El fin del sueño americano

Asiáticos, africanos y cubanos que han sido encontrados en el Urabá son las principales víctimas de las redes de tráfico de migrantes.

La mayoría de operativos de la Policía contra los inmigrantes se han realizado en el Urabá, región por la que pueden salir con destino a Centroamérica. / Policía
Mientras el mundo se estremece por las imágenes de migrantes africanos que mueren en el Mediterráneo intentando llegar a Europa, en Colombia el panorama no es muy distinto. Un ejemplo, fue lo sucedido ayer en el Urabá, donde la Policía ubicó a 48 extranjeros de distintas nacionalidades –Cuba, Nepal, Somalia, Bangladesh, India, Afganistán y Pakistán– viviendo en condiciones infrahumanas y a quienes, supuestamente, el clan Úsuga les había prometido cumplir su sueño americano. Según las autoridades, les decían que luego de pasar la frontera y llegar a Panamá, su destino sería Estados Unidos. Sin embargo, la realidad mostraba que terminaron siendo robados, abandonados y maltratados en su intento de pasar silenciosamente por este país para llegar a tierras prometidas.
 
La problemática del tráfico de inmigrantes en Colombia, especialmente en el Urabá –región que tiene salida marítima al Pacífico y Atlántico–, poco se había vislumbrado en Colombia. Sin embargo, en medio de los operativos que adelanta la Policía contra el clan Úsuga desde comienzos de año, se descubrió que esta banda criminal ha potencializado el negocio, al punto que ofrece a ciudadanos extranjeros, especialmente asiáticos, un paquete de falsas promesas para llegar como ilegales a Estados unidos. 
 
Les dicen que se encargarán de tramitar sus documentos falsos y ofrecerles hospedaje, vestimenta y comida. Pero en realidad los inmigrantes terminan siendo encontrados en un estado total de abandono en las costas, ríos y selvas del país. Según cifras de Migración Colombia, durante 2014 se encontraron 2.111 inmigrantes irregulares en Colombia. Una cifra bastante alta que a marzo de 2015 ha crecido en un 30%. Es decir, que en solo tres meses se han encontrado 1.111 extranjeros que, se presume, son víctimas de tráfico de personas. 
 
Migración Colombia precisó que estas personas no son ilegales sino irregulares, pues no se considera que están cometiendo un delito sino siendo víctimas de uno: el tráfico de migrantes. Y aunque algunos lo hacen de forma independiente y por decisión propia, la mayoría de los extranjeros que pasan por Colombia para tratar de llegar a otros países son sometidos a tratos inhumanos, les quitan los documentos, los estafan, los secuestran o explotan laboral y sexualmente. Cubanos, nepalíes, chinos, bangladesíes, somalíes, indios, ecuatorianos y dominicanos serían los principales afectados.  
 
Cuando los extranjeros son encontrados por Policía, Ejército, Fuerza Aérea o Armada, son remitidos a vencargada de prestarles atención humanitaria, asistencia médica y psicológica con acompañamiento de traductores. Si conservan sus documentos, se corrobora su identidad y su lugar de origen, para averiguar desde qué país entraron, pues la ley establece que estas personas tienen que ser devueltas a esta nación. En pocas palabras, no importa que, por ejemplo, sean cubanos, ya que si entraron por Ecuador, serán deportados a ese país. En cifras de 2014, a Migración Colombia este tipo de operaciones le costaron $530 millones.
 
Alrededor de 72 horas es lo que se demoraría, en teoría, expulsar a un inmigrante. Sin embargo, las redes del tráfico de migrantes les advierten a las víctimas que de ser atrapados soliciten refugio. Esto significa que logran quedarse por un tiempo más  para salir de Colombia, ya que la Cancillería les otorga un salvoconducto mientras se evalúa la necesidad de refugiarlos. En las pesquisas de las autoridades se ha evidenciado que los precios que cobran las bandas criminales dependen de los métodos y las distancias. 
 
Según las cuentas,  a un cubano le cuesta 1.500 dólares el viaje desde Quito hasta Miami; a un africano, entre 6.000 y 10.000 dólares, y un asiático puede pagar hasta 60.000 dólares, es decir, más de $120 millones. Es más, el solo paso por Colombia puede tener un valor máximo de 2.500 dólares. Las autoridades también evidenciaron que si el inmigrante tiene suficientes recursos, es llevado en carro y en lancha hasta La Miel, la playa panameña que le sigue a Capurganá (Chocó) por el golfo de Urabá. Pero de no ser así, son dejados a su suerte en la frondosa selva del Tapón del Darién, en la que pocos sobreviven. 
 
La estrategia de las autoridades colombianas ha sido cerrar las fronteras para evitar el paso de los inmigrantes. Los esfuerzos se han concentrado en Nariño, la ruta principal de entrada hacia el Urabá. Igualmente en la frontera con Venezuela, donde se ha evidenciado el mayor número de entradas y salidas de personas con documentos falsos. El director general de Migración Colombia, Christian Krüger Sarmiento, manifestó que el país está pendiente de suscribir el protocolo contra el Tráfico Ilícito de Migrantes por Tierra, Mar y Aire de la convención contra la delincuencia organizada trasnacional de las Naciones Unidas,  en el cual se establece la “necesidad de dar un trato humano a los migrantes y de proteger plenamente sus derechos humanos”.