El hombre detrás de la masacre en Cali

Al parecer, Gustavo Palomino Araújo asesinó a Julio César Paz Varela, alias ‘J1’, y a ocho de sus hombres porque querían separarse de la organización.

Gustavo Palomino Araújo, alias ‘Camilo’, fue capturado en la madrugada del domingo. / Policía

El hombre detrás de la masacre de ocho personas que dejó al descubierto la cruenta guerra que se vive en el Valle del Cauca, especialmente en Cali, por el control de las rutas del narcotráfico en la región, ya fue capturado en Armenia. Se trata de Gustavo Palomino Araújo, alias Camilo, una de las personas que tomaron las riendas del Clan Úsuga tras la captura de Héctor Mario Urdinola, alias Chicho Urdinola, y Greylin Fernando Varón, alias Martín Bala, en 2013.

La hipótesis de las autoridades es que los asesinatos, ocurridos el pasado 3 octubre en una casa campestre ubicada en sector de La María en la capital vallecaucana, correspondieron a un ajuste de cuentas entre los miembros de la organización criminal, ya que en estos hechos murió uno de los jefes, Julio César Paz Varela, alias J1, llamado el rey de la cocaína rosada (drogas sintéticas conocidas como 2CB).

Por este crimen también fueron capturados el 23 de octubre Yulaci Gamboa Castaño, alias el Oso; Jaime Castiblanco Nieto, Ojo Dormido o El Viejo, y Nadia Yuliana Agudelo Carmona, la Mona o Nana, a quienes les imputaron cargos por los delitos de homicidio agravado, concierto para delinquir y porte ilegal de armas. Estas personas fueron arrestadas después de que las autoridades revisaran videos de la zona donde se cometió la masacre y escucharan declaraciones de testigos y sobrevivientes.

La masacre es el desenlace de una riña interna por la falta de liderazgo. La historia comenzó después de que Chicho Urdinola y Martín Bala —ambos pertenecieron a los Machos— recuperaran el control de la región y la pusieran al servicio del Clan Úsuga. En ese entonces iniciaron una campaña para eliminar cualquier reducto que quedara de los Rastrojos y reclutaron a antiguos socios, entre ellos Camilo y J1, quienes, tras la captura de Urdinola en enero de 2013 y de Martín Bala en mayo de ese mismo año, tomaron las riendas de la organización.

Pero la relación entre los dos hombres se vino a pique cuando se empezó a escuchar que J1 ya no quería seguir rindiéndoles cuentas a los máximos jefes y quería “armar rancho aparte”. El rumor llegó a oídos de Camilo, quien empezó a planear el homicidio de su socio. Cabe recordar que Paz Varela había sido capturado el pasado mes de julio en Toro (Valle). Sin embargo, el 25 de septiembre recobró su libertad en medio de irregularidades que enredan a funcionarios judiciales.

Al parecer, en la cárcel, J1 fue quien empezó a advertir que su intención era tener su propia estructura. Tras su salida de prisión, Camilo intentó concretar por todos los medios una reunión para tratar los problemas internos de la organización. Según fuentes cercanas, la idea era realizar el encuentro en un municipio del norte del Valle, sin embargo, J1 se negó porque, aseguraba, no tenía condiciones de seguridad. Finalmente, las partes llegaron a un acuerdo para citarse en una casa del sur de Cali, que era de propiedad del capo Leyner Valencia, extraditado a Estados Unidos.

Una de las principales pruebas para conocer en detalle lo que sucedió la noche del 3 de octubre fue el testimonio del mayordomo de la propiedad. Según él, alias el Mago —mano derecha de Camilo— le dijo que Valencia ya había salido de prisión y ellos tenían que adecuar la casa para su llegada. El 2 de octubre, 25 hombres —muchos de ellos menores de edad— durmieron en la propiedad. El plan era que Ojo Dormido y el Oso (encargado de conseguir el armamento) montaran junto a los jóvenes reclutados un falso operativo de la Policía para tenderle la trampa a J1.

A las 6:00 de la tarde, la Mona anunció la llegada de J1 y sus hombres. Dentro de la casa estaban Camilo y los 25 falsos policías. Antes de ingresar a la casa, Paz Varela y sus hombres fueron abordados por los hombres que portaban uniformes de la Dijín. Los amarraron y tiraron al piso. Comenzaron a ejecutarlos con un arma con silenciador. Sin embargo, uno de los escoltas de J1 intentó huir y fue cuando dispararon los fusiles. Los vecinos llamaron inmediatamente a las autoridades y Camilo y sus hombres emprendieron la huida. Dejaron el plan a medias y vivos al mayordomo y uno de los conductores de J1, los principales testigos del caso.

Cuando la Policía llegó al lugar de los hechos encontró los cuerpos de J1, los hermanos Juan Paul y Cristian Alberto González Morales, Porfirio Lasso Meza, Juan David Yunda Muñoz, Andrey Felipe Arias Arciniegas, Francisco Barreiro y Gustavo Barreiro. Todos estaban amarrados, boca abajo y con más de cuatro impactos de bala en las cabezas.

El prontuario criminal de Camilo es amplio. A inicios del año 2000 comenzó a trabajar como escolta de Diego León Montoya, alias Don Diego, jefe de los Machos. Luego se encargó de un grupo militar que operaba en el cañón de Garrapatas, pero, según reveló El País de Cali, salió del norte del Valle rumbó a Urabá y a Puerto Boyacá, en el Magdalena Medio, por la guerra que sostenían con Wílber Varela, alias Jabón. En esa zona conoció a miembros de los Urabeños y trabajó como parte del esquema de seguridad de Otoniel, máximo jefe del Clan Úsuga. Fue entonces que Chicho Urdinola lo volvió a llamar para que, con sus nuevos contactos, rearmara las oficinas de cobros en el Valle del Cauca y se convirtiera en uno de los nuevos capos de la región.

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Redacción Judicial

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