En lo corrido del año se ha capturado a 961 miembros de Bacrim

La ofensiva en contra de estas organizaciones ha dejado un saldo positivo para las autoridades. Ocho cabecillas capturados y uno muerto es el balance general.

El último año y medio ha sido satisfactorio para la Fuerza pública en su balance contra la lucha de las Bandas Criminales. Según el Ministerio de Defensa se ha logrado reducir en un 7% las filas de las bacrim. De las 36 organizaciones que existían en 2006, hoy sólo quedan cuatro –Rastrojos, Urabeños, disidencias Erpac y Renacer–. Asimismo, aseguraron que los Urabeños actualmente manejan el 67% de hombres vinculados a estas organizaciones a nivel nacional y, según las autoridades, el resto de las bacrim están a punto de extinguirse.

Las guerras libradas entre los Urabeños y los Rastrojos dejaron entrever el poder que los primeros tenían sobre el resto de las organizaciones. Dairo Antonio Úsuga David, alias ‘Otoniel’, es según las autoridades el último gran cabecilla que aún está en libertad. Este hombre que lleva más de 25 años en la guerra después de haber pasado por las filas guerrilleras y paramilitares, construyó junto a su difunto hermano, Juan de Dios Úsuga, el imperio de los Urabeños. Este hombre es la prioridad del Estado y según fuentes del Ministerio de Defensa, se aproxima su captura y sería la debacle de las bacrim.

Para el Gobierno capturar a ‘Otoniel’ sería el último golpe necesario para terminar de fragmentar a estas organizaciones. Este máximo cabecilla, dicen las autoridades, continúa siendo un factor de coacción y el eje central al que el resto de la organización le rinde cuentas, pero si su caída se da, se agudizaría el conflicto interno entre los capos emergentes que querrían tomarse el control de los Urabeños.

Para la Fuerza Pública, el tiempo que duran estos nuevos líderes al frente de una bacrim es de un año aproximadamente, porque su juventud no los legitima frente a los otros miembros de la banda criminal. Eso es lo que, aseguran las autoridades, ha pasado con organizaciones como la Oficina de Envigado, los Rastrojos y las disidencias de Erpac.

Desde el Ministerio han argumentado que en muchos casos se desconoce cuáles son las características de estas organizaciones y que en muchas oportunidades les acreditan crímenes que en realidad pertenecen a la delincuencia común y no al crimen organizado. Han manifestado que para catalogar a una organización como bacrim estas deben tener potencial militar, presencia en todo el territorio nacional, no tener ideología política y financiarse a través del narcotráfico con capacidad de rutas a nivel trasnacional.

La batalla en los estrados judiciales ha tenido la misma efectividad. De las 1.300 imputaciones de cargos realizadas por los fiscales de la Unidad Bacrim, se ha logrado poner tras las rejas al 95% de los procesados. Sólo han quedado en libertad 63. Asimismo, de las 1.651 órdenes de captura, se han hecho efectivas 1.106.

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