaró responsable al Estado por violar “el imperativo de protección de la víctima y en aplicación de los principios de justicia y equidad”; es decir, por no haber protegido a Fonseca.

A los pocos días de la muerte de Fonseca, El Cartucho fue escenario una vez más de la violencia entre recicladores y la Policía. A los dos años, El Cartucho pasaba al olvido. La última de las casas que quedaba en el sector fue demolida por las autoridades y El Cartucho quedó enterrado bajo el Parque Tercer Milenio. Muchos de sus habitantes y de los negocios ilícitos que allí se realizaban se fueron a El Bronx, a unas pocas cuadras de allí. Con los años, El Bronx se convirtió en la olla de Bogotá, como lo fue en su momento El Cartucho.

Actualmente, tanto la Alcaldía de Bogotá como el Gobierno Nacional adelantan programas para recuperar El Bronx. Quizás no haya intervención que borre el recuerdo de lo que fue El Cartucho y de lo que hoy es El Bronx, tierras de nadie en la que muchos murieron, incluyendo al mismo Mauricio Fonseca Cantor.

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