En Tintal, occidente de Bogotá

El extraño asesinato de un técnico de Avianca

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Carlos Pachón fue asesinado en 2014 a pocos metros de su casa. Era acusado de ser miembro de la Oficina de Envigado. Sin embargo, no encontraron nada. Cuatro personas que participaron del operativo, quienes se declaran inocentes, fueron llamados a un juicio, que acaba de empezar.

“Lo único que me dijeron ese día en la Sijín, literalmente, fue: ‘Señora, qué pena, se equivocaron’”. Así inicia su relato Karen Castro, la viuda de Carlos Pachón  Medina, técnico aeronáutico de Avianca que murió el 10 de junio de 2014 luego de ser baleado por miembros del CTI y el Gaula del Ejército a pocos metros de su casa, en Tintal, occidente de Bogotá. Ese mismo día, según contó la mujer a El Espectador, los miembros de la Fuerza Pública le dijeron que desde hacía seis meses seguían e investigaban a su esposo por, supuestamente, ser parte de una red de narcotráfico. Y, al tiempo, le hicieron muchas preguntas sobre él. “Si lo estaban investigando desde hace tanto, ¿por qué me hacen tantas preguntas?”, respondió Castro ese día.

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La semana pasada, luego de cuatro años y medio del homicidio de Pachón Medina, en el Complejo Judicial de Paloquemao inició el juicio contra dos miembros del Gaula y otros dos del CTI, quienes participaron en el operativo antidrogas. Se trata del capitán Carlos Andrés Jiménez García, el soldado profesional Edwin Anaya y Carlos Alfonso Sáenz y Carlos Amórtegui —miembros del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía— por el delito de homicidio agravado. Ellos se declaran inocentes. Este diario conoció el escrito de acusación, el cual da detalles de las horas previas al crimen del empleado de la aerolínea dentro de su camioneta azul, donde las autoridades no encontraron nada relacionado con su supuesto tráfico de drogas.

El día del homicidio de Pachón, catorce miembros del CTI (que iban en cuatro vehículos) y diez miembros del Gaula (que se transportan en un taxi, un microbús y dos motos) se dirigieron al norte de Bogotá con el fin de verificar una información, que llegó a la línea de emergencia del grupo antisecuestro y extorsión del Ejército, sobre una camioneta roja que cargaba cocaína y marihuana. Cuando llegaron al lugar, calle 185 con autopista Norte, y luego de una hora y media de espera, el operativo “terminó con resultados negativos”. Hacia el mediodía, Javier Caro Yepes, miembro del CTI, quien a su vez era coordinador de la Sección de Análisis Criminal (SAC), recibió una llamada para alertarlo sobre otro carro sospechoso.

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Quien llamó a Yepes fue Érika Bejarano Rubiano, otra funcionaria del SAC, para decirle que hacía cinco minutos había recibido información de una fuente anónima señalando que una camioneta azul Nissan “en la que se desplazaban dos sujetos de contextura mediana, que tienen acento paisa (...) están transportando material bélico, como explosivos, granadas, también cocaína. La camioneta está en la calle 53 entre las avenidas Boyacá y Rojas y se está moviendo por la zona y tienen como destino final el barrio de la biblioteca El Tintal. Ellos posiblemente hacen parte de la Oficina de Envigado”.

El pasado 21 de enero, en el comienzo del juicio, uno de los testigos fue William Rincón, tío de Karen Castro, quien sobrevivió como copiloto en la camioneta azul de Pachón Medina. Rincón contó que ese día, a las diez de la mañana, recibió una llamada de Pachón, quien le pidió que pintara la casa en la que vivía, pues se aprestaba a dejarla y quería entregarla bien. Se citaron en la avenida Boyacá con calle 53 para ver cómo iba a pagarle y qué pintura comprar. “Yo estaba muy interesado en el trabajo, porque estaba desempleado (...) Resulta que cuando nos íbamos a devolver para su casa, por la Boyacá hacia el sur, él decidió tomar hacia el norte. Yo le pregunté que para dónde íbamos y él solo me dijo: ‘Todo bien, todo bien’”.

El testigo contó que Pachón Medina recibió una llamada y se devolvió hasta la 53 y luego hasta el Tintal. El escrito de acusación narra que siguieron hasta la calle 26 y cogieron por la avenida Ciudad de Cali hacia el sur. A la 1:10 p.m, al ingresar al Tintal, dice el ente investigador, Pachón Medina detuvo su camioneta detrás de una buseta y un taxi para poder girar a la izquierda, pues estaba a media cuadra de su casa. En ese justo momento, el capitán Carlos Andrés Jiménez, tras bajarse de la motocicleta en la que se movilizaba como parrillero, se atravesó delante de ellos. Mientras que los uniformados dicen que le hicieron una señal de pare y que se identificaron, la Fiscalía y William Rincón dicen que este le apuntó a Pachón Medina con un arma de fuego.

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Tanto Rincón como Pachón pensaron que era un atraco, pues las personas que los interceptaron iban de civil y no vestían prendas que los identificaran como miembros del Ejército ni del CTI. “Yo le dije a Carlos: ‘¡Écheles el carro encima!’, porque pensé que eran ladrones”, contó William Rincón a este diario. Sin embargo, Pachón Medina decidió ir en reversa e impactó al taxi en donde venían los miembros del CTI. En este preciso momento el capitán Carlos Andrés Jiménez, el soldado Edwin Andrés Anaya y los investigadores Carlos Alfonso Sáenz y Carlos Gerardo Ortiz (quienes se bajaron del taxi) dispararon contra la camioneta azul y de inmediato acabaron con la vida de Pachón Medina. Lo único que encontraron en su vehículo fue un arma de fogueo.

“Cuando me pidieron que saliera de la camioneta, un hombre del Ejército me pidió que me arrodillara y me esposaron. Luego me dijo: ‘¡Hijueputa!, ¿dónde está la droga, los computadores y las armas?’. Yo me quedé callado porque no sabía de qué hablaba”. Karen Castro dice que del carro se perdió un iPad, memorias USB, un computador y dos celulares. “Ese día solo me devolvieron uno y les dije que faltaba uno más. A las cuatro horas me entregaron el otro, pero le habían borrado todo. Luego extrañamente, a mi hijo le empezaron a llegar mensajes relacionados con la guerrilla, como si buscaran involucrarlo en algo. Nosotros denunciamos la situación”, contó Castro, quien aclaró que su esposo no tenía acento paisa, ni tampoco William Rincón.

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Reynaldo Villalba, abogado de la familia de Pachón dicen que no creen en la versión que se ha planteado: que hubo un operativo antidrogas fallido y que todo se trató de un error. “El locker de Medina Pachón en su lugar de trabajo fue violentado instantes después del crimen... ¿Qué buscaban? Además, la SIM de su celular desapareció, ¿qué información había ahí? Ahora, ¿por qué el primer recurso de la Fuerza Pública fue disparar a un carro en movimiento si lo que corresponde en estos casos es la persecución? Es una práctica que no corresponde con la actitud que deben tener las autoridades”, dice el abogado. El juicio se reanudará el 3 de febrero con la declaración de Karen Castro, quien llegó a la escena del crimen a los pocos minutos.

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