Condenan a patrullero de la Policía por crimen del grafitero

Wilmer Antonio Alarcón fue sentenciado por el delito de homicido agravado. Se ordenó la captura inmediata del uniformado.

El juez 43 de conocimiento de Bogotá emitió sentido de fallo condenatorio contra el patrullero de la Policía, Wilmer Antonio Alarcón por su responsabilidad en el crimen del joven grafitero Diego Felipe Becerra Lizarazo en hechos registrados el 19 de agosto de 2011 en el norte de la capital de la República. En la diligencia judicial se ordenó la captura inmediata del uniformado adscrito a la Policía Metropolitana de Bogotá. 

El juez del caso determinó que el uniformado atacó de manera injustificada a Becerra Lizarazo, quie recibió un disparo en su espalda. Para el funcionario judicial no son de recibo los argumentos de la defensa del procesado quien aseguró que la acción se presentó en una legítima defensa por parte del patrullero quien se sintió amenazado por el joven.

Recuerda que existen diferentes dictámenes periciales que establecen que el joven nunca portó y mucho menos disparó un arma de fuego. Además en su maletín solamente se encontraron latas de aerosol. Para el juez de conocimiento todas las pruebas presentadas en el juicio permiten demostrar la responsabilidad del patrullero en estos hechos.

El próximo 27 de octubre se conocerá el monto de la condena. En los alegatos de conclusión celebrados la semana pasada la Fiscalía General pidió que la sentencia sea cercana a los 33 años de prisión, esto teniendo en cuenta que la víctima es un menor de edad. En contra de Alarcón se adelanta un proceso penal por su participación en la alteración de la escena del crimen. 

Según la Fiscalía General el patrullero tuvo conocimiento de la orden para obtener un arma de fuego en el mercado negro para ubicarla en el lugar donde minutos antes se había registrado la acción. La ubicación del arma de fuego tenía como objetivo desviar la investigación y presentar al joven como parte de una banda delincuencial que minutos antes había hurtado un bus de servicio público en la localidad de Suba. 

"Fueron cinco años de lucha"

Gustavo Trejos, padre del joven grafitero, celebró la decisión del juez de conocimiento. Reconoció que fue una lucha extensa puesto que durante cinco años la defensa del procesado se encargó de dilatar el juicio para buscar la impunidad. "Es un alivio para nosotros, se hace justicia en la parte penal". 

Los padres del menor manifestaron su preocupación frente al hecho que el procesado no se presentará en la diligencia judicial, miedo que aumenta más si se tiene en cuenta que el pasado jueves quedó en libertad por vencimiento de términos. 

"No sabemos si va a huir de la justicia, tengamos en cuenta que el fallo es condenatorio por el delito de homicido agravado y la pena no puede ser menor a los 33 años", precisó Liliana Lizarazo, madre del menor. 

"Estamos enfrentados a abogados sin ética, ni moral, que nos es importa hacer lo que sea para dilatar los procesos y no tener una pena condenatorio", aseguró. Consideran que fueron muchas las maniobras para aplazar este proceso penal.

En su concepto después de cinco años se logró una decisión de fondo. La mayoría de aplazamientos se presentaron por solicitudes de nulidad, apelación y aplazamiento por parte del abogado defensor, quien por más de un año y medio logró dilatar el caso. 

El montaje

En el proceso se demostraron que el patrullero faltó a la verdad cuando dio detalles sobre los hechos que rodearon el tiempo, modo y lugar de la muerte del joven de 16 años. 

"En un principio dijo que el atraco había sido sentido sur - norte, que los delincuentes se habían subido en Castilla y que el atraco lo habian realizado en la calle 116. La Fiscalía logró demostrar que los jovenes se desplazaron de la calle 169 hasta la calle 116 y en el recorrido hicieron 18 graffitis", explicó Trejos.

Durante el juicio se presentaron  videos de los jovenes pintando. "Hay pruebas que demuestran que las pinturas utilizadas en los graffitis eran la mismas que tenia Diego Felipe en sus manos", explicó.

Igualmente que el joven artista urbano nunca portó el arma de fuego que aparecía en la zona, la cual presentaba fallas para su accionar. "Diego Felipe no tenía rastros de pólvora en sus manos, las huellas no estaban en el arma. La pistola fue ubicada dos horas después en el lugar".