Primera entrega

El lastre político que arrastra Barrancabermeja con sus alcaldes (I)

En 30 años de mandatos populares, el puerto petrolero ha sufrido la crisis de sus dirigentes. Un exalcalde asesinado y casi todos los demás presos. El actual, Darío Echeverri, hoy responde a la justicia por delitos electorales. La sombra del paramilitarismo aún se siente.

Darío Echeverri está siendo investigado porque, presuntamente, interfirió en las elecciones que se convocaron el año pasado para lograr su revocatoria.Gustavo Torrijos

La captura del alcalde de Barrancabermeja Darío Echeverri Serrano por presuntos delitos electorales relacionados con un plan para impedir su revocatoria, golpea una vez más a una ciudad que no conoce pausa en los enredos de sus mandatarios. Desde que se creó la elección popular de alcaldes hace 30 años, son tantos los sancionados o cesados por orden judicial, que no sorprende a su gente la noticia de otro gobernante preso.

El primero de los elegidos, el ganadero Rafael Fernández Fernández que triunfó en los primeros comicios del 13 de marzo de 1988, llegó a la Alcaldía de Barrancabermeja ratificando la hegemonía política que desde finales de los años 70 tenía en el puerto petrolero el Frente de Izquierda Liberal Auténtico (FILA), constituido en 1977 por Horacio Serpa Uribe, Aristides Andrade, Juan de Dios Alfonso y el propio Rafael Fernández, entre otros.

Fernández entró a gobernar en una ciudad en la que el conflicto armado ya se sentía en sus calles. Las Farc, el Eln y el Epl golpeaban sin límites, y el paramilitarismo, que en el Magdalena Medio brotó como hierba, comenzaba a desenroscar su aguijón. Con una larga historia de lucha sindical entre trabajadores petroleros y la notoria influencia de la Unión Sindical Obrera (USO), para unos y otros Barrancabermeja se volvió un objetivo político.

A duras penas Rafael Fernández pudo capotear el difícil momento causado por la arremetida contra la Unión Patriótica (UP). Sin embargo, admiradores o críticos coinciden en señalar que fue un alcalde decente. Incluso hay quienes le atribuyen la condición de ser el mejor mandatario popular que haya tenido la ciudad. “Mientras gobernó Fernández, los paramilitares de San Vicente de Chucurí y El Carmen no pudieron entrar al puerto”, comentó una fuente.

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Tres años después de su mandato, el 22 de agosto de 1993, hace 25 años, cuando asistía al sepelio de la suegra del mayordomo de su finca, Fernández fue asesinado a balazos. En el cementerio Jardines del Silencio, durante sus concurridas exequias, su copartidario y amigo Horacio Serpa Uribe señaló al Eln de ser responsable del homicidio. Nunca se esclareció el hecho, entre otros factores porque la violencia ya multiplicaba a sus víctimas ilustres.

El segundo alcalde popular de Barrancabermeja fue Jorge Gómez Villamizar, aliado del FILA. De su gobierno no quedaron cuestionamientos y tuvo exitosa proyección política. Le dio para ser secretario de Gobierno de Santander, junto a Mario Camacho (condenado en 2008 por celebración indebida de contratos) y luego gobernador del departamento en 2001, justo cuando arreciaba la guerra entre paramilitarismo e insurgencia.

En 1992 vino el quiebre político en Barrancabermeja y el fin de la hegemonía del FILA. Después de casi dos décadas de control, de sus entrañas surgió el personaje que acaparó el poder en todos los frentes: Élkin Bueno Altahona. Algunos le atribuyen ser uno de los causantes de la debacle de la ciudad. Otros defienden su liderazgo, refrendado en poder y carisma para integrarse con las comunidades y traducir esa alianza en votos en las urnas.

Se inició como asistente de la Secretaría de Bienestar Social, amparado por el FILA, y pasó por la secretaría del Concejo, donde aprendió a relacionarse con los políticos. Pero cuando entendió que el FILA no estaba en la misma línea de su proyección política personal, se alió con el movimiento del excontralor Rodolfo González y ganó la alcaldía de Barrancabermeja. Desde ese día, entró en pelea directa con Horacio Serpa y su círculo.

Para bien o mal, la historia de Barrancabermeja de los últimos tiempos pasa por Élkin Bueno, quien repitió alcaldía en 1997 y 2012. De él abundan múltiples versiones cruzadas. Unos dicen que hasta tiene habilidades de hipnosis que le sirven para hechizar a la gente. Otros afirman que fue estilista, quería ser cantante, y que a pura simpatía se volvió alcalde. Lo cierto es que su nombre se asocia también a investigaciones penales y disciplinarias.

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“En Barrancabermeja se dice que la gente lo prefiere porque comparte la corrupción, es decir, porque roba para todos”, expresa una fuente. Otro conocedor del devenir de la ciudad agrega que en sus gobiernos siempre ha tenido un pie en la alcaldía y otro en la justicia. Lo dice porque a pesar de los expedientes en su contra, siempre ha salido bien librado. En fecha reciente le levantaron una medida de aseguramiento por nexos con el paramilitarismo.

Espere en la próxima entrega de este tema: los alcaldes que dirigieron a Barrancabermeja entre 1994 y 2003 y sus enredos, principalmente, con los grupos paramilitares.