Detalles de la denuncia de abuso sexual contra Antonio Morales

Se espera que en los juzgados de Paloquemao, en Bogotá, se determine pronto cuándo será la audiencia de imputación de cargos contra el reconocido periodista.

Archivo El Espectador

El jueves 15 de enero a primera hora, el periodista Antonio Morales volvió al programa que presenta para Canal Capital, ‘El primer café’. Este 2015, sin embargo, está lejos de ser "un año más" en la vida de quien fuera uno de los amigos más cercanos de Jaime Garzón y cómplice del humorista en proyectos como el noticiero de humor político Quac. El pasado martes 13 de enero, a las 8 a.m., Morales estaba citado en los juzgados de Paloquemao para ser notificado de que la Fiscalía empezará a investigarlo formalmente por lesiones personales y abuso sexual. La audiencia se aplazó no por el paro judicial, que seguía vigente esa mañana, sino porque el defensor de Morales presentó una excusa médica que justificó la ausencia del periodista.

En esta historia hay dos frentes: en uno está Ana María González Olaya, la abogada caleña de 25 años que fue pareja de Morales entre 2013 y 2014 y que hoy apunta su dedo acusador contra su exnovio, acusándolo de haberla maltratado psicológicamente durante casi toda la relación que sostuvieron. "Me han llegado mensajes de que hago esto por razones políticas, que se trata de un complot de desprestigio contra él, contra el canal (Capital), contra la izquierda. Esas personas que me señalan siento que lo hacen por idolatría, no quieren separar los ideales de hechos concretos. Hasta Antonio me ha dicho que soy una loca despechada pero no me aterran esos comentarios, solía hacérmelos cuando amenazaba con ir a la Policía o a la Fiscalía", le dijo González a este diario.

En el otro está Morales, de 59 años, antropólogo, escritor, ganador de varios premios de periodismo y símbolo de irreverencia. Ha respondido a las denuncias que González ha hecho en estos últimos días a través de redes sociales –y de quienes han optado por atacar al periodista en nombre de ella– por los mismos canales: "Me declaro absolutamente inocente (…) Jamás he cometido ni cometería actos de los cuales se me imputa. Sólo respondo ante la justicia en la que creo y defiendo". El Espectador buscó a Morales para hablar con él sobre este episodio, pero señaló que por ahora prefería limitarse a lo manifestado por Twitter y por Facebook: "Reclamo derecho a la presunción de inocencia y a no ser estigmatizado sin que la justicia se haya pronunciado".

Según González, ella y Antonio Morales se conocieron porque él la buscó en redes sociales e insistió en que se vieran personalmente. "En octubre de 2013 formalizamos la relación y en enero me radiqué en Bogotá. Él vivía pendiente de mí, me ayudó con todo cuando me fui de Cali, pero luego me di cuenta de que buscar mujeres por redes sociales es su modus operandi. Lo hizo hasta cuando estaba conmigo", manifestó González. Hasta que, en la madrugada del 17 de mayo de 2014, un Morales, supuestamente en estado de embriaguez, la llamó y le pidió que fuera a su apartamento, en donde la habría violado: eso fue lo que González denunció en Medicina Legal.

En el informe del organismo forense que la Fiscalía tiene en su poder, se lee que González fue el lunes 19 de mayo a las 7:51 p.m. a sus instalaciones para ser examinada. Según deja ver el documento, no fue posible recuperar evidencia con la cual se puedan practicar exámenes de ADN. El médico legista que la revisó encontró una equimosis (moretón) "de 2 x 1 cm” en la parte inferior interna del glúteo derecho y otros dos "de 1 x 1 cm” en las palmas de ambas manos por la zona del dedo pulgar. Se concluyó que el mecanismo traumático de lesión era “contundente” y que ameritaba una incapacidad definitiva de 10 días y una valoración psiquiátrica forense.

Ese mismo día, antes de ir a Medicina Legal, González le escribió un correo al gerente de Canal Capital de la época, Hollman Morris: “En un evento pasado esperé un pronunciamiento y la adopción de medidas ciertas y conducentes de su administración tras las amenazas recibidas por el periodista Antonio Morales. La conducta no solo ha sido reiterativa, sino que comprometió en esta última ocasión mi integridad física”. Continuó: “Varios han sido los escenarios de agresión, muchos de ellos derivados del abuso de sustancias psicoactivas”. Anunció que impulsaría con pruebas una investigación. Y cerró el mensaje diciendo: “Espero que se rechace categóricamente comportamientos de este tipo y no se tolere la violencia contra la mujer.

Morris le dijo a El Espectador que, una vez conoció del caso, su respuesta fue enviarlo a control interno. “Yo sólo le hago y le haré caso a la justicia. El señor Morales tiene derecho al beneficio de la duda y a la legítima defensa, y mientras no se le compruebe nada no es culpable. Es un asunto en el que primero tienen que pronunciarse las autoridades. Es muy delicado”. Cuestionado sobre por qué no tomó alguna medida quizá más contundente, Morris dijo: “Cualquier actuación del canal hubiera podido inclinar la balanza y tal vez cometer una injusticia. Sobra decir que el señor Antonio Morales merece todo mi respeto”. Este fue el único reporte de abuso sexual que Morris recibió en contra de alguien de su equipo durante su paso por el canal.

