El infiltrado en el crimen de Galán

En 1996 el exconcejal Pedro Sánchez dijo que una persona que se infiltró en su campaña fue quien disparó hacia la tarima ese 18 de agosto de 1989. Hace un mes se ratificó. ¿Era el sicario Jaime Rueda?

El 18 de agosto de 1989 fue asesinado el candidato presidencial Luis Carlos Galán Sarmiento. /Cromos

El pasado 24 de febrero, en desarrollo del juicio contra el coronel (r) Manuel González y el mayor (r) Luis Felipe Mantilla por el magnicidio de Luis Carlos Galán, reapareció un testigo que hace 19 años había aportado una información clave que no fue suficientemente investigada. Se trata del exconcejal de Soacha Pedro Julio Sánchez, quien dejó entrever que uno de los asesinos del dirigente liberal, al parecer, se filtró en su sede política. Hoy, ese testimonio es examinado por la justicia, pues podría aportar nuevas pistas sobre el caso.

Pedro Julio Sánchez tiene hoy 74 años, está retirado de las actividades públicas, pero en su momento fue concejal de Soacha durante 25 años, cinco veces diputado de Cundinamarca y nueve años notario de ese municipio. Ese trágico 18 de agosto de 1989 ofició como uno de los organizadores de la manifestación política en la que se perpetró el crimen. De hecho, acompañó al candidato en su camioneta antes de llegar a la tarima que él también mandó a construir, y fue la persona que estaba al lado de Galán cuando ocurrió el atentado.

Los días siguientes al magnicidio, Sánchez aportó una primera declaración a la justicia en calidad de víctima, por cuanto un sobrino suyo, el entonces concejal Julio César Peñaloza, fue otro de los fallecidos ese 18 de agosto. Años después, el 28 de febrero de 1996, cuando la Fiscalía recobró el caso y aclaró que el grupo encabezado por el químico Alberto Jubiz Hazbum nada tuvo que ver con el asesinato de Galán, Pedro Sánchez volvió a comparecer ante un fiscal sin rostro. En esa ocasión habló de un extraño personaje que hoy podría ser clave en las averiguaciones judiciales.

Según Sánchez, cuando él subió con Galán a la tarima de madera habilitada para la manifestación política y éste levantó los brazos para saludar, escuchó la primera ráfaga y todos quedaron confundidos pensando que había sido pólvora. Relató que acto seguido vio la figura de un muchacho —a quien identificó como Wilson—, ubicado en el costado izquierdo de la parte inferior de la tarima. De acuerdo con el testigo, Wilson disparaba con dirección a la tarima a una distancia de menos de 50 centímetros.

El exconcejal Sánchez expresó que ese tal Wilson era un muchacho que mes y medio antes del crimen había trabajado en su sede política como patinador de documentos, pero que después del atentado desapareció. Además, aclaró que lo conoció porque un día se le presentó con una caja de embolar y siguió acudiendo cotidianamente. “Era un muchacho crespo, blanco, por ahí de 1,60 metros, sin bigote, de acento paisa”, refirió Sánchez en 1996. En poco tiempo Wilson terminó haciendo de todo en la campaña política del exconcejal.

“Pintaba, manejaba el carro del perifoneo, él mismo perifoneaba, era electricista y contestaba el teléfono”, añadió en su testimonio. Algún día la secretaria de Sánchez le dijo que Wilson hacía muchas llamadas a Tunja porque allá supuestamente tenía un hermano militar. Se volvió de tanta confianza, según Sánchez, que escuchaba todas las conversaciones políticas. Ese 18 de agosto de 1989, Pedro Julio Sánchez lo envió a comprar un tarro de pintura que hacía falta para unas pancartas, pero no regresó. Solo lo volvió a ver, horas más tarde, debajo de la tarima disparando.

Cuando el fiscal sin rostro le preguntó por qué no había hablado del tal Wilson en sus declaraciones de 1989, Sánchez aseguró que fue por amenazas que le hicieron por teléfono en dos o tres oportunidades. Dijo, en concreto, que las recibió antes y después de su primera declaración, y que sus interlocutores, en medio de frases vulgares, le advirtieron que si decía algo de lo que había visto, no solamente le iba a costar su vida, sino la de sus hijos y su familia entera. Él atribuyó esas intimidaciones al hecho de haber visto al tal Wilson disparando.

Ese testimonio nunca fue valorado exhaustivamente y apenas ahora regresa a las pesquisas de la justicia. En criterio de la defensa del coronel González, el mayor Mantilla y el propio general Miguel Maza —todos detenidos por el magnicidio—, es muy probable que ese tal Wilson hubiera sido en realidad el sicario Jaime Rueda Rocha o uno de sus colaboradores, pues según el expediente, quien le disparó al candidato presidencial, salió de debajo de la tarima. Además, la descripción de Wilson no es muy distante de la fisionomía de Rueda Rocha, asesino material de Galán.

Por eso, el pasado 24 de febrero, Pedro Sánchez volvió a comparecer ante la justicia. En esta ocasión reiteró que fue tanta la confianza suya y de la gente de su compaña con Wilson, que él mismo, en 1989, le consiguió un cuarto en su casa materna para que se hospedara. En su última declaración, Sánchez dio detalles de cómo se construyó la tarima en la que cayó herido de muerte Luis Carlos Galán, y ratificó que en el momento del atentado vio a Wilson disparando muy cerca del candidato. Después, dijo, no volvió a verlo más.

Para los abogados del general Maza, el coronel González y el mayor Mantilla, es necesario ahondar en este testimonio y establecer la identidad plena de ese tal Wilson, quien ellos dan por hecho es Jaime Rueda Rocha o uno de los sicarios que lo acompañaban. Se busca identificarlo para saber si, al margen de las fallas en el esquema de seguridad del candidato, ya el grupo de asesinos había infiltrado la campaña de uno de los principales organizadores del evento de ese fatídico 18 de agosto de 1989. Ni más ni menos que la del exconcejal Sánchez.

Jaime Rueda Rocha, el sicario de Galán

El 21 de septiembre de 1989 fue capturado Jaime Rueda Rocha, el asesino de Luis Carlos Galán, luego de que uno de sus compinches lo delatara. Junto a él, también fueron arrestados su medio hermano, Éver Rueda Silva, y Pedro Páez, alias Nájaro. Los tres hombres habían sido salpicados por José Orlando Chávez Fajardo, quien confesó que detrás de todo estaba Gonzalo Rodríguez Gacha, alias el Mexicano. La justicia, sin embargo, no ahondó en esta hipótesis y prefirió enfilar baterías contra el químico farmacéutico Alberto Jubiz Hazbum y cuatro hombres inocentes.

El 18 de septiembre de 1990, por la puerta principal de la cárcel La Picota, Jaime Rueda Rocha se fugó del penal. Ese día, el abogado Saúl Pérez ingresó a la prisión con una cédula falsa y suplantó al criminal, quien vistió sus ropas y salió de la cárcel con barba postiza. 19 meses más tarde, el 23 de abril de 1992, fue abatido por la Policía en Honda (Tolima). Los secretos del asesinato de Galán fueron sepultados con él. 

jlaverde@elespectador.com