Hace 30 años

El secuestro de siete días de Andrés Pastrana

El 18 de enero de 1988, sicarios enviados por el llamado grupo de Los Extraditables llegaron a la sede de campaña del entonces candidato a la Alcaldía de Bogotá y, haciéndose pasar por miembros del M-19, lo secuestraron.

Andrés Pastrana en febrero de 1988, semanas después de que fuera secuestrado por Los Extraditables. Alrededor de un mes después de esta foto, Pastrana sería elegido como alcalde de Bogotá, en las primeras elecciones populares para ese cargo en el país.Archivo El Espectador

Este jueves se cumplieron tres décadas del secuestro del expresidente Andrés Pastrana, quien en ese entonces oficiaba como candidato a la Alcaldía de Bogotá, por el Partido Conservador, en las primeras elecciones populares en el país. Ese día, el 18 de enero de 1988, pasadas las siete de la noche, el grupo de Los Extraditables, conformado por narcos que estaban en contra de la extradición, llegó a su sede de campaña en Bogotá y se lo llevaron con rumbo desconocido.

Pastrana, en diálogo con El Espectador, recordó lo que pasó esa semana que estuvo secuestrado, pero que para él fue como “ocho siglos”. Ese día, Pastrana estaba en su sede de campaña, cuando hombres armados, encabezados por John Jairo Velásquez Vásquez alias ‘Popeye’, irrumpieron en la sede de campaña del candidato. Se identificaron como hombres del M-19 y le dijeron que se lo llevaban por un par de horas, para que le entregara un mensaje al presidente Virgilio Barco.

Primero lo subieron a un Mazda 626 verde y luego, un par de cuadras después, lo pasaron a un Renault 21, donde lo metieron en un baúl. Mientras tanto, en Bogotá corría la noticia de que Pastrana había sido secuestrado, pero se decía que sería entregado en un parque de la ciudad. En un momento se habló del parque de La Florida y luego que en el parque de El Salitre. Pero lo cierto es que fue llevado a una casa de un narcotraficante, donde pasó su primer noche en cautiverio.

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“Yo me entero de esto es por Popeye años después. Me llevaron a la casa de un narco, que era el jefe del cartel de Bogotá, que nadie conocía entonces, pero que era muy cercano a Pablo Escobar. Me dijeron que al día siguiente iban a enviar un helicóptero para hablar con el jefe. También manifestaron que me iba a entrevistar con el jefe del M-19. Yo les pregunté  si los del M-19 tenían helicópteros y ellos me dijeron que se lo habían robado a los narcos”, relata el expresidente.

Y, como lo anunciaron, cumplieron. Al siguiente día, un helicóptero los llevó a él y a sus secuestradores a una finca en El Retiro (Antioquia), aunque para ese momento, Pastrana no sabía dónde estaba. En la finca, que era de dos pisos, Pastrana estuvo en una celda de alrededor de 3mts x 1mts. El baño al que podía entrar no tenía puerta, ni ducha ni cortinas. Durante esos días, mató el tiempo viendo televisión, escuchando radio y leyendo dos libros que le entregaron los secuestradores: “Cuestión de Honor” de Jeffrey Archer y la edición de ese año del World Guinness Records. Un hombre enmascarado entraba cada 15 minutos con un fusil, le apuntaba a la cabeza y salía de la celda.

Para luchar contra la monotonía, explica Andrés Pastrana, se bañaba lo más tarde posible. Él recalca que quizá lo que más se salió de lo común durante su tiempo de cautiverio, sucedió en la primera noche que llegó a la finca de El Retiro, en Antioquia. Alrededor de las once de la noche, dos de los secuestradores lo sacaron de la celda, lo sentaron en una silla contra la pared y le vendaron los ojos.

“Me dijeron que iban a llamar a mi casa para hablar con mi padre (Misael Pastrana). En ese momento yo vivía en casa de mis padres. Llamé a la casa, no me contestaron el teléfono, y entonces esta gente se desesperó. El teléfono no estaba en el segundo piso de mi casa y  seguramente no lo escucharon. Entonces, insistí por tercera vez y me contestaron. Ahí me pasaron a mi padre. Ellos me dijeron que le manifestara que estaba en manos de Los Extraditables, eso ya era reconfirmar la noticia”.

