El partido más difícil de los exfutbolistas: lograr que sus clubes paguen sus pensiones

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Apenas desde 1995, los clubes de fútbol reconocieron a sus jugadores como trabajadores. Varios de ellos, ya retirados, han decidido enfrentarse legalmente a las instituciones donde fueron ídolos.

Miguel Escobar fue un hombre callado dentro del campo. En los 13 años que estuvo en el Deportivo Cali, donde lució por varios años el brazalete de capitán, pocas veces alzó la voz. Su precisión en los quites y su elegancia como defensa central hablaron por él en los 537 partidos que jugó con el conjunto azucarero. Desde hace unos años, el silencio también lo acompaña en el retiro: un cáncer en la garganta lo obligó a usar un laringófono, aparato que traduce las vibraciones de la laringe en una voz con un tono robótico. Aun así, hizo oír hasta en la Corte Suprema de Justicia sus reclamos contra el club, en el que jugó casi toda su carrera deportiva, por el no pago de su pensión.

::Miguel Escobar le ganó la batalla legal al Deportivo Cali por su pensión::

Tras su retiro, Escobar tuvo varios trabajos; incluso llegó a manejar un taxi para sobrevivir. Pero, por la pérdida de su voz, tuvo que venderlo y depender del dinero que le dieran sus hijos. No tenía una pensión para mantenerse en su vejez, ya que el Deportivo Cali nunca lo afilió y, mucho menos, pagó las obligaciones prestacionales que legalmente tenía con el jugador. Ante el desamparo, el jugador que más veces vistió la camiseta verdiblanca decidió emprender una acción legal en contra del club en el que se consagró como ídolo.

De acuerdo con León Arturo García, abogado del exjugador, en 2009 se presentó una demanda en contra del Cali para reclamar por los 13 años de pensiones que no pagó al sistema de seguridad social a nombre de Miguel Escobar. Aunque intentaron conciliar con el equipo en reiteradas ocasiones, la institución aseguró que “no era cierto” que hubiera un vínculo laboral con Escobar, ya que “para aquella data los jugadores no se vinculaban de esa manera, sino que simplemente la relación era como jugador de fútbol”, por lo que, dicen, no tenían ninguna obligación legal de pagarle la pensión.

::En el Cúcuta no habrían pagado la seguridad social ni la pensión en 2007::

Fueron diez años de un largo proceso. Según Escobar, el club del Valle le retiró el beneficio de entrar al estadio de forma gratuita: “Nos daban un carné y hace como cinco años nos quitaron la posibilidad de ir a disfrutar los partidos del Cali”. En primera instancia, un juez dictaminó que Colpensiones debía pagarle a Escobar una indemnización sustitutiva de $8.352’673,24, decisión que fue apelada por el demandante. En segunda instancia, la Sala de Descongestión Laboral del Tribunal Superior de Cali dictaminó que el club de fútbol tenía que hacerse cargo de los años de pensión que no le había reconocido. En desacuerdo con la decisión, el club interpuso un recurso de casación y llevó el proceso a Bogotá.

::La espera de Willington Ortiz por una pensión:: 

Tras cinco años de espera, el exjugador que llegó a vestir la tricolor en la Copa América de 1975 logró que la Sala Laboral de la Corte Suprema de Justicia le diera la razón. El pasado 30 de enero, el alto tribunal dejó en firme la decisión de que el equipo profesional tenía que pagar “en favor de Miguel Antonio Escobar Montalvo los aportes a pensión, representado en el valor del cálculo actuarial (actual) por el tiempo que duró la relación laboral; esto es, desde el 31 de diciembre de 1967 hasta el 30 de junio de 1980”. Sin embargo, ya van cinco meses del fallo y el Juzgado Primero Laboral de Cali no ha hecho lo necesario para que la decisión se ejecute. Un procedimiento que, según León Arturo García, por ley, no debería tomar más de 45 días.

La puerta para nuevos procesos

El caso de Miguel Escobar no es el primero, pero sí de los más representativos. Como él, hay muchos jugadores que han demandado a sus antiguos clubes exigiéndoles las pensiones que no les pagaron: hay procesos en los que, por una sola persona, son tres, cuatro y hasta cinco los equipos vinculados a la reclamación. Entre los demandantes están glorias del fútbol como Henry la Mosca Caicedo, Carlos Samboní, Ever Barona, Julián Martínez, Ángel María Torres, Óscar Muñoz, Hugo Enrique el Pitillo Valencia, Gabriel Chaparro, Víctor Lugo, Juan Caicedo, Enrique Perilla, Everto Quiñones, Horacio Ferrín, Arley Dinas, Víctor Espinosa, Willington Ortiz y Óscar Córdoba. Estaba también William Ospina: murió esperando ver su pensión.

