El retorno de Víctor Quintero Morales, el patriarca de las esmeraldas

Luego de casi treinta años de perder sus tierras en Chivor (Boyacá), a la histórica familia de esmeralderos Quintero Morales les serán restituidos los predios por parte de la Unidad de Tierras esta semana.

Víctor Quintero llegó a ser dueño cinco de las siete minas más importantes de esmeraldas del país. Murió en julio del año pasado en Bogotá. / Archivo
Víctor Quintero llegó a ser dueño cinco de las siete minas más importantes de esmeraldas del país. Murió en julio del año pasado en Bogotá. / Archivo

En los años 80, cuando la prensa colombiana lo catalogó como el campesino más rico del país, Víctor Quintero Morales y su familia empezaron un prolongado calvario. Con la intención de apoderarse de sus terrenos en Chivor (Boyacá), sus antiguos socios comenzaron a amenazarlo. En 1989, cuando la guerra de las esmeraldas se había intensificado por la influencia del narcotráfico, tuvo que marchar al exilio con los suyos. El próximo 18 de diciembre, luego de que la Unidad de Víctimas los reconociera como desplazados en 2014, el Gobierno les devolverá las tierras de que fueron despojados hace casi 30 años.

Aunque Víctor Quintero falleció en julio de 2015 por un derrame cerebral, su esposa, Ana Elvira Ruiz, y su hijo, Wilson Alexánder Quintero, recibirán del Gobierno las 900 hectáreas de 22 predios que les fueron arrebatadas. Como manifiesta la familia, será el retorno de Víctor Quintero en cuerpo ajeno. Pero, consecuentemente con el legado de un hombre que no quiso hacer parte de la guerra verde, esas mismas tierras serán donadas a dos asociaciones de mineros. En diálogo con El Espectador, Wilson Quintero confirmó que la idea es que “los campesinos puedan beneficiarse y evitar que empresas extranjeras se lucren a cuestas de los pobladores”.

En octubre de 2014, Víctor Quintero, quien llegó a ser superior de Víctor Carranza antes de que la violencia se tomara la región, donó las minas de Peñas Blancas, situadas en San Pablo de Borbur. Según su familia, ese gesto va en la misma línea de la entrega que realizará este domingo: contribuir a un ambiente de paz y crecimiento económico. Cuando murió el “Patriarca de las Esmeraldas”, como le decían, Henry Candela, presidente de la Asociación Integral de Mineros Tradicionales de Peñas Blancas recordó que fue “una persona que sirvió al sector esmeraldero del occidente de Boyacá”. La idea es que después de su muerte lo siga siendo, resaltó su hijo.

Los que han investigado la historia de la explotación de las esmeraldas en Colombia admiten que Víctor Quintero se apartó del baño de sangre que vivió la región minera desde los años 60 y, por el contrario, en los años 80 fue una de las personas que intentaron tender puentes para pacificar la región y evitar que siguiera en manos de las bandas armadas o de los capos del narcotráfico. En medio de la guerra desatada por Gonzalo Rodríguez Gacha, Gilberto Molina, Víctor Carranza y Ramiro Vanoy, la cual cobró la vida de unas 3.500 personas y un incalculable número de desplazados, el “Patriarca de las Esmeraldas” terminó por exiliarse.

Su hijo, Wilson Quintero, refiere que en 1989 la situación se volvió insostenible y por eso su padre se vio obligado a salir del país junto con su familia. Entonces dejó sus propiedades en manos de Pedro Pablo Montenegro, un capataz de confianza de la familia. Sin embargo, el antiguo empleado no cumplió con los compromisos adquiridos con Quintero y, junto con Ángel María Roa, alias Cagarruta, jefe paramilitar de los Llanos Orientales, y Ómar Novoa, dividió los apetecidos territorios del occidente de Boyacá, que siempre tuvieron una producción millonaria. Hoy se estima que pueden dar unos US$30 millones.

Después de que se firmara la paz en junio de 1990, por iniciativa de monseñor Álvaro Jarro, el “Patriarca de las Esmeraldas” intentó infructuosamente reasentarse en Chivor, pero las amenazas volvieron. Ya sus territorios estaban en manos de otros que consiguieron permisos para explotar las minas. Quintero intentó recobrarlas por la vía judicial, pero tampoco tuvo éxito. Wilson Quintero sostiene que la actividad minera que se desarrolló durante esos años en sus tierras no fue legítima, porque se hizo en terrenos despojados. El monarca del occidente de Boyacá terminó siendo Víctor Carranza, quien tampoco se interesó por los reclamos de Quintero.

Desengañado de lo sucedido y retirado de varias actividades, Víctor Quintero se hizo a un lado, pero su hijo Wilson tomó el liderazgo de la recuperación de las tierras y en 2013 logró que la Defensoría del Pueblo y la Oficina de Registros de Instrumentos Públicos en Boyacá les otorgaran medidas cautelares a 22 predios para prohibir que fueran vendidos mientras se resolvía el dilema. Según contó a El Espectador, incluso actuales negociantes de las esmeraldas intentaron bloquear su pelea jurídica, pero al final la Unidad de Víctimas reconoció que su padre y su familia habían sido desplazados. Entonces los volvieron a amenazar.

Sin embargo, la suerte está echada y la decisión de la donación en firme. El próximo 18 de diciembre, con la presencia del gobernador de Boyacá, Carlos Andrés Maya; del alcalde del municipio de Chivor, Carlos Perilla, y del senador del Polo Democrático Jorge Enrique Robledo, la familia del “Patriarca de las Esmeraldas”, encabezada por su hijo, Wilson Quintero, cerrará lo que éste califica como un capítulo de horror. Afirma que no tiene miedo de lo que pueda venir en el futuro, sobre todo porque está cumpliendo con la voluntad de su padre: “Sólo queremos aportar un grano de arena para solucionar la problemática social del país y de la región, como siempre lo quiso Víctor Quintero”.