Segunda entrega

El lastre político que arrastra Barrancabermeja con sus alcaldes (II)

En los años 90, el principal problema que opacó la gestión de los alcaldes de este municipio santandereano fueron los nexos con el paramilitarismo, que se metió a sangre y fuego en la región para desplazar a la guerrilla y hacerse a una zona estratégica.

Iván Roberto Duque, alias "Ernesto Báez", fue fundamental para la expansión paramilitar en Barrancabermeja. Foto: archivo El Espectador

En 1994, cuando la guerra ya pasaba por el puerto, fue elegido alcalde Mario Evan Name, un ingeniero industrial de ascendentes libaneses que derrotó al candidato del liberalismo, el actual mandatario Darío Echeverri. No fue un mandato crítico y aunque afrontó investigaciones por asuntos de contratación, no terminó en líos judiciales. En su mandato intentó sanear la política y consolidar una administración moderada, pero el entorno ya era turbio. 

Después de Mario Evan Name volvió Élkin Bueno Altahona. Fue su segundo mandato, cuando ya Barrancabermeja comenzaba a vivir su mayor hora de dolor. Tras la creación de las Autodefensas Unidas de Colombia en 1996, Carlos Castaño y sus asesores determinaron que uno de sus objetivos prioritarios fuera la toma territorial del sur de Bolívar y Barrancabermeja. Para esa misión se conformó el llamado Bloque Central Bolívar.

Aunque ya el paramilitarismo golpeaba a través de las autodefensas de Santander, lideradas por Camilo Morantes, y se había perpetrado la masacre del 16 de mayo de 1998, cuando fueron asesinados siete jóvenes señalados de ser  guerrilleros y fueron desaparecidas 25 personas más, fue después de su ejecución, a manos de sus propios secuaces, cuando el Bloque Central Bolívar consolidó su cerco, incluyendo la captura del Estado y del poder político.

Tiempo después, el jefe paramilitar Iván Roberto Duque, alias Ernesto Báez, en una entrevista a Vanguardia Liberal en el año 2012, lo admitió de manera tácita: “Consideramos que la intervención política en Santander tenía que ser entrando por la puerta de oro, Barrancabermeja”. El dinero para esa criminal incursión lo aportó Carlos Mario Jiménez, alias Macaco. Como jefe militar obró Rodrigo Pérez Alzate, conocido con el alias de Julián Bolívar.

(En contexto: Otorgan libertad al excomandante paramilitar 'Ernesto Báez')

Desde entonces, la corrupción paramilitar se abrió paso. Fue la misma época en la que se consolidó en la región el movimiento No al despeje para impedir que el gobierno de Pastrana habilitara una zona de distensión en el Magdalena Medio y adelantara diálogos con el Eln. Esa plataforma fue la base del reacomodo político que le permitió a las autodefensas extender su control armado a varios municipios, sus administraciones y concejos.

Cuando el abogado Julio César Ardila ganó la alcaldía de Barrancabermeja en el año 2001, ya el paramilitarismo era amo y señor en la región. Ardila accedió al poder local en medio del entusiasmo ciudadano porque llegaba un líder con  trayectoria pulcra y respetable. Primero como inspector de policía, y luego como personero delegado en lo penal, concejal y finalmente como defensor del Pueblo en el Magdalena Medio, donde la guerra se multiplicaba.

No obstante, Ardila accedió a la alcaldía con un aliado que paradójicamente fue determinante tanto para su ascenso vertiginoso, como para su caída libre: el periodista Emeterio Rivas. Asentado en la región desde más una década atrás, Rivas se convirtió en el dueño y periodista de Calor Stéreo, y sus intervenciones al aire en esa emisora, pronto captaron la máxima audiencia. Esa popularidad fue clave para que Ardila se alzara con la victoria.

Pero una vez en el poder, Emeterio Rivas se le salió de las manos a todos y pronto quedó en claro que tenía línea directa con la casa Castaño. De hecho, cuando el jefe paramilitar salía al aire, lograba más sintonía que las grandes cadenas radiales. Al mismo tiempo, Rivas controlaba cargos claves de la administración de Ardila. El citado Ernesto Báez admitió después que, con el consentimiento del alcalde, el paramilitarismo accedió también al concejo.

Al tiempo que el Bloque Central Bolívar apoyaba candidatos a las elecciones de concejo y alcaldes en varios municipios de Santander, entre ellos Barrancabermeja, logró también que políticos de su confianza accedieran al Congreso. Su ficha al Senado fue Carlos Clavijo y a la Cámara Nelson Naranjo. El propio Rivas lo intentó y una de sus frases de campaña era “para cambiar de negro”. Se refería al parlamentario del FILA, Aristides Andrade, congresista entre 1982 y 2002.

Años después, el jefe paramilitar Ernesto Báez lo asumió en entrevista a RCN Televisión, cuando dijo que habían logrado sacar del Congreso a varios parlamentarios en los comicios de 2002, entre ellos a Aristides Andrade. Con una ventaja adicional para sus objetivos: con la victoria presidencial de Álvaro Uribe, pronto tomó forma su accidentado proceso de paz con las autodefensas, lo que afianzó en la región el tránsito hacia un nuevo orden político.

(Vea la primera publicación de El lastre político que arrastra Barrancabermeja con sus alcaldes)

El ocaso de Ardila en el poder no puso ser peor. Tras el asesinato de Emeterio Rivas en 2003, terminó enredado en la investigación. Él insiste en que es inocente, pero fue condenado a 28 años de prisión por esta causa. Hoy sigue privado de la libertad en La  Modelo. Después de su mandato, fue tal el desbarajuste en el puerto petrolero, que el número de candidatos peleándose la alcaldía llegó a 17, en medio de un alud de señalamientos mutuos de corrupción o fraude.

Espere en la próxima entrega de este tema: los líos judiciales en los que terminaron involucrados quienes trataron de liderar al puerto petrolero entre 2004 y 2007.