El karma de Amalfi

Este pueblo carga con el estigma de ser la cuna de dos oscuros clanes mafiosos: los Castaño y los Rendón. Un karma que no se va y vuelve hoy con la masacre de siete personas, al parecer, familiares de los exjefes paramilitares Daniel y Fredy Rendón Herrera.

Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario.Foto: Gabriel Aponte

Como una suerte de maldición, la historia reciente de Amalfi (Antioquia) ha estado marcada por la sevicia de alguno de sus peores hijos. Este pequeño municipio de 20 mil habitantes es la cuna de dos siniestros clanes mafiosos ya en declive: los Castaño y los Rendón. El primero compuesto por tres hermanos ya asesinados –Fidel, Carlos y Vicente Castaño– y su cuñada Sor Teresa Gómez, hoy presa por el asesinato de la lideresa campesina Yolanda Izquierdo.

El otro, por dos cabezas criminales: Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario, y Fredy Rendón Herrera, alias El Alemán. Una siniestra lista a la que se suman otros hijos muy poco ilustres como Jesús Ignacio Roldán, alias Monoleche, y Miguel Arroyave, alias Arcángel, ya muerto. Todos ellos protagonistas de una violencia que, a veces, parece acabada. Pero que siempre vuelve de forma atroz.

En hechos que siguen sin ser esclarecidos, siete personas –al parecer familiares de Daniel y Fredy Rendón Herrera– fueron asesinadas en Silencio Monos, zona rural de Amalfi. Algunos habitantes del sector señalaron la posible participación de uniformados en esta matanza. Lo que fue negado rotundamente por el comandante del Ejército, general Jaime Lasprilla. La Fiscalía ya envió un equipo especial de investigadores para indagar sobre lo ocurrido. Y las autoridades locales se encuentran en alerta.

Hay preocupación no solo por la posibilidad de que las víctimas sean familiares de estos dos sangrientos exjefes narcotraficantes y paramilitares sino –sobre todo– por la posibilidad de que estas muertes hagan parte de una venganza contra Don Mario por sus declaraciones sobre la presunta participación de militares en ejecuciones extrajudiciales cometidas en Antioquia y sobre otro largo etcétera de delitos. De hecho, en una carta enviada a la Corte Suprema de Justicia, Don Mario sostuvo que “mi relato es importante para judicializar los más de 4 mil procesos de hechos con ocurrencia en mi pertenencia y militancia de las organizaciones a las que pertenecí y de los cuales no se ha podido adelantar justicia”.

Y agregó en la misiva, revelada por Colprensa, que “con sus declaraciones ha denunciado 104 hechos de ejecuciones extrajudiciales, además de 30 personas involucradas con el paramilitarismos, entre las que se encuentran funcionarios públicos, de las fuerzas armadas y políticos del país”. A lo que se suma su inminente extradición de Don Mario a Estados Unidos y su posible colaboración con la justicia de ese país. Es tal el temor que su abogada, Nury López, ya anunció que le pedirá a la Fiscalía protección para algunos familiares del exjefe paramilitar. El recuerdo de la barbarie paramilitar vuelve cual fantasma. Una sombra que acecha a Amalfi desde hace años.

La historia que muchos han repetido hasta el cansancio dice que los Castaño se metieron de paramilitares para vengar la muerte de su padre, Jesús Antonio Castaño González, durante su secuestro a manos de las Farc. No obstante, antes de 1982, año de la muerte del patriarca, los Castaño ya coqueteaban con el narcotráfico y la violencia. Para ese año, Fidel Castaño ya andaba metido de lleno en negocios ilegales junto con su hermano Vicente y era dueño de importantes propiedades en su natal Amalfi, en Remedios y en Segovia; su hermano, Carlos, a sus escasos 17 años, ya conocía de ‘vueltas’ y crímenes. Y ese año, Amalfi sufrió en carne propia la barbarie paramilitar. La misma que luego sufrirían cientos de municipios por toda Colombia.

