El afán de 'Botalón'

En reiteradas ocasiones el exjefe paramilitar negó su participación en una masacre en Santander, por la que fue condenado este mes. Ahora parece que quiere cambiar su versión.

Arnubio Triana Mahecha, alias ‘Botalón’. / Archivo - El Espectador
Arnubio Triana Mahecha, alias ‘Botalón’. / Archivo - El Espectador

En reiteradas ocasiones el exjefe paramilitar negó su participación en una masacre en Santander, por la que fue condenado este mes. Ahora parece que quiere cambiar su versión.

El exjefe paramilitar Arnubio Triana Mahecha, alias Botalón, anda corriendo para que una reciente condena y un proceso próximo a concluir no lo saquen de Justicia y Paz y lo dejen sin sus beneficios. Estos dos expedientes podrían impedir que Botalón quede en libertad el año próximo al cumplir ocho años de reclusión, que es la pena máxima en el marco de Justicia y Paz.

El meollo del asunto radica en que los dos procesos corresponden a hechos de los que Botalón nunca ha reconocido su responsabilidad: dos masacres ocurridas en Santander en 1986 y 1987 y en las que murieron 26 personas. De comprobarse que el exjefe paramilitar le mintió a la justicia sobre su participación en estos hechos y que además no ha dicho toda la verdad, su permanencia en Justicia y Paz quedaría en entredicho. Por ello, de acuerdo con fuentes consultadas por este diario, Botalón estaría interesado en cambiar su versión y le habría pedido a la Fiscalía que lo escuche una vez más.

La entidad examina si le da una nueva oportunidad o no. Al parecer, lo que más preocupa al exjefe paramilitar es un reciente fallo en el que el Tribunal Superior de Bogotá confirma la sentencia de 28 años de prisión que se le impuso en diciembre del año pasado por su participación en la masacre de 14 personas en Cimitarra (Santander), ocurrida el 3 de abril de 1987.

En sus versiones libres, Botalón siempre ha dicho que, aunque hizo parte de los paramilitares, no tuvo nada que ver con hechos violentos y que no se le puede achacar ningún asesinato. Pero el Juzgado 41 de Bogotá encontró pruebas suficientes de que esto no era verdad y de que Botalón había estado detrás de varias masacres realizadas por los ‘paras’ en el Magdalena Medio.

Por eso lo condenó a finales del año pasado. La sentencia fue apelada por los abogados de Botalón, que pusieron en duda a un testigo clave del proceso: el exjefe ‘para’ Alonso de Jesús Baquero, alias Vladimir, a quien se refirieron como un mentiroso al que no se le podía creer porque varias veces había cambiado su versión sobre la masacre.

Ciertamente, Vladimir lo había hecho. Primero dijo que Botalón había participado en la masacre que, según él, había sido propiciada por militares, entre ellos el general Rito Alejo del Río —condenado a 25 años de prisión por vínculos con los ‘paras’—, y que la masacre había sido la respuesta a un hostigamiento de las Farc al batallón Rafael Reyes.

Luego, no obstante, aseveró que Botalón no había tenido nada que ver con el hecho. Pero las autoridades descubrieron que Vladimir no era ningún mentiroso sino que estaba siendo amenazado para que cambiara su testimonio. Jefes paramilitares y sus abogados le habían mandado a decir que cambiara su versión, que ellos le pagarían los gastos necesarios para que rindiera un nuevo testimonio y, en cambio, no atentarían contra sus familiares, entre los que se encuentra una hermana con la que Botalón había tenido un hijo. Así se lo confirmó Vladimir a la justicia.

Incluso, por estas mismas presiones, y por orden de la Corte Suprema de Justicia, el proceso pasó de un juzgado en Santander a uno en Bogotá, para evitar que Botalón interfiriera en la investigación. “La situación es muy clara: Baquero se retractó de las imputaciones que había hecho contra Triana en razón de las presiones a las que fue sometido por éste y que se hicieron efectivas a través de sus familiares y varios abogados”, consignó el tribunal en su fallo, en el que cuestionó además que, en su criterio, quienes presionaron a Vladimir cometieron el error de creer que la condena contra Botalón se basaba únicamente en sus declaraciones.

El tribunal señaló que “Triana pretendió hacer creer a la justicia que sólo se vinculó a las Autodefensas en 1988, que durante mucho tiempo se desempeñó como un simple escopetero, que no incurrió en conducta violenta alguna. Sin embargo, este relato exculpatorio no merece crédito y es desvirtuado por la abundante prueba que lo señala como uno de los autores de la masacre”. Luego expresó que “el esfuerzo desplegado por Triana para mostrarse a sí mismo como un altruista comandante paramilitar ajeno a hecho de sangre alguno y la forma sistemática como se propició la retractación de los testigos y se aseguró el silencio de quienes podían incriminarlo, no deja de ser una empresa fallida”.

Y prosiguió: “Está probado que hizo parte del grupo de criminales que acudieron a esa vereda, seleccionaron a las víctimas, las asesinaron cruelmente y luego arrojaron a sus cadáveres al río Carare, evidenciando total desprecio por la dignidad de unos seres humanos, a los que se limitó a tratar como simples cosas”. A renglón seguido, el tribunal lamentó que, en su criterio, “conductas de este tipo son conocidas en los estrados judiciales”.

“Criminales como Baquero también asumieron posturas similares, ya que empezaron negando toda participación en masacres de campesinos desarmados e indefensos y con la más intensa retórica se mostraron incapaces de atentar contra la dignidad de ser humano alguno y todo ello para luego, ante el peso de la evidencia en su contra, terminar admitiendo su coautoría en crímenes de ese tipo que, como se sabe, ofenden a la humanidad entera”.

Ahora, ante la posibilidad de perder sus beneficios y con un proceso a punto de concluir que le podría sumar una nueva condena a su prontuario, es probable que Botalón recule, dilucide su participación en esta masacre y acabe con la fachada de la que se queja el tribunal, y a la que han recurrido en sus versiones libres varios jefes paramilitares para hacerle creer a la justicia que no fueron criminales sino héroes en desgracia.