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Luego, cuenta Pastrana, siguió un episodio que no se puede calificar sino como particular. Por la forma en la que estaba la silla, podía ver, además de la pared, la cama en la que dormiría por los siguientes días. De un momento a otro, allí se sentó el propio Pablo Escobar, quien lo saludó con un “buenas noches, Andrés”. “Pablo, ¿buenas noches? Usted me tiene secuestrado y no sé si en el próximo minuto voy a estar muerto, ¿cuáles buenas noches?”, le respondió.

“Hablamos de las doce de la noche hasta las seis de la mañana. De la extradición y de la mafia, pues acababan de ponerle una bomba al Edificio Mónaco. Escobar me contó cómo casi le matan a su señora y a sus hijos. Hablamos de todo, de cómo metía la droga a los Estados Unidos y cómo manejaban el negocio. En un momento, me dijo que el viernes siguiente iba a secuestrar a Carlos Mauro Hoyos, procurador general de la Nación”. Así, Pastrana se enteró del episodio que paradójicamente sería clave para su liberación.

Ante la pregunta de por qué cree que fue secuestrado, Pastrana responde que por su constante crítica a los narcotraficantes, que ya le había costado una amenaza en 1982. “Los candidatos conservadores más importantes para esas elecciones éramos Juan Gómez en Medellín y yo. Ellos hicieron un intento de secuestro de Gómez, pero no se lo pudieron llevar. 15 días después se dio mi secuestro. Y ¿por qué dos conservadores? Porque querían presionar a la oposición para tumbar las extradiciones”, explica.

Después de eso, lo que siguieron fueron días de incertidumbre. Los Extraditables pidieron a la familia de Pastrana elegir un mediador para la liberación del futuro alcalde de Bogotá, entre los que se plantearon personajes como Gabriel García Márquez, Darío Arizmendi o Enrique Santos Calderón. A pesar de que el designado fue Santos, explica Pastrana, con el pasar de los días las conversaciones no resultaron en nada. Ese sentimiento se convirtió en temor de que fuera asesinado. “Pensaba que el lunes o martes me mataban, yo estaba muy angustiado. Mi padre después me dijo que él también”.

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Al siguiente lunes, cuando ajustaba una semana secuestrado, lo despertó una noticia en la radio que confirmaba las intenciones de los narcos. El procurador Carlos Mauro Hoyos, herido en el secuestro, fue plagiado cuando se dirigía hacia el aeropuerto José María Córdova, de donde salía cada lunes rumbo a Bogotá en el primer vuelo. Durante el secuestro fueron asesinados los cuatro guardaespaldas de Hoyos.

“Al mediodía oigo mucho ruido en la casa. Y entonces llegó la Policía. Subió uno de los tipos y me esposó. Luego me dijo que me quedara quieto porque había llegado la autoridad. Después trajo dos fusiles R15 y una ametralladora UZI que me puso en la cabeza. “Quédese quieto que usted es mi seguro de vida”, insistió. “Usted va a negociar su vida y la mía”. La Policía gritó quién estaba ahí y yo contesté: Andrés Pastrana. Entonces oyó como un policía le dijo al otro: “Vinimos por el santo y se nos apareció la virgen””.

El secuestrador, para salvarse, decidió entonces ofrecer la libertad del candidato a la Alcaldía de Bogotá, a cambio de que uno de los agentes se quedara como rehén. El policía Roberto de Jesús Zapata Carmona, envalentonado quizá por la promesa de que sería solo durante un par de horas, aceptó ser la “ficha” de este particular canje. Y de esta manera, Andrés Pastrana logró salvarse de las manos de Los Extraditables. Sin embargo, el asunto no quedó ahí.

De manera paradójica, Carlos Mauro Hoyos y Misael Pastrana habían acordado verse ese lunes para hablar sobre la inscripción de Pastrana a la alcaldía de Bogotá en medio de su secuestro. Pero el día de la cita, fue el mismo en el que ‘Popeye’ asesinó al procurador. “Cuando entraba a mi casa después de ser liberado, la radio reportó que habían matado al procurador”. El jefe de sicarios de Pablo Escobar contó años después que, cuando Pastrana fue liberado, el capo le dijo: “Se escapó Pastrana, mate al procurador”.