El escándalo Petrotiger en Estados Unidos

El Espectador conoció el “indictment” de la justicia estadounidense que revela cómo se pagaron coimas por US$335.000 al exfuncionario de Ecopetrol David Durán, hoy detenido.

El fundador y exdirectivo de Petrotiger Joseph Sigelman, acusado en Estados Unidos de varios delitos. / “Dinero”
Mucho se ha dicho en los últimos 16 meses, desde que estalló el llamado escándalo de la empresa estadounidense Petrotiger, sobre cómo se pagaron sobornos a funcionarios de Ecopetrol para asegurar multimillonarios contratos para la producción y el mantenimiento de pozos de explotación en Colombia. No obstante, las claves para entender cómo se gestó este entramado de coimas, que movió dineros entre Nueva York, Londres, Ciudad de Panamá y Manila (Filipinas) entre 2009 y 2010, se encuentra en las 27 páginas del indictment (acusación) contra Joseph Sigelman, fundador y exdirectivo de la firma norteamericana.
 
El documento, conocido por El Espectador, estuvo hasta el pasado 20 de febrero bajo total reserva. La acusación está repleta de detalles sobre transacciones irregulares, correos cruzados entre Sigelman y dos de sus socios, así como los enlaces que lograron tener en Ecopetrol para garantizar negocios a sus anchas. Lo curioso del caso es que los otros dos ejecutivos de Petrotiger, Knut Hammarskjold y Gregory Weisman, ya aceptaron ante la Corte Federal del Distrito de Nueva su responsabilidad en esta empresa criminal. Sin embargo, Sigelman insiste en su inocencia, muy a pesar del caudal de evidencias en su contra, incluido un video grabado por el abogado Weisman.
 
Según el documento, el enredo Petrotiger tiene dos filones: el primero se relaciona con los sobornos entregados a Sigelman en 2009 luego de que la empresa comprara una reconocida firma petrolera colombiana con el objetivo de incursionar en el mercado local. La segunda parte de la investigación norteamericana tiene que ver con los dineros entregados a funcionarios de Ecopetrol para asegurar contratos que sumaban US$49 millones para el mantenimiento de pozos explotados por distintas empresas, como Mansarovar Energy. El investigador principal de este caso, William Stellmach, y el fiscal Paul Fishman recopilaron durante años correos electrónicos, reportes de conversaciones privadas y evidencias contables en este expediente.
 
Todo comenzó en 2009, cuando Sigelman y sus dos socios compraron la compañía Target por US$53 millones, al tiempo que crearon un sofisticado esquema de sobornos a espaldas de los accionistas de Petrotiger. De esta manera, Sigelman acordó que se le pagaran US$435.000 adicionales que fueron consignados en la cuenta personal de éste en Filipinas, botín que luego dividió en cuentas controladas por Hammarskjold y Weisman. Para justificar esta operación, los tres crearon historias ficticias una vez fueron requeridos por las autoridades estadounidenses. Aún más, los tres “cuadraron” otra transacción por US$108.551 con los dueños de Target para conservar parte de la maquinaria de la empresa en Colombia.
 
Por eso, la justicia de EE.UU. sabe que Petrotiger pagó mucho más dinero del que correspondía por la adquisición de la firma colombiana, dineros que fueron a los bolsillos de Sigelman y sus socios. Lo más grave, sin embargo, vino después, cuando entre diciembre de 2009 y diciembre de 2010, a nombre de Petrotiger se intentó asegurar el negocio con Mansarovar, que exigía el visto bueno de Ecopetrol. Para garantizarlo encontraron su enlace, David Orlando Durán, encargado de dar el aval a esas operaciones. Los investigadores hallaron al menos cuatro transferencias por un valor de US$333.500 desde las cuentas de Petrotiger en Estados Unidos con destino a Durán y su esposa, Hohanna Navarro, una esteticista a la cual quisieron hacer pasar como contratista.
 