El día después de la presunta violación, González fue a la estación de Policía de Santa Fe, ubicada en el centro de Bogotá. Lo que se radicó ese día, sin embargo, no fue una denuncia por abuso sexual sino la querella 0484 contra Morales por agresiones y convivencia. No era la primera vez que ella lo reportaba; lo hizo, por ejemplo, el 15 de marzo del año pasado, pidiéndole a la Policía que citara a su entonces novio porque éste, aseguró ella, la amenazaba. Con la querella 0484, el periodista quedó con una orden de comparecencia para el 3 de junio. Si él no aparecía, advertía el documento, “se archivarán las diligencias”. González le dijo a este diario que el policía que recibió su denuncia hizo mal la tarea porque ella en realidad quería denunciar la violación.

Aun así, tanto ella como él acudieron a la cita del 3 de junio. En el acta 0484 de esa fecha se lee que González expresó que quería "dejar constancia de las agresiones físicas y verbal(es)" de Morales, de su alcoholismo e ira y de que le había exigido "disculpas públicas de acuerdo a lo que él se desempeña". Él replicó: "No se puede tratar un tema de convivencia ya que no convivimos juntos, sólo fue algo ocasional". Negó que fuera alcohólico y se rehusó a ofrecer disculpas públicas porque sería admitir lo que no había hecho. En el acta nada se lee de abuso sexual. González, no obstante, se negó a firmarla alegando que no habían consignado "la totalidad de las intervenciones" y que la versión de Morales "no se compadec(ía) de la realidad".

A partir de ese momento, González ha asistido a consultas médicas y psiquiátricas en Bogotá y en Cali, no menos de 10 citas en seis meses. De acuerdo con su historia clínica, en poder de la Fiscalía, el pasado 22 de mayo –cinco días después del denunciado abuso– se hizo ver por un médico de un centro de Colsubsidio, el cual diagnosticó que tenía dolor pélvico y perineal y ordenó para ella una consulta psiquiátrica prioritaria. Cuatro días más tarde le diagnosticaron un “trastorno mixto de ansiedad y depresión”. El 25 de junio tuvo una cita otorgada por la EPS SOS Servicio Occidental de Salud y el diagnóstico fue confirmado. Ese mismo día, la Fiscalía le solicitó protección a la estación de Policía de Santa Fe para González.

El 5 de julio, en el Hospital San Ignacio le dieron una incapacidad de 12 días por “enfermedad general”. Dos días después, una trabajadora social de Colsubsidio le envió a la Unidad de Delitos Sexuales de la Fiscalía un reporte del caso de González, “quien inicia tratamiento integral por presunto A.S (abuso sexual) ocasionado por conocido según refiere la paciente”, y se anexó copia de la historia clínica. Para ese momento, ya le habían recetado antidepresivos y los médicos detectaban en ella ideas de minusvalía, de culpa, delirios de persecución; veían su tristeza, su desánimo. El 27 de agosto confirmaron que tenía estrés postraumático. El 14 de noviembre, en la clínica de salud mental Basilia de Cali, se detectó también que su juicio de realidad estaba “comprometido”.

Este fue el ocaso de una relación siempre tormentosa. Meses más tarde, González vio su vida convertida en un mar de lágrimas y en múltiples citas con especialistas médicos que detectaron su mal estado. En algún momento identificaron en ella ideas suicidas, pero, certificaron los médicos posteriormente, se disiparon. La versión de Morales es que “se trata de una total calumnia con ecos mediáticos, potenciada por enemigos políticos con el propósito de ensuciar mi buen nombre (…) Mi vida limpia y pública habla por ella misma”. González, por su parte, señala: “Él trató de disuadirme para que no interpusiera las denuncias. Me dejó claro que su posición iba a ser de defensa, que iba a decir que fue consensuado. Ya contacté a Sisma Mujer, allá me advirtieron que tuviera cuidado con la estrategia del tipo y que siguiera adelante”.

La justicia, sólo la justicia, tiene la potestad de determinar qué fue lo que realmente sucedió entre Ana María González y Antonio Morales la madrugada de ese 17 de mayo de 2014. Tanto él como ella han asegurado que confían en los resultados que arrojará la investigación penal que se declarará formalmente abierta cuando, en los juzgados de Paloquemao en Bogotá, se pueda realizar la imputación de cargos en contra del periodista. La fecha de esa audiencia sigue por definirse.

Nota del editor: algunos detalles de este artículo que estaban en su versión original fueron omitidos por solicitud de la denunciante, Ana María González, quien los consideró demasiado crudos o invasivos de su privacidad. Se agregó también otra declaración de ella, en la que cuenta que contactó a Sisma Mujer. Por las respuestas agresivas que ha recibido en redes sociales por cuenta de la foto en la que ella aparece con Antonio Morales cuando todavía eran pareja, ella pidió también que la retiráramos y así se hizo.
 

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