El hombre que venció al régimen

Serrano estuvo cerca de convertirse en el primer colombiano en morirse de hambre en una cárcel cubana debido a una huelga que hizo para defender su inocencia.

John A. Serrano regresó a Colombia tras ser expulsado de Cuba por “razones humanitarias”. / Gustavo Torrijos

John Alexánder Serrano estuvo cerca de convertirse en el primer colombiano en morirse de inanición en una cárcel cubana. Durante 115 días —del 1° de marzo al 22 de junio de 2012— llevó a cabo una huelga de hambre con el fin de defender su inocencia y protestar contra las autoridades cubanas que lo procesaban tras haber sido señalado por una persona con la que había viajado a Cuba —y que fue capturada con tres kilos de cocaína en su equipaje— como el jefe de una red de narcotraficantes. Durante esos 115 días no consumió sino agua. Al final de la huelga, cuando peor se encontraba, le dieron un suplemento alimenticio para que no se muriera.

Por cuenta de ésta perdió 42 kilos —momentáneamente— la visión y la capacidad de caminar. Todavía se le dificulta andar por una falla en su sistema nervioso que le quedó como secuela de esos días. Durante su huelga, un oficial cubano le dijo: “Si el imperio gringo no nos ha podido vencer en 50 años, ¿qué le hace pensar que usted va a poder?”. Para ese momento otros presos —como el disidente Wílmar Villar— habían muerto en desarrollo de fallidas huelgas de hambre. “Era la lucha de una hormiga contra un elefante”, le dijo Serrano a este diario. Una lucha a “Libertad o muerte”, como bautizó Serrano su huelga.

“A Colombia regreso o sentado en un avión o en un ataúd”. Esas fueron las palabras que les dijo a sus carceleros y a sus familiares que desde Colombia adelantaban toda una campaña por su libertad. Al final, Serrano cumplió. El pasado 23 de agosto regresó tras ser expulsado “con fines humanitarios” por el gobierno cubano, el mismo que basado en un testimonio y en una supuesta confesión que, según Serrano, le obligaron a firmar, estuvo cerca de condenarlo a 15 años de prisión mientras que, curiosamente, a su acusador, quien a diferencia suya fue encontrado con droga en sus maletas, lo exoneraron de cargos.

El proceso estuvo plagado de irregularidades. Por ejemplo, Serrano no supo de los cargos que se le imputaban sino apenas unas semanas antes del juicio en su contra. Además, el fiscal del caso nunca le quiso decir la pena que iba a pagar. Antes del juicio las mismas autoridades cubanas aceptaron haber cometido un error en su caso y le dijeron que no iba a ser condenado y que el juicio en su contra sólo sería un trámite antes de que pudiera volver al país. De esta forma lograron que dejara la huelga de hambre.

Antes habían intentado persuadirlo a punta de torturas. Durante los primeros 13 días de huelga lo encerraron en una celda llena de estiércol y sin luz. Como cama le dieron una tabla de madera. Luego lo llevaron a un hospital y lo ubicaron en una habitación con el aire acondicionado a toda potencia y frente suyo, a menos de dos metros de distancia, le pusieron una luz que nunca se apagaba.

Cuando se dieron cuenta de que no renunciaba a sus intenciones empezaron a enviar guardias para que comieran frente suyo y le ofrecieran comida. Luego empezaron a decirle que su huelga no iba a servir de nada. “Te vas a morir y a nadie le va a importar”. “Ellos creían que era un soldado. No se imaginaban cómo una persona como yo era capaz de aguantar tanto tiempo sin comer”.

No fue sino hasta que le prometieron que iba a regresar a Colombia que Serrano volvió a comer. Pero no le cumplieron. Tras el juicio dio inició otra huelga de hambre. Para que desistiera le dijeron que en Navidad regresaría a Colombia. De nuevo, no cumplieron. Después le prometieron que iba a alcanzar a ir al grado de su hijo, cuya fecha era conocida por las autoridades cubanas debido a las interceptaciones que hacían de sus llamadas y correos. Fue casi un año de espera hasta que por fin la ministra de Justicia, María Esther Reus, y el mismo Raúl Castro firmaron su expulsión. “Me tiraron el pasaporte a la cara y me dijeron que me podía ir”.

Al regresar a Colombia fue recibido por casi 50 de sus familiares. Lastimosamente su encierro por poco acaba con sus negocios: dos droguerías que había sacado adelante con mucho esfuerzo. Señala que un trabajador suyo, al parecer, quiso quedarse con uno de los establecimientos pensando que no iba a volver a la libertad. A Colombia regresó, además, con cierto dolor de patria. Dice que las autoridades colombianas en Cuba fue poco o nada lo que hicieron por su libertad. “En muchas ocasiones se pusieron, incluso, del lado cubano”.

Dice que ahora, además de seguir con su vida, se dedicará a visibilizar el drama de otras personas que hoy pasan por su mismo calvario porque, dice, “mientras en La Habana las Farc y el Gobierno hablan de paz, en las cárceles cubanas hay muchos colombianos que se pudren por cuenta de los abusos del gobierno cubano y el olvido del colombiano”. Un oficial cubano le dijo a Serrano antes de irse: “Si se va es porque queremos, porque su país no hizo nada por usted”. El Espectador intentó comunicarse con el consulado colombiano en La Habana para conocer su opinión sobre tales afirmaciones, pero no le fue posible: sus teléfonos, al parecer, no funcionan.

Falleció tras 50 días en huelga de hambre

El disidente cubano Wílmar Villar, de 31 años, murió el 20 de enero de 2012 en un hospital de Santiago de Cuba tras una huelga de hambre de 50 días, realizada para protestar contra las autoridades cubanas que lo condenaron en noviembre de 2011 a cuatro años de cárcel por los delitos de desacato y atentado a la autoridad.

Existen diferentes versiones sobre su captura, realizada en noviembre de 2011. En su momento, Elizardo Sánchez, portavoz de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (Ccdhrn), les dijo a los medios que Villar fue detenido en medio de una protesta y por su disidencia al régimen cubano. Por su parte, el gobierno de Cuba afirmó en un comunicado que Villar no era un disidente, sino un preso común que fue detenido por agredir a su esposa y fue condenado tras “un escándalo público en el que maltrató y provocó lesiones en el rostro a su pareja”.

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