El dossier de los 'Comba'

El Espectador conoció el expediente que organismos de inteligencia tienen sobre Luis Enrique y Javier Antonio Calle Serna, dos de los ‘narcos’ más buscados.

Desde hace varias semanas el Gobierno le ha pedido a los organismos de seguridad que redoblen sus esfuerzos para capturar a los llamados ‘Comba’, dos hermanos que en la última década construyeron un ‘narcoimperio’ que hoy tiene en jaque a varios departamentos, principalmente el Valle, y movilizan sus mafias con el fin de capturar el poder local en las elecciones del próximo 30 de octubre. El Espectador conoció que hay interés del propio gobierno Santos en revisar la solicitud de extradición que existe contra los hermanos Luis Enrique y Javier Calle Serna.

“Su poder es muy grande y ejercen influencia sobre varias zonas. Quieren incidir en las elecciones y además controlan zonas de cultivos de droga, dirigen rutas para sacar cocaína y tienen alianzas con las Farc, sobre todo en el sur y el occidente del país”, dijo a este diario un alto oficial que tiene en sus manos el expediente de los hermanos Calle Serna y quien reconoce la dificultad de atraparlos “dado que tienen infiltrados en las mismas agencias de inteligencia”. A renglón seguido, el oficial consultado por este diario advirtió que, con todo, más temprano que tarde, como suele ocurrir en el mundo de la mafia, los ‘Comba’ caerán.

Este periódico tuvo acceso al dossier sobre los Calle Serna que tienen las autoridades y logró contactar a un investigador que penetró su estructura delincuencial. Esta es la historia: Javier Antonio Calle Serna, el mayor de los dos hermanos, tiene tres alias dentro de ‘Los Rastrojos’ (la organización de sicarios a su servicio, creada por el capo del cartel del Norte del Valle, Wílber Alirio Varela, alias Jabón, asesinado hace varios años en Venezuela): le dicen Comba, Combatiente y El doctor.

“Es un tipo muy disciplinado”, relató el agente que estuvo infiltrado. “Es experto en el manejo de armas y es muy exigente con sus hombres en que deben conocer todo acerca de revólveres, fusiles y explosivos. Es su obsesión”. Javier Antonio Calle Serna fue uno de los sicarios, uno de tantos, que estuvieron al servicio del llamado cartel del Norte del Valle. Hacia 1993 ya era un experto en el manejo de armas. Un gatillero puro.

Entonces fue escogido para participar en un hecho doloroso que aún hoy recuerda el país: la masacre de Riofrío, en el Valle. “Este hecho fue ejecutado por Wílber Varela, alias Jabón, quien dijo en su momento que sólo confiaba en Javier Antonio Calle Serna para que ejecutara la operación. Así ocurrió”.

De la mano de Jabón, Calle fue escalando en la pirámide de la mafia del cartel del Norte del Valle y el narcotraficante lo convirtió en su mano derecha cuando mató a sangre fría a alias Nico, el jefe de seguridad de los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, jefes indiscutibles del cartel de Cali. El crimen ocurrió en 1995, en el restaurante El Rodizio, en la capital del Valle. Comba llegó al sitio y le descargó el arma sin mediar palabra. Así lo recuerda el hombre que logró penetrar la estructura de los Calle Serna.

“Son relatos que uno oye con frecuencia por parte de quienes trabajan para ellos. Son como los ejemplos que les ponen a los demás”, añadió el oficial. Javier Antonio, a comienzos de 1998, se convirtió en parte de la seguridad personal de Jabón y, al mismo tiempo, dirigió una oficina de cobro en Cali, llamada Mongo. Cuando Varela fue víctima de un atentado en marzo de 1998, Javier Calle Serna fue el encargado de custodiar a su jefe de día y de noche, primero en la clínica de Occidente y luego en la Valle de Lily.

Por esa misma época, a comienzos de 2000, fue citado por Varela a una reunión, donde recibió la orden de unirse con Diego Pérez Henao, alias Diego Rastrojo, para fortalecer el ejército de sicarios que tenía Varela para enfrentar a Diego León Montoya, alias Don Diego. Así fueron tomando forma ‘Los Rastrojos’, que actualmente cuenta con unos dos mil hombres en armas, con presencia en el Valle, Chocó, Arauca, Nariño, Putumayo, Antioquia, Atlántico, Córdoba, Bolívar, La Guajira y Norte de Santander.

En sus inicios ‘Los Rastrojos’ fueron financiados por Ramón Quintero, y enfrentaron a muerte a ‘Los Machos’, la banda de Don Diego. La guerra dejó una estela de muerte y sangre: entre 2002 y 2007 perecieron unas 2.000 personas. El infiltrado constató que el hombre de confianza de Javier Antonio Calle Serna es alias Galleta o Felipe. Se tiene información de que dirige bandas sicariales conocidas en Cali como ‘Los hermanos Aristizábal Gómez’, ‘El Flaco Gerson’, ‘El Cortijo’, ‘Las Pelusas’ y ‘Alpiano’.

Luis Enrique Calle Serna, hermano menor de Javier Antonio, fue arrastrado por él para hacer parte de la estructura criminal de alias Jabón. Tenía 21 años cuando entró a la organización por la promesa que le hizo el propio Varela de financiar sus estudios de aviación. En efecto, Varela le pagó cursos de especialización en pilotaje de helicópteros. “Es un tipo al que no le gusta andar por el monte ni en la selva, salvo cuando pilotea avionetas y helicópteros. Le encanta la vida en la ciudad y, a diferencia de su hermano, no es muy experto en armas”, le dijo a El Espectador uno de los agentes designados para el caso.

Luis Enrique fue uno de los artífices de la alianza con Daniel El Loco Barrera y ambos manejan rutas hacia el Pacífico y Venezuela. Las autoridades de inteligencia consultadas por este diario no tienen dudas de que Luis Enrique (en otros tiempos su custodio y subalterno) fue el determinador de la muerte de Varela, en Mérida (Venezuela), ocurrida el 30 de enero de 2008. Su conocimiento de las rutas aéreas lo hace indispensable para consolidar el envío de droga y casi nada tiene que ver con la estructura sicarial, “aunque maneje un grupo de hombres armados”, aclaró un alto oficial.

Estos dos hombres, los llamados hermanos ‘Comba’ son objetivos de alto valor para las autoridades y para el Gobierno. “No es fácil, pero esperamos que en el corto plazo estén tras las rejas”, aseguró otra fuente a El Espectador. Por ellos se ofrece una recompensa de hasta $5.000 millones. El cerco sobre sus negocios sigue estrechándose.