Para acceder a la pensión de sobrevivientes

Convivencia en pareja no exige habitar bajo el mismo techo

La Corte Suprema de Justicia condenó a una empresa a reconocerle a una mujer una pensión, a pesar de que la demandante y su cónyuge fallecido residían en domicilios diferentes.

La convivencia de la pareja, para efectos de acceder a la pensión de sobrevivientes, debe ser examinada en el caso concreto. / iStock

La ley colombiana precisa que entre las personas habilitadas para reclamar la llamada pensión de sobrevivientes está el cónyuge o compañera permanente, siempre y cuando demuestre que convivió con el fallecido por lo menos cinco años continuos antes de su muerte.

Pero dicha convivencia no se puede interpretar de forma rígida al punto de concluir que una forzosa separación de hecho de la pareja rompe el lazo afectivo y echa por la borda la aspiración del cónyuge o compañero sobreviviente de reclamar la pensión que aquél o aquélla devengaba.

Así lo reiteró la Sala Laboral de la Corte de Suprema de Justicia al condenar a una empresa a pagarle la pensión de sobrevivientes a una mujer, con ocasión del fallecimiento de su cónyuge, con quien no convivió bajo el mismo techo durante los cinco años anteriores al deceso.

La compañía demandada le negó a la señora la prestación solicitada argumentando el incumplimiento del requisito de convivencia mencionado. Y aparentemente era así, ya que el fallecido tenía su residencia en Puerto Nare (Antioquia), mientras que la demandante lo tenía en Santo Domingo. Además, el esposo visitaba a su cónyuge cada mes o cada dos meses en Medellín, en la casa de una de sus hijas o en su residencia propia en Santo Domingo. En su vida diaria, ambos se encontraban cerca de Puerto Nare y allí pernoctaban y en aquellos encuentros habituales el causante entregaba a su esposa los recursos económicos necesarios para su sostenimiento y el de sus hijos.

Se explica en la sentencia que el motivo de viaje del fallecido fue laboral inicialmente y, con posterioridad, la razón fue atender con uno de sus hijos un negocio hotelero. Otra razón por la cual la pareja no vivía bajo el mismo techo era que el cónyuge no soportaba el clima frío de Santo Domingo y ella no toleraba el clima caliente de Puerto Nare. Sin embargo, a pesar de la distancia, siempre mantuvieron los lazos afectivos y su relación estuvo vigente sin que en ningún momento hubiesen tenido la intención decidida de dejar de compartir sus vidas.

En ese contexto, con ponencia del magistrado Rigoberto Echeverri Bueno, la Corte consideró que la convivencia entre los esposos o compañeros permanentes, para efectos de acceder a la pensión de sobrevivientes, debe ser examinada y determinada según las particularidades relevantes de cada caso concreto.

Y debe ser así, explicó, por cuanto esta exigencia puede presentarse y predicarse incluso en eventos en que los cónyuges o compañeros no puedan estar permanentemente juntos bajo el mismo techo, en razón de circunstancias especiales como salud, trabajo, fuerza mayor o similares. Lo anterior, enfatizó el fallo, no conduce de manera forzosa a que desaparezca la comunidad de vida de la pareja, si claramente se mantienen vigentes los lazos afectivos, sentimentales, de apoyo, solidaridad, acompañamiento espiritual y ayuda mutua.

Y un mensaje final: que la intencionalidad de la convivencia como pareja a pesar de la distancia y la intención de ambos de mantener vigente su unión marital es lo que determina una real convivencia que, eventualmente, dé viabilidad al reconocimiento de este derecho pensional.