El 'Pekinés' y la guerra verde

Luis Murcia, uno de los míticos esmeralderos que padeció la violencia desde la década de los 60 en Boyacá, fue asesinado en una finca en Arbeláez (Cundinamarca).

 Luis Murcia Chaparro, más conocido como el ‘Pekinés’, uno de los principales esmeralderos del país.  / El Tiempo
Luis Murcia Chaparro, más conocido como el ‘Pekinés’, uno de los principales esmeralderos del país. / El Tiempo

En Boyacá temen que su territorio sea invadido por la guerra verde que alguna vez vivieron antes de que los esmeralderos firmaran la paz en 1990. Sin embargo, en los últimos años, una serie de asesinatos y atentados pusieron en duda el pacto. El último episodio, el asesinato de Luis Murcia Chaparro, más conocido como el Pekinés. Este hombre de mil batallas, que no sólo participó desde la década de los 60 de los sangrientos hechos que mancharon el oro verde, murió solo en una finca ubicada en el municipio de Arbeláez (Cundinamarca) el pasado jueves en la noche.

Muchas hipótesis ha generado el asesinato del hombre que durante los 80 se enfrentó al extinto zar de las esmeraldas, Víctor Carranza —murió enfermo el 4 de abril de 2013—, pero que tras la firma de paz se convirtió en uno de sus principales aliados. Las primeras versiones indican que hombres armados llegaron en una moto hasta una humilde finca en la que dormía Murcia. Inmediatamente comenzaron a disparar, a lo que el Pekinés respondió e intentó ocultarse en un cafetal aledaño al predio. Sin embargo, dos campesinos que acompañaban en ese momento a Murcia —y que aseguraron, se escondieron cuando empezó la balacera— les relataron a las autoridades que los sicarios persiguieron al esmeraldero para ultimarlo.

Luis Murcia fue encontrado muerto por la Policía con seis impactos de bala y un arma de fuego. Asimismo, a la entrada de la finca de paso donde dormía el Pekinés, hallaron su camioneta blindada y otra arma de fuego. Según las autoridades, las primeras pesquisas indicaron que el esmeraldero se encontraba en la zona observando unos gallos de pelea y que, al parecer, no estaba con guardaespaldas, pese a que en los últimos días varios de sus socios y él habían denunciado amenazas en su contra.

El pasado 9 de noviembre, cuando Pedro Nel Rincón, alias Pedro Orejas —hoy preso en la cárcel de máxima seguridad de Cómbita mientras se le adelanta un proceso por porte, tráfico y fabricación ilegal de armas—, sufrió un atentado en Pauna (Boyacá). Dos meses después de los hechos murió el hijo de Rincón, Pedro Simón, y la tensión entre los esmeralderos creció. Tanto así, que Pedro Orejas y su esposa, Mercedes Salazar, señalaron a los hermanos Murcia (Luis y Óscar) y a los hermanos Cañón (Pedro y Maximiliano) de ser quienes estaban detrás de este plan, ya que desde la muerte de Carranza, supuestamente, comenzaron una pelea para tener el control total de la mina ‘Consorcio’.

La respuesta del Pekinés no se hizo esperar, y en varios medios de comunicación señaló que en ningún momento habían intentado asesinar a Pedro Orejas y que desde tiempo atrás habían salido de la región para seguir respetando los pactos de paz. Agregó que si alguien estaba intentando reiniciar la guerra verde era Rincón, quien tras la muerte de Carranza se quería proclamar como el nuevo zar de las esmeraldas. Murcia concluyó: que si algo le ocurría, responsabilizaba a Pedro Orejas.

Sin embargo, han sido varios los capítulos en los que la familia Murcia y Rincón han tenido altercados. Uno de ellos, el asesinato de uno de los abogados de Pedro Orejas, Víctor Armando Ramírez. Los hechos ocurrieron el 15 de enero de 2013 y en ese entonces Ramírez era el director del CTI de Boyacá. Pero lo más curioso del caso es que uno de los sicarios que participó en el crimen señaló a Óscar Murcia como el autor intelectual. El hermano del Pekinés fue capturado el pasado 9 de mayo en Apartadó (Antioquia). Para la Fiscalía existen pruebas que demostrarían que Murcia habría orquestado el plan criminal.

Pero más allá del asesinato de Ramírez, para las autoridades los Murcia, al parecer, estaban afianzando sus nexos con los Urabeños, especialmente con Yonny Cano Linares, el Llanero, un exparamilitar del bloque Centauros, quien a través de Óscar Murcia habría intentado ingresar al negocio de las esmeraldas. El Llanero fue capturado hace pocos meses, y existe la hipótesis de que este hombre fue quien ejecutó el plan para asesinar a Pedro Orejas, ya quien era quien lideraba la ofensiva para retomar el control en la zona.

En Boyacá, a pesar de que sus pobladores viven bajo la incertidumbre de si volverá la guerra verde, las autoridades institucionales no creen que la violencia se vaya a apoderar del departamento. “La muerte de Luis Eduardo Murcia es un hecho que lamentamos como boyacenses. Él fue uno de los líderes esmeralderos que en la década de los 90 inició el proceso de paz y vemos con preocupación que haya sido asesinado. Hoy la situación en el departamento, particularmente en la provincia de occidente, es muy diferente a la de las décadas de violencia. El Ejército y la Policía hacen presencia cotidianamente y se han creado medidas preventivas como la prohibición del porte de armas. Por eso no tenemos argumentos para pensar que pudiera desarrollarse una lucha armada entre facciones de grupos esmeralderos. Aún más porque las comunidades no dependen en su gran mayoría de la explotación, exploración o comercialización de las esmeraldas, sino de otras actividades diferentes como la explotación agropecuaria”, sostuvo Fabio Bustos Ballesteros, secretario general del departamento.

Aún así, el asesinato de Luis Murcia, como lo han evidenciado los más recientes capítulos de los coletazos de la guerra verde, no quedará en el olvido. No sólo por que el Pekinés era un reconocido líder de la región desde 1961 cuando se registraron los primeros enfrentamientos entre los hermanos Efraín y Valentín González; de Humberto el Ganzo Ariza y Carlos Murcia Chaparro, alias Garbanzo —todos murieron antes de que se firmara la paz—. Además, desde que aparecieron en 1973 Víctor Carranza y Gilberto Molina, no cayó en desgracia y se mantuvo como uno de los esmeralderos de la región. Asimismo, cuando en 1985 reaparecieron los enfrentamientos por la llegada del narcotráfico, padeció de la barbarie del extinto capo Gonzalo Rodríguez Gacha, alias el Mexicano.

Sólo la muerte de Gacha logró que en la región todos los esmeralderos se unieran en un proyecto de paz en la región. Fue entonces que el nombre del Pekinés tomó aún más relevancia, ya que junto a su nuevo mejor amigo, Víctor Carranza, eran los hombres que mejor conocían el mundo del oro verde. Por ahora no se sabe nada del paradero de sus sicarios ni quién ordenó su muerte.

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