El debate por la lucha mundial contra las drogas

Las Naciones Unidas, Gobiernos y organizaciones no gubernamentales dialogaron sobre el cambio de rumbo de una estrategia menos represiva,

La conferencia se lleva a cabo de República Dominicana.

Dejar atrás los debates sobre la oferta y demanda de las drogas, trabajar en políticas públicas para el acceso a la salud y a la justicia, reducir el daño que ha generado el consumo y tráfico de sustancias sicoactivas, y evitar la proliferación de estrategias represivas que antes de pensar en la persona son violatorias a los derechos humanos, son algunas de las discusiones que se han dado en el marco de la VI Conferencia Latinoamericana y I Conferencia Caribeña sobre Políticas de Drogas en Santo Domingo (República Dominicana). Un espacio en el que organizaciones no gubernamentales, Naciones Unidas y representantes de distintos gobiernos se han sentado a dialogar sobre la efectividad de las nuevas líneas de acción que quedaron planteadas en el documento de la UNGASS (una sesión especial de las Naciones Unidas) en junio de este año.

La Asamblea General de la ONU planteo hace pocos meses una nueva estrategia en la lucha contra las drogas que se centró en seis puntos. La principal preocupación de los países: lograr implementar las recomendaciones en el marco del cumplimiento de los 17 objetivos para el desarrollo sostenible que firmaron las naciones del mundo en septiembre de 2015. Según Aldo Lale-Demoz, director ejecutivo adjunto de la Oficina de la Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (UNDOC), sostuvo que luego de dos años de intensos debates en los que se incluyó a la sociedad civil y organizaciones no gubernamentales, se logró un consenso general en el que la salud pública, los derechos de los niños, el enfoque de género, el desarrollo integral y la desarticulación de grandes redes de narcotráfico son los grandes retos.

Aldo Lale-Demoz agregó que, si bien el documento de UNGASS es una hoja de ruta, los países comprendieron que sus dinámicas internas son diferentes y que no puede ser homogénea la estrategia en la lucha contra las drogas. Sin embargo, precisó que se dieron grandes pasos en los últimos años, en el que el debate es más comprensivo y sofisticado y no solo compete a las instituciones del Estado, sino que se vinculó y escuchó a la sociedad civil, lo que permitió ya no solo ver un enfoque represivo sino complementarlo con un trabajo en políticas públicas en las que se piense más en el consumidos, quien deja de ser visto como un delincuente.

El documento UNGASS planteó seis puntos guías para enfrentar el problema de las drogas y en el que la persona es el eje. El primero se centra en el derecho a la salud, un paso importante para las Naciones Unidas porque considera que ya hay convicción en los gobiernos sobre las enfermedades conexas al problema de las drogas -por el uso de jeringas- como el VIH y la hepatitis. La propuesta se centra en atender la situación como un tema de salud pública, permitiendo el acceso y no castigarlo al enviarlo obligado a que se someta a tratamientos de rehabilitación. En pocas palabras, evitar la estigmatización y no vulnerar sus derechos.

El segundo punto del documento de la Naciones Unidas en 2016 les recomienda a los gobiernos en centrarse a desarticular las grandes redes de narcotráfico y no simplemente a incrementar capturas con los eslabones más débiles de la cadena, como los consumidores o cultivadores. El informe del UNGASS sostiene que se debe atacar el lavado de activos y estructuras de financiación. Frente a este tema, Julián Wilches, exdirector de Política contra las Drogas del Ministerio de Justicia de Colombia, sostuvo que atacar al narcotráfico se tiene que centrar en el tráfico y la comercialización de la droga.

Wilches explicó que la ecuación para luchar contra el narcotráfico y enfrentar el problema de las drogas ilícitas es sencilla: “en los eslabones donde se generan más recursos ilegales, donde participa menos gente, con más vocación y capacidad de violencia, se debe aplicar una estrategia de lucha contra el crimen organizado transnacional y al interior de los países (es decir, de forma represiva). Y en los eslabones donde participan más personas con vulnerabilidades mayores, y con poca vocación o capacidad de violencia (cultivadores y consumidores), se debe optar por buscar el desarrollo humano y sostenible y crear políticas de salud pública”. Añadió que Colombia en 2010, cuando cambió ley para endurecer las penas en la lucha contra las drogas, se duplicaron las cárceles del país con personas que fueron capturadas con menos de 250 gramos.

En ese sentido va la propuesta del tercer punto que plantea el documento del UNGASS, que es velar para que en las políticas de drogas siempre esté presente el respeto por los derechos humanos. Su idea es buscar que el poder judicial tenga una cooperación directa con las instituciones de salud pública para brindar un apoyo óptimo a los afectados por las drogas y de esa forma se recomienda distinguir los delitos graves y menores en el narcotráfico. Asimismo, intentar alternativas diferentes a la reclusión para los consumidores.

La española Nuria Calzada, coordinadora del programa Energy Control del proyecto de reducción de riesgos de la ONG Asociación Bienestar y Desarrollo (ABD), sostuvo que no todo consumo de drogas es malo, pues el enfoque debe apuntar al control y uso responsable. En pocas palabras, no prohibir sino limitar el uso -bien sea medicinal o de placer. A su vez, César Núñez, director regional de ONUSIDA para América Latina y el Caribe, manifestó que 247 millones de consumidores en el mundo fueron tratados como criminales, estigmatizados y obligados a someterse a procesos de rehabilitación y se desconoció que varios de ellos sufrían de enfermedades asociadas al consumo de drogas.  Por eso señaló que la respuesta de los gobiernos debe ser conjunta, enfocada en respetar en primer lugar los derechos humanos y lograr una reducción efectiva de las drogas. 

Los últimos tres puntos del documento plantean un enfoque de género, en el que se busca proteger a las mujeres y niños por ser los eslabones más débiles y vulnerables de la cadena. Asimismo, promover el consumo con fines medicinales, pues organizaciones mundiales de la salud, como la del cáncer, han logrado evidenciar la capacidad de alivio y tan solo el 20% de la población mundial tiene acceso a estos medicamentos. Finalmente, propone que cada país debe buscar la forma de adaptarse a los nuevos retos y le corresponde decidir cómo planear su estrategia basándose en su contexto cultural, social y normativo.

Si bien el documento de UNGASS 2016 servirá como referente para analizar el éxito de esta nueva estrategia para afrontar el problema de las drogas ilícitas en 2019, hay puntos en los que aún tiene deudas. El principal: abolir la pena de muerte por delitos asociados al tráfico de drogas en distintos países del mundo. El mismo Aldo Lale-Demoz aceptó que es un tema pendiente, de vital importancia, pero que deja al descubierto las dificultades que existen en el mundo para lograr un consenso generalizado sobre cómo se debe luchar contra las drogas ilícitas a nivel mundial.

*Invitación de Confedrogas

Temas relacionados