El “narco” que fue vecino del embajador de EE.UU.

Autoridades descubrieron que en el mismo condominio en Risaralda en el que el gobierno de Estados Unidos tiene una casa de descanso, había una finca de la mafia.

La finca construida en un condominio en el sector de Las Pavas (Pereira), donde también está ubicada una casa de descanso de la Embajada de EE.UU. / Policía
Luego de dos años de trabajo conjunto entre la Dirección de Extinción de Dominio de la Fiscalía y la Policía Antinarcóticos, se logró recuperar 25 bienes que pertenecían a una red de narcotráfico que entre 2009 y 2010 envió toneladas de droga desde Buenaventura a México, Nicaragua y Estados Unidos. Entre las propiedades ocupadas por el Estado hay lujosos apartamentos en Cali y Bogotá. Sin embargo, el inmueble que más llamó la atención fue una finca en un condominio en el exclusivo sector de Las Pavas, en Pereira, lugar donde está construida una casa de descanso de la Embajada norteamericana.
 
Fuentes cercanas al proceso le contaron a este diario que en el momento de legalizar el embargo de la propiedad surgió una serie de inconvenientes por las extremas medidas de seguridad para ingresar al sector. Tanto los uniformados como el fiscal que adelantaba la diligencia tuvieron que identificarse para poder legalizar la ocupación del bien. Luego la situación se normalizó.
 
El inmueble incautado, que resultó ubicado muy cerca de la casa de descanso del embajador de Estados Unidos, fue adquirido por Edward Hoyos Gil, quien el 9 de junio de 2011 fue capturado en el marco de la Operación República 77 por sus presuntos nexos con el narcotráfico. Hoyos, un hombre que nació en Estados Unidos y que luego adquirió la nacionalidad colombiana, hizo parte de las más de 400 personas que construyeron redes de tráfico de estupefacientes al servicio de los hermanos Javier y Enrique Calle Serna, más conocidos como los Comba, jefes de los Rastrojos.
Junto a Edward Hoyos fueron arrestados en 2011 Oswaldo Corredor, Víctor Manuel Romero, Francisco Zárate, Octavio Rosero, Óscar Javier Reyes y Norberto Muñoz. Según las autoridades, Hoyos era el cerebro de la organización, ya que gracias a su doble nacionalidad logró consolidar una organización ilegal que envió toneladas de droga desde Buenaventura hasta Estados Unidos. 
 
Estas siete personas entraron en el radar de las autoridades en enero de 2010, cuando les decomisaron un cargamento de droga en Nicaragua. Desde entonces, la DEA, la Fiscalía y la Policía Antinarcóticos les siguieron la pista. Encontraron que Hoyos y su gente sobornaban a funcionarios en el puerto para que les permitieran “contaminar” algunos contenedores que tenían como destino final Estados Unidos, país en el que personas cercanas a Edward Hoyos se encargaban de recibir la mercancía. 
 
Los miembros de esta red fueron condenados en 2012 luego de llegar a un preacuerdo con la Fiscalía. Sin embargo, mientras negociaban con las autoridades, algunos de ellos vendieron o traspasaron sus propiedades para evitar que se las arrebataran. Fue el caso de Edward Hoyos y su finca en Las Pavas, la cual vendió en diciembre de 2011. Según las autoridades, los narcotraficantes intentaron comprar propiedades en sectores exclusivos para dar apariencia de legalidad a sus dineros.
 
La operación antimafia logró recuperar más de $11.000 millones. Fuentes cercanas al proceso precisaron que esta es la primera fase, ya que tienen identificados otros bienes que podrían estar en manos de testaferros. Estos 25 bienes fueron embargados luego de que se evidenciara que Hoyos y sus socios empezaron a traspasar o a vender sus propiedades mientras estaban en prisión, por lo que las autoridades precisaron que los compradores debían conocer que los propietarios estaban presos y la procedencia de esos inmuebles era ilegal.
 
Hoyos, además de la finca en Las Pavas, vendió dos lotes en Cartago (Valle), un predio en Roldanillo y su moto BMW. Los otros implicados negociaron carros y apartamentos en Bogotá y Cali. Uno de estos inmuebles estaba ubicado en el reconocido edificio Alférez Real de la capital vallecaucana. También se tomó posesión de siete sociedades comerciales dedicadas al servicio de seguridad privada, venta de licores y manejo de casas de apuestas. Pero, sin duda, el enredo mayor tuvo que ver con el predio de Hoyos, el vecino más incómodo para la embajada norteamericana.