Para lograrlo metieron estas coimas en la contabilidad oficial. De esta operación quedó un rastro documental sobre los correos de Sigelman, Weisman y Hammarskjold. Por ejemplo, el 20 de diciembre de 2009 Durán les envió un correo a propósito de las conversaciones que tuvo con funcionarios de Ecopetrol sobre el contrato Mansarovar y al final les escribió: “La gente está lista para ayudar, pero necesitan saber en qué vamos en el proceso. Espero instrucciones”. Para mayo de 2010 ya Sigelman había dado la orden de transferir parte del soborno. Se convino que todo se iba a canalizar a través de Navarro. En septiembre de 2010 Durán y otros funcionarios de la petrolera colombiana aprobaron el contrato de Mansarovar y Sigelman transfirió US$66.000 de la cuenta de Petrotiger en Colombia a la de Durán.
 
Curiosamente dos semanas más tarde, en una junta de Petrotiger en Estados Unidos, Sigelman expuso que estaba enfrentando en Colombia prácticas comerciales turbias. En esa ocasión le preguntaron si se estaba guiando por el código de principios de la firma, que prohíbe los sobornos, a lo que dijo que sí. No obstante, el 7 de octubre de 2010 le envió un correo adjuntando el primer recibo de pago de Navarro. Al día siguiente, desde Nueva Jersey, Weisman hizo que Petrotiger transfiriera US$133.400 de su cuenta en Nueva York a la del contacto de Durán. Para diciembre de ese año se pactó el resto de la coima. Así ocurrió. Sin embargo, uno de esos giros rebotó porque se había cerrado la cuenta de Hohanna y eso obligó a poner en evidencia el nexo con Durán.
 
Según Estados Unidos, Sigelman utilizó los medios del comercio interestatal de forma corrupta para fomentar turbios negocios en Colombia. Asimismo conspiró utilizando la banca estadounidense para lavar dinero. En concreto, por una transferencia de US$51.618 de la cuenta de Sigelman en Filipinas a una de Weisman en Nueva Jersey. Como si fuera poco se hizo la trazabilidad de los pagos a los dueños de Target al momento de la compra de esa compañía. En los correos se encontró que la carpeta de las coimas se llamaba “División de Manila”, pues los dineros del soborno se transfirieron a cuentas en Filipinas, plata que luego fue a parar al portafolio financiero de Weisman y Hammarskjold en el Reino Unido y EE.UU.
 
En Colombia apenas empiezan a sentirse los coletazos del caso Petrotiger, pero para las autoridades estadounidenses no hay duda de que una firma de su país patrocinó prácticas corruptas e ilegales que salpicaron a funcionarios de Ecopetrol. Un capítulo que viene documentando la Fiscalía con el ventilador que prendió uno de los funcionarios implicados: Mauricio Vesga.
 
Los colombianos implicados en el escándalo Petrotiger
 
Los principales implicados en el escándalo por el pago de sobornos a seis funcionarios de Ecopetrol para que permitieran que Petrotiger se quedara con negocios que rondaban los US$40 millones. Entre los implicados, la mayoría tras las rejas, están Luis Édinson Pachón, Jaime Ureta, Javier González, José Miguel Galindo, Rafael Castillo y David Durán. Este último es quien la Fiscalía señala como el encargado de repartir los sobornos entre sus compañeros con la plata que llegaba a las cuentas de su esposa Hohanna Navarro. 
 
En medio de las pesquisas, se descubrió que la forma de legalizar el pago de coimas, que quedó registrado en la contabilidad de Petrotiger, fue que se firmaron contratos de prestación de servicios administrativos con la mujer que tenía como profesión, ser estilista. La punta de lanza de esta investigación es Mauricio Vesga, un exfuncionario de Ecopetrol que se acercó a la Fiscalía a reconocer su responsabilidad en los hechos y a relatar cómo se ideó el plan para que la firma norteamericana se apropiara de contratos para el mantenimiento de pozos en Putumayo, Bolívar, Santander y Meta.  La Fiscalía también descubrió que Durán y compañía crearon una empresa fachada de transporte con la que intentaron legalizar los sobornos que recibieron. 
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