El testigo clave de los horrores en El Bronx

Un testigo le narró a la Fiscalía General cómo estaban organizados los ‘ganchos’, así como los secuestros y descuartizamientos que se presentaron en la zona.

Cristian Garavito / El Espectador

Cada dìa que pasa se conoce una historia más escalofriante que la anterior en el sector del Bronx. Durante años el sector conocido fue el epicentro de las más oscuras pesadillas: drogadicción, prostitución, hurtos, violaciones, secuestros, extorsiones, homicidios selectivos y descuartizamientos, entre muchos otros.

Los “ganchos” que manejaban a sus anchas todos los negocios ilícitos en el Bronx cumplen con todos los requisitos del crimen organizado. Eran los encargados de vender droga, utilizaban a los habitantes de la calle para transportarla y venderla. Todo esto bajo un control absoluto.

Aquellos que se perdían con la mercancía eran rápidamente encontrados y “ajusticiados” en la ley de la calle. Los que debían dinero retenidos por días en una especie de calabozos, torturados, amedrentados y si no pagaban asesinados, descuartizados o lanzados a perros hambrientos

De los horrores del Bronx eran muchos los testigos pero muy pocos los que querían contar la realidad. Sin embargo, un testigo protegido de la Fiscalía General, narró los hechos que allí se registraban, así como se manejaba el negocio de la droga en el temido sector.

Fue así como el grupo de tareas especiales del CTI pudo identificar a los jefes de los “ganchos” en el sector conocido como “La L”. Fue así como se establecieron las cinco organizaciones que manejaban el negocio de la droga, sus ingresos y sus otras actividades delictivas.

Además del conocido tráfico de drogas en el Bronx se adelantaban otras actividades que chocan con la realidad y con un estado social de derecho. “He visto como secuestran a la gente, cómo la torturan, se cometen hurtos, violaciones, hay una oficina de cobro, una oficina de sicariato”.

‘Cairo 139’ relata la zona como un sitio apartado del Estado, donde se hacen sus propias reglas y lo controlan los jefes de los ‘ganchos’. Permearon la Fuerza Pública que en vez de atacarlos se convirtieron en sus cómplices a cambio de millonarias comisiones para que les otorgaran protección y les avisaran de cualquier operativo.  

Los Sayayines

“Está integrado por sicarios, reinsertados, gente que han sacado de las bandas criminales de ‘Los Úsuga’ y expolicías (...) Los más antiguos de ‘los saya’ portan AK-47 y sus ametralladoras, los relativamente nuevos portan pistolas”, relató el testigo a los investigadores sobre las personas encargadas de dar seguridad, cobrar cuentas y cometer los actos de tortura en el sector.

Son ellos los encargados de buscar a los que deben dinero de las drogas, a los que roban en los ‘parches’, de alertar sobre la presencia de las autoridades, de ajusticiar, de hacer rondas en las calles, de estar pendientes de cada movimiento, de cada persona que entra en busca de droga o de niñas.

“Se instalan en inmuebles estratégicamente para poder observar El Bronx desde lo alto o desde lo oculto (...) Unos denominados satélites se disfrazan como seguridad privada y andan en bicicletas (...) De 2 a 6 de la mañana es la hora crítica, ahí custodian con camuflados y armas de largo alcance”, detalló el testigo en una de sus declaraciones.

Relató que con señas y sonidos advierten cualquier hecho extraño lo que motiva a que se dispersen los vendedores, se esconda la mercancía y se protejan a los jefes. En los históricos edificios del centro de Bogotá, que se convirtieron en el centro de operaciones de las redes de microtráfico, no solamente se esconden drogas y armas sino también disfraces.

“Los tienen listos para un eventual operativo”, explicó. Otras edificaciones son utilizadas como centros de tortura y utilizan sus habitaciones para mantener a los secuestrados. Los ‘sayayines’ son los encargados de vigilarlos y cobrar por sus liberaciones. La mayoría de los retenidos son personas que no tuvieron con qué pagar la droga que consumieron al ingresar al terrorífico barrio ubicado a pocas cuadras de la Presidencia de la República.

“En el edificio Morado, en La L, funciona como centro de tortura. Ahí es donde tiene perros entrenados para atacar a las personas, ahí es donde desmiembran a las personas, utilizan herramientas como machetes, cuchillos”, señaló el testigo protegido quien dio adempas pistas sobre la red de prostitución que allí funcionaba.

Una mujer era la encargada de reclutar a niñas entre los 9 y 17 años para prostituirlas por 40 mil pesos por cada relación sexual. “Las doblegaba con gotas llamas ‘coconuban’”. La presencia de menores de edad en el sector aumentaba considerablemente los fines de semana.

“Entre semana se ve un promedio de 150 menores en un solo sitio y un fin de semana un rango de 300 menores. Les prohibían entrar con prendas escolares”. Los jefes de los ‘ganchos’ eran los dueños de los lugares donde se presenciaban estos encuentros: billares, máquinas tragamonedas y residencias.

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2016-06-03T07:17:28-05:00

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Redacción Judicial

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