El primer repatriado de China tuvo que poner una tutela para que le prestaran atención médica

Harold Carrillo, el primer colombiano repatriado desde una cárcel en China, sigue sin recibir tratamiento para su cáncer de garganta. Tuvo que interponer una tutela para que un oncólogo lo examinara.

Hárold Carrillo fue condenado a 19 años de prisión por narcotráfico. / Cortesía

Han pasado cien días desde la llegada de Hárold Carrillo a Colombia después de estar preso en una cárcel de China. Aún no se sabe a ciencia cierta qué tan grave es el cáncer que ha invadido su garganta y su nariz y que, según parece, ya se extendió a los ganglios linfáticos cervicales –ubicados en la parte posterior del cuello–. En estos tres meses, Hárold Carrillo ha tenido tiempo para conocer a su primer y único nieto, para recordar a qué sabe un pandebono, para celebrar cincuenta años de vida y para entutelar a Caprecom, la EPS que presta el servicio de salud en las cárceles, pues desde que volvió al país no ha recibido tratamiento médico para su cáncer.

La razón para que Hárold Carrillo se convirtiera en el primer repatriado desde China fue humanitaria: el Buró de Administraciones de Cárceles de Guangdong (China) le diagnosticó un cáncer de garganta y que la enfermedad podría acabar con su vida “en cualquier momento”. Por eso, el gobierno chino lo dejó pagar en Colombia lo que resta de su condena de 19 años y tres meses de prisión por narcotráfico. Llegó al país el 25 de noviembre de 2015 y desde esa fecha espera que le traten su enfermedad. Y ante la pasividad de Caprecom, el pasado 11 de febrero decidió poner una tutela para exigir su derecho a la salud.

Con la acción legal, Carrillo solicitó recibir tratamiento médico de manera inmediata y, además, ser trasladado a una clínica o a su vivienda, “según lo que recomiende el oncólogo”. Para el momento en el que se interpuso la tutela, la atención médica que había recibido se limitaba a la visita de un médico general al pabellón de enfermos y a una dieta especial de pollo sin sal, verduras blandas como el zapallo y complementos proteicos, según cuenta su esposa, Luz Farid Celis. Además, le dijo Luz Farid a El Espectador, el 12 de enero de este año había sido llevado a la clínica Valle del Lili (Cali) para que valoraran su estado de salud.

En aquella ocasión no ordenaron comenzar un tratamiento especial, ni hacerle los exámenes que permitieran determinar la gravedad de su enfermedad. De acuerdo con el doctor Patricio Navarrete, internista que conoció el diagnóstico enviado desde China, es fundamental realizarle por lo menos ocho exámenes a Hárold Carrillo para determinar su estado de salud. “Él podrá verse y sentirse muy bien, pero no sabemos con exactitud qué está pasando en su cuerpo”, le explicó el médico a este diario. Días después de su llegada al país, Hárold dijo en varios medios de comunicación que a menudo sentía fuego quemando su garganta.

El fuego, sin embargo, no le impidió probar los pandebonos que su sobrina Karina y su esposa Luz Farid le llevaron en la visita que siguió a la de su cumpleaños el pasado 21 de enero. Los jugos de frutas también se han convertido en uno de sus alimentos preferidos dentro del penal. Para comprarlos, sus dos hijos, Michael y Diana Carrillo, y su esposa le mandan cien mil pesos cada semana o cada quince días, según cuenta su esposa. Con ese dinero paga además los implementos de aseo que necesita y que guarda en el cajón que adorna su celda, que su cónyuge considera “un cuadrado mínimo”.

Para Luz Farid, quien hace zapatos en un taller en el que no tiene prestaciones sociales y le pagan $20.000 diarios, recolectar el dinero para enviarle a su esposo se ha convertido en la mayor preocupación. Es como si la lucha por traerlo se hubiera transformado en una nueva lucha para que esté cómodo en la cárcel. Ni la fila de tres horas que suele hacer bajo el sol vallecaucano esperando entrar a la prisión, ni las requisas que le hacen, ni siquiera la pequeña celda sin ventilador ni ventanas donde está la colchoneta en la que duerme Hárold Carrillo la angustian tanto como el problema económico. “Es que todo cuesta”, dice.

Pero Luz Farid no habla de esas preocupaciones cuando Hárold Carrillo la llama todas las noches desde la cárcel de Villa Hermosa (Cali). Contrario a los cinco minutos al mes que conversaban mientras él estaba en una penitenciaría en la provincia de Guangzhou, ahora pueden hablar con calma sobre sus días. Generalmente Michael y Diana Carrillo, que viven con su madre, pasan al teléfono. Si está en casa, el nieto de cuatro años toma la bocina y le suelta frases, como “Dios lo bendiga” al abuelo que conoció el 28 de noviembre de 2015, día en que Hárold llegó a Cali desde Bogotá. La “mala hora” de Carrillo comenzó el 12 de marzo de 2010, cuando partió hacia China. Por esa época terminó siendo condenado a muerte porque a su llegada al país asiático le encontraron 1.700 gramos de cocaína en una maleta que, según ha dicho, le entregaron en la escala que hizo en Emiratos Árabes.

Lo que Hárold no alcanza a contar por teléfono, se lo dice a su esposa y conocidos a través de las cartas que escribe a mano. China lo puso a escribir y a dibujar como en su juventud, y también obligó al taxista a leer de nuevo. Esos hábitos regresaron a Colombia con él. “Pero como en la cárcel hay tanta bulla, él no puede concentrarse mucho”, cuenta su esposa, quien agrega: “Por eso se puso la tutela. Queremos que él vuelva a su casa, para cuidarlo y que pueda escribir su libro”. Pero este sueño parece que se frustró el pasado 24 de febrero, cuando la jueza 30 civil del circuito de Bogotá negó la tutela que interpuso Hárold Carrillo.

La jueza basó la decisión bajo el argumento de que no había sido el “gestor médico del centro de reclusión” quien había recomendado el tratamiento ni el traslado de Carrillo. Aun así, una semana después de que se resolviera el fallo, a la abogada de Hárold Carrillo, Blanca Henríquez, le llegó al correo electrónico una notificación de Fiduprevisora –la empresa a cargo de la liquidación de Caprecom–. En esta se autorizaba la programación “de las atenciones médicas especializadas requeridas” en la tutela. Si bien no tienen muy claro por qué, a pesar del fallo negativo de la jueza, se autorizaron los exámenes, la familia y la abogada de Hárold Carrillo celebraron la decisión. 

 

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