En dos masacres perpetradas ese año, los paramilitares asesinaron a una veintena de pobladores de la vereda Los Lagartos, zona rural de Amalfi. En una de ellas los “victimarios recorrieron el caserío con lista en mano para seleccionar a sus víctimas, las cuales fueron atadas y luego asesinadas con sevicia”, dice el Centro de Memoria Histórica en su informe Silenciar la democracia.

Según un testigo citado por el CMH, “los cuerpos estaban mutilados, sin ojos y sin lengua; fueron asesinados a balazos y a golpes de machete”. Esta entidad agrega que una mujer, Olga Lucía García de Osorio, “fue violada públicamente por sus victimarios. Todas las víctimas fueron acusadas de ser colaboradoras de la guerrilla de las Farc. Varias denuncias realizadas en su momento señalaron la participación en estos crímenes de miembros activos del Batallón de Infantería N° 42 Batalla de Bomboná, con sede en Segovia (Antioquia), quienes presuntamente se habrían puesto al servicio de la venganza de Fidel Castaño por el secuestro y muerte de su padre”.

Amalfi, Las Tangas, Medellín

Tras estas y otras masacres perpetradas por todo el nororiente antioqueño, los Castaño se trasladaron al sur de Córdoba, donde iniciarían su imperio criminal desde una finca arrebatada a un respetado hacendado y que con los años se convirtió en una fortaleza paramilitar: Las Tangas. Un predio que acaba de ser restituido a centenares de campesinos de la región. Al igual que los Castaño, en esos años otro clan amalfitano se desplazaba hacia otro lugar. En 1987 la familia Rendón se trasladó a Medellín y montó un billar en el barrio Castilla. Allí Daniel conoció a un coterráneo suyo que cambiaría su vida: Miguel Arroyave, alias Arcángel. Fue él quien lo introdujo en el mundo del narcotráfico, donde conocería a Vicente Castaño.

Ya a mediados de los 90, Daniel se trasladaba a los Llanos Orientales para seguir allí con su carrera delictiva. Por su parte, Fredy fungía como ayudante de un camión cervecero en el Urabá antioqueño. Hasta que el discurso paramilitar “lo convenció” en 1996. Y Amalfi caía, de nuevo, en las manos del paramilitarismo. Un testimonio revelado por el portal Verdad Abierta da cuenta de este hecho. Un paramilitar, cuya identidad no es revelada, sostiene que “entre el año de 1995 y el 2000 pudimos haber asesinado por lo menos a 200 personas, aunque no llevábamos una contabilidad de los difuntos. Muchos de ellos están enterrados en unas fosas que están en un cerro a la entrada del pueblo y en la mina La Viborita”. Y agrega, con cinismo, que “Amalfi tiene un problema muy grande, muy verraco: no tiene ríos. Entonces toca descuartizar a la gente; además, para que se descompongan más fácil y evitar la identificación”.

Ese mismo año de 1996, Daniel llegaba a San Martín (Meta) a expandir, de la mano de Miguel Arroyave, el imperio Castaño. En lugares separados, pero contaminados por la misma ambición, Fredy y Daniel empezaron a crecer dentro de la estructura paramilitar. El primero, al mando del bloque Élmer Cárdenas; el segundo, como protagonista de la guerra entre Arroyave y Martín Llanos, otro viejo paramilitar de los Llanos.

Con el paso del tiempo sus caminos se separaron a tal punto que mientras uno se desmovilizaba, el otro se negaba a rendirse y seguía empeñado en su empresa criminal, una que, valga decirlo, sería el germen de lo que hoy se conoce como el Clan Úsuga. Y entonces vino el declive. A mediados de los años 2000, Fidel ya estaba muerto, Carlos era asesinado por su hermano Vicente y este, a su vez, era ultimado por lugartenientes que alguna vez le juraron lealtad. Con los Rendón la cosa fue distinta pero no necesariamente mejor. Fredy fue encarcelado, hoy permanece preso. Por su parte, Daniel, mejor dicho Don Mario, no pudo con todas las guerras que se le vinieron encima por negarse a entregar las armas y fue detenido en 2008. Pese a estar muertos o presos, estos hijos bastardos de Amalfi siguen en la memoria de los amalfitanos. La mejor –o peor, en realidad– muestra de ello es la matanza de hoy.