Condenan a ocho años de prisión a subintendente de la Policía por caso grafitero

Nelson Giovanni Tovar Pineda aceptó haber participado en la manipulación de la escena del crimen donde el joven Diego Felipe Becerra recibió un disparo por parte del patrullero Wilmer Antonio Alarcón.

Un juez de conocimiento de Bogotá condenó a ocho años de prisión al subintendente de la Policía Metropolitna, Nelson Giovanny Tovar por su participación y responsabilidad directa en los hechos que rodearon la manipulación de la escena del crimen en el caso del joven grafitero Diego Felipe Becerra Lizarazo quien murió el 19 de agosto de 2011.

El subintendente aceptó su responsabilidad en los hechos mediante la figura de un preacuerdo en el cual se comprometió a colaborar con las autoridades en las invetigaciones que se adelantan por la ubicación de un arma en el lugar de los hechos para así desviar la investigación desde un principio. (Ver Policía aceptará responsabilidad por manipulación de la escena del crimen en caso grafitero) 

El procesado, quien seguirá cumpliendo su condena en su domicilio, fue sentenciado por los delitos de fraude procesal, favorecimiento en homicidio, y alteración y manipulación de elemento material probatorio. Igualmente deberá pagar una multa de 210 salarios mínimos legales vigentes. (Ver “Estamos solos”: Nelson Tovar, subintendente de la Policía sobre caso grafitero)

En la diligencia judicial el procesado le pidió a la jueza de conocimiento que tome medidas dirigidas a garantizar su seguridad puesto que teme por su vida. Esto citando que en julio del año pasado sufrió un atentado en contra de su integridad personal en su domicilio. (Ver El policía que “se tiró” el caso del grafitero)

El subintendente, quien fue capturado en agosto de 2014, está cerca de firmar un preacuerdo con la Fiscalía General en el cual se compromete a aceptar su responsabilidad en los delitos imputados, lo que le valdría una rebaja en su pena de ser avalado por un juez de conocimiento. Igualmente se compromete a entregar información sobre otros implicados en este caso y ser testigo en los procesos penales que se adelantan.

El testimonio clave

El julio del año pasado, ElEspectador reveló la declaración entregada por el subintendente a la Fiscalía General en la que reveló todos los detalles que rodearon la obtención del arma de fuego que fue ubicada en la zona donde el patrullero Wilmer Antonio Alarcón –y condenado por estos hechos- le había disparado minutos antes al joven de 16 años.

Los patrulleros Nelson Tovar y Fleiber Zarabanda estaban en el CAI de la Alhambra cuando llegó su colega Freddy Navarrete (otro testigo de la Fiscalía que ya fue condenado a cuatro años por este caso) a preguntar si alguien tenía un arma adicional a la de dotación.

Tovar, en efecto, la tenía. Días antes, se había encontrado una pistola “Sterling, calibre 22 largo, pequeña, niquelada y de cacha negra”. Zarabanda sabía del arma y le insistió a su compañero que la pusiera a su disposición. Hasta ahí, en el razonamiento de los patrulleros, Becerra era un bandido y un policía estaba en aprietos por haberle disparado. “Zarabanda me dijo que por qué no le colaborábamos, que mañana podíamos ser nosotros los del problema”, cuenta Tovar.

Pero el patrullero tenía dudas y se fue a buscar al coronel Arévalo, entonces comandante de la estación de Suba. Ese oficial es uno de los tres coroneles investigados que este año quedaron libres por vencimiento de términos.

Entonces, Tovar y Zarabanda lo encontraron sentado en un andén junto a la escena del crimen, en la avenida Boyacá con calle 116.Lo saludaron, se le presentaron y le preguntaron si tenían que “colaborarle” a Alarcón. El oficial contestó que “si se iba a hacer algo tocaba hacerlo bien hecho, o si no, no”. “Dimos por entendido que él conocía sobre lo que nos había dicho Navarrete”, agrega Tovar.

Tovar, que siempre tuvo el arma en su poder, guardada en la cajuela de la moto, se fue junto con Zarabanda, supuestamente a buscar la pistola. Navarrete los llamó y les dijo que se dieran prisa. Cuando volvieron a la escena del crimen la encontraron llena de gente. Tovar se asustó al ver a tantos, entre ellos a un hombre vestido de negro que Navarrete le señaló como el asesor jurídico de la Policía de Bogotá. Luego supo que se trataba del abogado Héctor Hernando Ruiz.

Tovar, que conversaba con Navarrete, estaba a punto de entregarle el arma cuando Ruiz, quien estaba cerca y había escuchado la charla, se acercó al patrullero y le preguntó si la pistola ya había sido disparada. Al recibir un no como respuesta les dijo: “Vayan y la disparan a la vuelta”, cuenta el patrullero.

Ambos arrancaron en la moto. Se detuvieron en una esquina, cuando pasaban por el humedal Córdoba. Allí Zarabanda disparó “hacia el potrero”. Cinco minutos después volvieron a la escena del crimen. Allá se encontraron con Navarrete, Alarcón (quien le disparó a Becerra) y el abogado Ruiz. Tovar le entregó el arma a Alarcón, le dijo que se la tenía que pagar (algo que nunca sucedió) y se marchó a seguir patrullando. En el relato dice que Alarcón sabe quién plantó el arma.

En los siguientes días, Tovar vio en los noticieros cómo crecía el escándalo. “Nos empezamos a dar cuenta de que ese muchacho no era una bandido. Que la idea que nos habían vendido era otra”. En agosto de 2014 fue capturado y conducido a la cárcel de Facatativá, donde, dice, comenzaron las presiones.