Una alianza de El Espectador y Mutante.org

hace 2 horas

Cuando la Sijín hacía 'limpieza social' en Urrao

Agentes asesinaron en 1994 al hermano de un supuesto vendedor de drogas y a otros habitantes de este pueblo.

Los agentes se convirtieron en el terror de Urrao entre 1993 y 1995. / Archivo
Los agentes se convirtieron en el terror de Urrao entre 1993 y 1995. / Archivo

“La Fuerza Pública debe eliminar el discurso maniqueísta que clasifica a los muertos entre buenos y malos para justificar la muerte de los segundos con el argumento del bien que, supuestamente, se le hace a la comunidad con la desaparición física de determinadas personas”, resalta el Consejo de Estado en un reciente fallo en el que condena a la Nación a indemnizar a los familiares de una víctima de un grupo de ‘limpieza social’ compuesto por agentes de la Sijín y que entre 1993 y 1995 fue el terror de los pobladores de Urrao, Antioquia.

El Consejo de Estado resalta que los uniformados, dirigidos por un civil, Carlos Humberto Navarro, realizaron “asesinatos y desapariciones de personas que tuvieran vínculos con grupos al margen de la ley o señalados de traficar con estupefacientes”. De acuerdo con los testigos, en la madrugada del 4 de septiembre de 1994, agentes de la Sijín ingresaron a la vivienda de la familia Oquendo. Buscaban a Luis Oquendo, conocido como Tocayo, que, supuestamente, estaba en negocios ilícitos. No lo encontraron. Entonces sacaron a toda la familia y la intimidaron. A Bernarda y a John Jairo, madre y hermano de Tocayo, los encerraron en uno de los cuartos de la residencia y les dispararon, matando a la mujer. John Jairo sobrevivió. Los uniformados se fueron, pero volvieron, lo sacaron de su casa y lo asesinaron. La Fiscalía inició sus pesquisas en 1994 por el asesinato de Bernarda y John Jairo y por otros homicidios. Al principio se señaló como responsables de la ‘limpieza’ a los paramilitares; sin embargo, las evidencias demostraron que tras los crímenes había uniformados.

Las investigaciones apuntaron hacia Carlos Humberto Navarro y los agentes de la Sijín Óscar L. Castillo, José A. Palacio, Luis E. Mendoza y Diego Javier Sánchez. El 15 de enero de 1999 un juzgado de Antioquia condenó a los agentes a 11 años de prisión por estos hechos. En su fallo se mostró indignado de que los representantes de la autoridad fueran los realizadores de las ‘limp0iezas’ y advirtió que cuando los uniformados se fueron del municipio, “volvió la calma”.

Sin embargo, en octubre de 2001 el Tribunal Superior de Antioquia absolvió a los agentes porque, según el Consejo de Estado, “el delito que se les imputaba ya no estaba regulado”. Para esa corporación, no obstante, aunque los uniformados fueron absueltos, “no se puede desconocer que existían graves indicios sobre su participación en desapariciones, amenazas, intimidaciones y homicidios de habitantes del municipio”, indicó en una sentencia relacionada con este caso. La Procuraduría, en enero de 2003, absolvió a los uniformados con base en el fallo del Tribunal, porque en su criterio el testigo clave del proceso era mentiroso y porque según unos documentos, los agentes llevaban pocos meses en Urrao cuando se presentaron varios de los hechos y se fueron antes de la ocurrencia de los demás. Por ello, concluyó que “sobre las desapariciones o secuestros, no existe prueba que acredite que en su consumación participaron servidores públicos”.

Pese a la absolución de los uniformados, el Consejo de Estado se sostuvo en su tesis de que tras los asesinatos en Urrao hubo uniformados. En el fallo en el que condena a la Nación por la muerte de John Jairo Oquendo, enfatiza: “Hechos como estos son una vergüenza. Lo único que producen es repudio hacia las Fuerzas Armadas. Resulta inadmisible la participación de agentes en el señalamiento y ejecución de ciudadanos, en las mal llamadas limpiezas sociales, sólo por el hecho de que los ajusticiados, presuntamente, hacían parte de grupos al margen de la ley o eran delincuentes”. Y concluye: “La muerte injusta de una persona con antecedentes delictivos continúa siendo injusta a pesar de los antecedentes que registre y será tan injusta, tan insoportable, tan repudiable como la de un hombre bondadoso”.

[email protected]

@juansjimenezh

Temas relacionados