El 'rey' del microtráfico

Las autoridades han catalogado a Leonardo Daniel Solarte, alias ‘Leo Maleo’, como el máximo jefe de la venta de drogas y armas en la capital del departamento del Tolima.

Leonardo Daniel Solarte o Leo Maleo: así es identificado el hombre que está sembrando el terror en el barrio San José, de Ibagué, uno de los más deprimidos de la ciudad, en el que habitan recicladores, indigentes, desmovilizados y desplazados. Maleo es el mismo que tiene hoy a tres periodistas de la capital tolimense bajo amenazas.

Según información recaudada por las autoridades, Maleo tiene unos 35 años de edad, es flaco, trigueño, mide 1,70 metros de estatura y se moviliza en una camioneta blindada, acompañado por sus hombres.

Los pocos que se atreven a hablar, pues en la ciudad impera la ley del silencio alrededor de este hombre, aseguran que llegó hace unos meses al sector, compró cinco casas viejas y organizó su propia banda criminal en compañía de Fáiber, otro delincuente.

Fuentes de inteligencia de la Fuerza Pública señalan que su objetivo desde el principio fue disputarse el mando del negocio del microtráfico y la venta y compra de armas, desde fusiles y escopetas, hasta pistolas y granadas. Las autoridades rastrean si es en sus viviendas donde guarda la mercancía que entra y sale, según han manifestado vecinos de la zona a las autoridades, en taxis.

La pelea es contra la banda de Leo Chumiro y El Chulo, del vecino barrio Matallana, otro en situación de pobreza extrema. “Al barrio nadie puede entrar si no es conocido. Incluso nosotros mismos tenemos miedo, porque aquí matan a los ‘sapos’”, dice un habitante que, por razones de seguridad, no quiere que se divulgue su nombre. “Ni la policía misma entra”, añade.

Este año, según han reportado los medios de comunicación locales, se han presentado por lo menos seis enfrentamientos en la zona de Leo Maleo, en los que se han usado hasta granadas. Habitantes dicen que en ocasiones se han enfrentado con la policía, pero que es tanto el poder, que los uniformados huyen para protegerse.

El primer homicidio en el sector, ordenado al parecer por Leo Maleo, se cometió el 25 de febrero pasado. La víctima fue identificada como Diego Armando Calderón, alias Pinocho, quien tenía un largo prontuario y varias órdenes de captura. Fue atacado en el barrio San José por hombres que se movilizaban en moto.

Pinocho fue quien por varios años tuvo el control del microtráfico y estuvo al mando de la banda Los Huevitos, integrada por niños entre los 6 y 14 años de edad. Muerto Pinocho, Leo Maleo habría removido de su camino uno de sus obstáculos para controlar el negocio. A él también le achacan el haber desplazado a punta de amenazas a alias El Ovejo, otro líder del microtráfico en Ibagué.

La violencia de Maleo prendió las alarmas en la ciudad, al punto de originar varios consejos de seguridad, sobre todo después del asesinato de un consumidor de estupefacientes conocido como El Diablo, ocurrido el pasado 18 de marzo, al parecer por orden de Maleo. El Diablo primero recibió seis balazos y después fue rociado con gasolina e incinerado, y así quedó registrado en los informes de levantamiento del cadáver. La víctima, además, fue encontrada con un alambre introducido en su ojo derecho.

El comandante de la Policía Metropolitana de Ibagué, coronel Fernando Murillo, dijo entonces que se trataba de un caso aterrador: se estaba pasando de usar armas blancas o pistolas a quemar hombres. Desde entonces, Murillo se comprometió a capturar a Maleo, reconociendo que hay un grave problema de microtráfico.

Capturarlo, sin embargo, es aún un problema mayúsculo: el hombre no tiene órdenes de captura en su contra. La Policía reclama que no hay denuncias formales por parte de la ciudadanía, mientras que los residentes de Ibagué exigen que las autoridades hagan el debido rastreo de las actividades ilegales de Maleo para poder procesarlo. El comandante de la Sijín, mayor Clemente Angulo, señaló a El Espectador que sí se está haciendo un trabajo de inteligencia para poder judicializar al ‘rey’ del microtráfico.

Periodistas amenazados

El nombre de Leonardo Daniel Solarte salió a relucir en los medios locales luego del atroz asesinato de El Diablo . Desde entonces, tres periodistas de la ciudad aseguran haber sido declarados objeto de persecución por parte del presunto traficante.

Juan Manuel Escobar, de la emisora Ondas de Ibagué y corresponsal del diario El Tiempo, supo a través de alguien de la zona de injerencia de Maleo que hubo una reunión en la que el criminal supuestamente dijo que le iban a quitar la lengua, la cabeza e iban a jugar fútbol con ella como castigo por haberlo boleteado en la emisora.

Escobar manifiesta que pese a sus quejas ante la Policía, solamente le ha sido ofrecido el plan Padrino, pero que se ha cumplido pocas veces. “A mí me dijeron que me iban a acompañar desde mi casa a la emisora y viceversa, pero eso no ha ocurrido. Temo por mi vida y la de mi familia”.

Fernando González, periodista judicial de La FM en Ibagué, interpuso una denuncia penal en la Sijín, pues dice que a su casa y a la emisora han llegado hombres desconocidos y con mal aspecto a preguntar por él y luego se van. “Nunca me han encontrado, pero tengo temor. Sólo cumplimos con nuestra labor de informar lo sucedido”, expresa González. Lo mismo le ha ocurrido a Haner Mantilla, de Colmundo Radio.

Los periodistas exigen que las autoridades, tanto civiles como de Fuerza Pública de Ibagué, actúen con prontitud para que Leo Maleo no sea más una amenaza ni para la prensa ni para Ibagué.

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