Coronel Plazas Acevedo, a rendir cuentas

El oficial (r) estuvo prófugo desde 2003 y es investigado por el crimen de Jaime Garzón.

El coronel (r) fue detenido mientras caminaba junto a su hijo en el Meta. / Fiscalía

El hombre clave para desentrañar los secretos de la empresa criminal que, a finales de los años 90, fraguaron altos mandos del Ejército en alianza con los paramilitares fue recapturado este jueves en San Martín (Meta). Se trata del coronel (r) Jorge Eliécer Plazas Acevedo, alias Don Diego, salpicado por el crimen del humorista Jaime Garzón, el secuestro de la periodista Jineth Bedoya, el rapto y posterior asesinato del industrial israelí Benjamín Khoudari y el homicidio de los investigadores del Cinep Mario Calderón y Elsa Alvarado.

Durante once años Plazas Acevedo se mantuvo a la sombra, prófugo de la justicia, mientras sobre su espalda pesaban una orden de captura internacional, un juicio por su presunta participación en el homicidio de Garzón y la condena de 40 años por el crimen de Khoudari. Precisamente cuando purgaba esta pena, en la Escuela de Artillería de Bogotá, logró fugarse el 24 de julio de 2003. Sin embargo, la clandestinidad en que permaneció por una larga década terminó frustrada por unas interceptaciones telefónicas realizadas por la Fiscalía, las cuales revelaron su paradero: los Llanos Orientales.

Lo demás fue cuestión de paciencia, de esperar a que Plazas se acercara a una de las fachadas que el Gaula de la Policía había instalado en San Martín para no perderle el rastro. El Espectador estableció que fue capturado en vía pública de este municipio cuando caminaba junto a su hijo. En un primer momento se identificó con una cédula falsa, pero las autoridades sabían que era él, pues vivía en el casco urbano. Ahora se espera que aporte información sobre los crímenes en los que está involucrado y sobre la alianza entre militares y autodefensas.

Precisamente, Plazas Acevedo es la piedra angular de uno de los capítulos de expansión paramilitar sobre el que muy poco se ha indagado: el bloque Capital, que operaba principalmente en Bogotá. Una estructura que, según los exjefes paramilitares, se consolidó en colaboración con la Brigada XIII del Ejército, cuando el general (r) Rito Alejo del Río —condenado a 26 años de cárcel por el asesinato de Marino López en Chóco— la comandaba entre diciembre de 1997 y noviembre de 1998 y Plazas oficiaba como jefe de Inteligencia de la misma, desde agosto de 1998.

Tanto así que Jesús Emiro Pereira, alias Huevo Pisca, comandante financiero del bloque Centauros y el bloque Capital, sostuvo que él mismo pagaba los salarios de José Húber Coca, alias Camilo Coca, y Graciano Goez, dos de sus hombres, para que recibieran órdenes del coronel: “Plazas Acevedo era el jefe de ellos dos y yo únicamente les pagaba el sueldo”. Esto le permitió a la Fiscalía concluir, en la acusación contra el oficial retirado, que estos dos sujetos “se dedicaban a perpetrar actividades delictivas a órdenes de Plazas”. Huevo Pisca también reveló que fue el general (r) Rito Alejo del Río quien le presentó a Plazas “para cuadrar cosas con las autodefensas”, ya que los dos oficiales eran simpatizantes del grupo armado ilegal.

Esta alianza, según ha podido documentar la Fiscalía, fue la que fraguó y ejecutó el crimen de Jaime Garzón. Un acuerdo en el que Plazas Acevedo “utilizó su autoridad y cargo” para ordenar seguimientos en contra del periodista, vigilarlo, hostigarlo y finalmente asesinarlo. El guerrillero Darwin Betancourt, detenido en la Brigada XIII para 1999 y quien se desempeñaba como informante para lograr capturas, sostuvo en enero de 2010 que Plazas tenía a uno de sus hombres dedicado a seguir a Jaime Garzón y que en una ocasión pudo ver los videos de esas persecuciones.

“En esos videos yo vi a Jaime Garzón con botas de caucho y la ropa embarrada subiéndose a una camioneta como verde oscuro o azul oscuro o gris. Estaba en medio de una neblina allá en Nazaret, que queda en Usme”, señaló. Plazas también le pidió a Betancourt que dijera en la Fiscalía que el periodista tenía vínculos con las Farc, pero el exguerrillero se negó.

Para el abogado Luis Guillermo Pérez, apoderado de las víctimas en el caso de Jaime Garzón, es fundamental que a Plazas se le den las garantías para que pueda contar todo lo que sabe, “no sólo en el crimen de Jaime, sino también en la relación que tienen Rito Alejo del Río y otros altos mandos militares con la expansión y el desarrollo del paramilitarismo, sobre el traslado de hombres de las autodefensas del Urabá al Guaviare y de otros crímenes de la época”.

Precisamente, nueve meses después del asesinato de Jaime Garzón se perpetró el secuestro de la periodista Jineth Bedoya, quien entonces era reportera de El Espectador y denunciaba actos de corrupción en la cárcel Modelo de Bogotá. Por este caso, en septiembre de 2012, la Fiscalía ordenó la detención preventiva por los delitos de secuestro, tortura y acceso carnal de los paramilitares Mario Jaimes Mejía, alias El Panadero, Alejandro Cárdenas Orozco, alias JJ, y Huevo Pisca. Es decir, la misma organización en Bogotá.

En septiembre de 2003, la Procuraduría consideró en un fallo que Plazas Acevedo “como teniente coronel y jefe de inteligencia del B-2 de la Brigada XIII conformó y dirigió bajo el seudónimo de Don Diego una bien organizada banda de plagiarios”. Precisamente, los tentáculos de este coronel (r) también llegaron hasta una serie de secuestros y homicidios que se perpetraron en Bogotá durante 1999. El Ministerio Público lo sancionó con destitución y separación absoluta de las Fuerzas Militares, “por su participación dolosa en las desapariciones forzadas de Wilson Martínez Quiroga, Martha Cecilia Velásquez, en el secuestro extorsivo de Luis Antonio Castro, secuestro extorsivo y posterior homicidio de Benjamín Khoudari, incremento patrimonial injustificado, conductas éstas imputables por haber liderado una banda dedicada al plagio”.

Además, el exjefe paramilitar Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, también señaló que la inteligencia militar, bajo el mando de Plazas, habría sido la entidad que aportó información para cometer el homicidio de Elsa Alvarado y Mario Calderón, investigadores del Cinep asesinados en su apartamento en Bogotá en mayo de 1997. Por eso su captura significa haber encontrado el eslabón perdido de muchos crímenes que se perpetraron con su complicidad y aporte.
Por ahora está en manos del Gaula de la Policía, a la espera de su traslado a Bogotá. Se dice que conoce muchos secretos que de ser revelados podrían aclarar muchos expedientes y nexos entre la mafia, el paramilitarismo y el Estado. ¿Se atreverá a hablar?