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Desde el comienzo del fútbol profesional colombiano, en 1948, hasta 1995, año en el que se expidió la Ley 181 que exigía “la suscripción de un contrato de trabajo con los futbolistas”, los jugadores no eran vistos como trabajadores por parte de los clubes de fútbol (tanto de la A como de la B, creada en 1991), no se formaban vínculos laborales oficiales y, por consiguiente, no se les pagaba pensión. Situación que Carlos González Puche, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (Acolfutpro), define como una especie de “esclavitud” en la que los equipos tenían control sobre el jugador con tan solo el registro, convirtiéndose en dueños de sus derechos deportivos y, prácticamente, de sus destinos.

Tras la decisión a favor de Escobar, pareciera que las reclamaciones de exfutbolistas tienen un camino allanado ante la justicia; pero no es así. Como lo comenta González Puche, “es muy difícil tener contratos” o pruebas de la vinculación de los jugadores con sus equipos. Incluso en el caso de Escobar se tuvo que cotizar los 13 años adeudados sobre el salario mínimo porque no había las pruebas suficientes que permitieran saber cuánto se le pagaba al exjugador. En otros casos, como lo comenta el abogado León Arturo García, los jugadores “nunca pensaron que el mañana iba a llegar y fueron desordenados” con la documentación que probaba su relación con el club, como acuerdos escritos, recibos de pago y carnés de la institución.

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La falta de documentación o pruebas ha sido usada por algunos equipos para negar cualquier vinculación deportiva con los exjugadores o poner en duda la identidad de los reclamantes. Es el caso de Hugo Enrique el Pitillo Valencia, quien jugó entre 1978 y 1989 en el América y compartió vestuario con jugadores de la talla de Julio César Falcioni, José Pascuttini, Alfonso Cañón y Ricardo Gareca, quienes lograron el pentacampeonato y las tres finales de Copa Libertadores consecutivas. El Pitillo le contó a este diario que cuando fue a reclamar por su pensión el presidente, Orestes Sangiovani, reconoció que lo vio jugar de joven, pero que habían “pasado tantos años” que no podía verificar que la persona frente a él fuera el mismo.

A pesar de la respuesta indiferente de quien presidió el América entre 2012 y 2016, la demanda del Pitillo fue una de las primeras que la justicia falló en favor de un jugador profesional. Sin embargo, los Diablos Rojos, asegura el abogado León Arturo García, no han reconocido el pago de su pensión al deportista, ya que la institución está desde 2014 en proceso de reorganización empresarial ante la Superintendencia de Sociedades. El Espectador intentó confirmar esta versión con el equipo legal del América, pero se negaron a dar declaraciones y aseguraron que la información de este y otros procesos era únicamente competencia del equipo.

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La venta de la ficha de los equipos también ha sido un problema en las reclamaciones de los exjugadores. Willington Ortiz, considerado el mejor futbolista colombiano del siglo XX, demandó por su pensión a los equipos en los que jugó (Millonarios, Cali y América), luego de ver a varios de sus colegas morir sin que los equipos les brindaran siquiera “una bandera para que la pongan en el ataúd por agradecimiento”, manifestó en entrevista con El Espectador. No obstante, la actual dirigencia del cuadro capitalino le respondió al viejo Willy que el pleito no era con ellos, sino con la antigua administración.

Este periódico pudo comprobar que los dueños del club embajador aseguran que ellos, como Azul y Blanco Millonarios FC S.A. —sociedad anónima que compró el derecho de afiliación (la ficha) del equipo en 2011—, no tienen ninguna responsabilidad sobre las deudas y reclamaciones hechas al Club Deportivo Los Millonarios, organización cabeza de la institución hasta 2011 y que ahora se llama Corporación 224.

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Otro lío al que se han enfrentado los jugadores frente al tema pensional son los dobles contratos. Carlos González Puche sostiene que, tras la determinación de reconocerlos como merecedores de un contrato laboral en 1995, varios clubes, para disminuir el dinero que tenían que aportar a la seguridad social, decidieron firmar con los jugadores dos contratos: uno laboral por un bajo monto y uno por prestación de servicios con el resto de su sueldo. Esta práctica fue muy común con los futbolistas profesionales hasta, por lo menos, 2004, año en que los jugadores se organizaron en agremiación.

A pesar de los líos en la reclamación de sus pensiones, la mayoría de exfutbolistas concuerdan en un punto: el amor hacia el fútbol. Para ellos, este deporte les dio todo, la posibilidad de salir adelante, de mejorar su calidad humana, de tener familia. Como declara con la voz entrecortada Humberto Muñoz, jugador del Cali entre 1967 y 1978, amigo inseparable de Miguel Escobar y quien también está demandando por su pensión: “Si algo tengo por qué agradecer es porque jugué fútbol, comí con sal; si no, no hubiera comido con sal”.

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