El extraviado computador de 'Romaña'

Soldado que denunció pérdida del portátil, incautado por la Fudra, reiteró su versión. Comandante de las FF.MM. viajó a La Macarena a supervisar pruebas de polígrafo.

Henry Castellanos Garzón, alias ‘Romaña’.
Henry Castellanos Garzón, alias ‘Romaña’.

El revuelo que ha causado en la cúpula de las Fuerzas Militares la denuncia del extravío del computador de Romaña es superlativo. El comandante de las FF.MM., general Alejandro Navas, viajó ayer a La Macarena, donde están los hombres que llevaron a cabo el operativo en el cual — se supone— el computador fue hallado: el batallón de combate terrestre N° 22 de la Fuerza de Despliegue Rápido (Fudra). Para Navas y sus pares establecer si efectivamente se encontró el mencionado dispositivo y, en caso afirmativo, descifrar cuál fue su destino, es un asunto imperativo y urgente. Por esa razón el plan de trabajo de ayer era entrevistar a los soldados del batallón y hacerles la prueba del polígrafo.

Del sector defensa nadie quiere hablar aún. El Espectador se intentó comunicar con el ministro Juan Carlos Pinzón, quien señaló que no pronunciaría palabra por el momento. Mientras tanto las pesquisas continúan, y son muchos los militares abrumados ante la posibilidad de que uno de sus filas haya aceptado un soborno de $200 millones a cambio de devolverle a la guerrilla el computador de Henry Castellanos Garzón, alias Romaña, uno de los objetivos más importantes de la Fuerza Pública. Eso, al menos, fue lo que denunció un soldado del batallón de combate terrestre N° 22 de la Fudra en los micrófonos de la emisora La FM, versión que ratificó con periodistas de este diario.

El uniformado, cuya identidad seguirá siendo omitida por su seguridad, le contó a El Espectador que los soldados del batallón le estaban “pisando los talones” a Romaña, “el hombre al que buscan todas las unidades de la Fudra”, pero al llegar el 18 de junio pasado a la vereda Tierradentro (zona rural de La Uribe, Meta), donde supuestamente se ocultaba, no encontraron nada ni a nadie. Tres días después volvieron a la zona, pero, de nuevo, los resultados fueron negativos. Fue hasta el 23 de junio que los uniformados dieron por fin con un elemento valioso: un computador portátil marca Hewlett Packard, junto con tres cd y la agenda personal del jefe del bloque Oriental de las Farc.

La brújula de los soldados en estos operativos fue un informante. El computador, contó el soldado, estaba escondido en la cocina de la casa de un campesino, la cual estaba localizada a 18 kilómetros de la base militar. Los soldados notaron que en la cocina la tierra, justo debajo del punto donde había un racimo de plátanos, estaba revuelta. Uno de ellos movió los plátanos y empezó a escarbar con un elemento metálico hasta encontrar una bolsa blanca, dentro de la cual estaba el portátil en aparente buen estado, los cd, la agenda personal de Romaña y un cable de sonido. “A todos nos alegró, ¡es que era el computador de Romaña! Nos imaginamos las felicitaciones que nos llegarían por el positivo, estábamos muy contentos”, narró el soldado.

El computador, de acuerdo con la denuncia, permaneció tres días en poder del teniente Andrés Fernando Izquierdo Muñoz, quien fungía como comandante del batallón de combate terrestre N° 22 de la Fudra cuando la operación de buscar a Romaña tuvo lugar. Izquierdo le habría notificado a su superior, el mayor Juan Felipe Velásquez Duque. El 26 de junio el mayor Velásquez, en presencia de otros soldados, habría recibido el computador y la agenda personal de Romaña. Y ese fue el último día que los miembros del batallón supieron del material que habían incautado.

De acuerdo con el relato del uniformado, ese 26 de junio la tropa supo que el padre del mayor Velásquez había fallecido. Un rato después ocurrió la entrega del computador. Les advirtieron que debían decir que el portátil había sido hallado ese mismo día y en horas de la mañana. Velásquez se habría montado en un helicóptero con intención de entregarle el dispositivo a un coronel de la Fudra para que él, a su vez, se lo diera a la Fiscalía. Los soldados suponían que ese sería el momento en que el ministro de Defensa revelaría el hallazgo y las felicitaciones lloverían, pero éstas nunca llegaron. Así como el pronunciamiento del ministro, que tampoco se produjo.

El 2 de agosto el ambiente se enrareció aún más. Por la emisora castrense Colombia Estéreo el batallón de combate terrestre N° 22 de la Fudra se enteró de que el campesino en cuya casa fue hallado el portátil de Romaña había muerto. Había sido asesinado, más exactamente, por la guerrilla, según acusaron sus familiares. Alias El Porrón, como era identificado, había sido encontrado con una hoja sobre su cuerpo en la que se leía “por sapo”.

Los soldados se inquietaron. No entendían por qué en las noticias no oían nada del operativo o del portátil de Romaña, y la muerte del campesino no hizo las cosas más fáciles. Algunos empezaron a indagar, pero les dijeron que mejor no siguieran preguntando. Fue a punto de acabarse octubre que uno de ellos decidió hablar, asegurando además que varios de sus compañeros harían lo mismo. “¿Por qué no han denunciado esto ante las autoridades?”, se le preguntó. “Porque esto involucra a gente importante del Ejército, gente de peso mayor. Nosotros somos unos soldados, ¿quién nos va a creer si no valemos nada? Nos da miedo por nosotros, sobre todo por nuestras familias. Pero esto es algo que tenía que saberse”, respondió el uniformado.

El computador no llegó a manos de la Fiscalía, sino, al parecer, de la guerrilla. O eso fue lo que les dijo a los soldados la misma fuente que había indicado en qué sitio guardaban el portátil. Fuentes de esa institución le explicaron a El Espectador que en casos así ya existe un protocolo establecido que indica que el Ejército, como primer responsable en zonas de difícil acceso para la Policía Judicial, debe embalar las pruebas, llenar un formulario y enviarlo a los cuerpos con funciones de Policía Judicial. Pero nunca abrirlo, porque contamina la evidencia. Ni siquiera para revisar cosas básicas, como si tiene disco duro o mirar los contenidos de los archivos, porque esa intervención sólo anularía la prueba ante cualquier juez, quien estaría obligado a señalar que no se mantuvo la cadena de custodia del objeto hallado.

Las Fuerzas Militares continúan con sus pesquisas, porque este asunto ya entró en el radar de la justicia y hasta del Congreso, que le pidió explicaciones al ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, apenas estalló el escándalo. Es una historia densa que las autoridades castrenses tendrán que desenmarañar para determinar, en primer lugar, si en la operación del 23 de junio pasado que se llevó a cabo en zona rural de La Uribe (Meta) se halló un computador con las descripciones que dio el soldado. Segundo, si el computador existió, por qué no se entregó a la Fiscalía. Y tercero, indagar sobre el peor de los escenarios: si es cierto que la guerrilla pagó un soborno de $200 millones y el portátil está de nuevo en su poder.

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