El último round del caso Pretelt

El magistrado indicó que “Ernesto Báez” miente y que los paramilitares le deben una explicación al país: cómo compraron la Fiscalía de Mario Iguarán. Una versión que el exfiscal negó con vehemencia.

Jorge Pretelt Chaljub, magistrado. Iván Roberto Duque, ‘Ernesto Báez’. Mario Germán Iguarán, exfiscal. / Archivo, AFP, Gabriel Aponte
La última perla de la larga lista de líos que enredan al magistrado Jorge Pretelt fue el señalamiento por su presunta amistad con el exjefe paramilitar Vicente Castaño. Una acusación que hizo el excomandante de las autodefensas Iván Roberto Duque, alias Ernesto Báez, según reveló La FM. El pasado 20 de abril, en medio de una diligencia de versión libre, Báez recordó que en marzo de 2005 vio a Pretelt salir de la hacienda La 15 —cuartel general de las autodefensas—, donde se había reunido con Vicente para pedirle, supuestamente, que lo apoyara en su aspiración de ser fiscal general. Pretelt, tras conocer la denuncia, arremetió contra Báez, comparó al ente investigador con la Gestapo de Hitler y puntualizó que la elección de Mario Iguarán como fiscal fue comprada por el propio Báez y Carlos Mario Jiménez, alias Macaco.

El exjefe paramilitar Ernesto Báez, a quien la Corte Suprema ha pedido investigar en varias ocasiones por falso testimonio, manifestó en la declaración que rindió hace una semana que en diligencias anteriores no había mencionado al magistrado porque no se acordaba de él, pero que luego de estallar el escándalo en la Corte Constitucional por el caso Fidupretelt se acercó a la Fiscalía para “remojar” sus recuerdos e identificar a Pretelt como la persona de la que, supuestamente, tantas veces le habló Vicente Castaño desde 2002.

En su relato, Báez indicó que a principios de 2005 —cuando se discutía la Ley de Justicia y Paz—, antes de ingresar a una cita en la hacienda La 15, vio a Pretelt por primera vez. Según dijo, tenía sombrero y ya era candidato a la Fiscalía. Además, agregó que 15 días después lo vio de nuevo, supuestamente estaba sentado junto a Vicente. Para Báez la intención de Pretelt era conseguir apoyos políticos a través de las autodefensas para garantizar su elección como fiscal. Ante la pregunta de si conoció que los paramilitares tuvieron algún tipo de injerencia en la postulación de Pretelt a la Fiscalía, Báez respondió: “No, yo nunca supe eso. Supe de dos visitas. No sé cuántas serían. Sé que Vicente desde tiempo atrás me había hablado de ese señor, pero no puedo afirmar si las autodefensas fueron las que lo candidatizaron”.

Según Ernesto Báez, quien tendría los detalles de la supuesta relación entre Pretelt y Vicente Castaño es Jesús Ignacio Roldán, alias Monoleche, hombre de confianza de Vicente Castaño. Asimismo, puntualizó el testigo que Salvatore Mancuso también podría tener información, ya que habría dado el aval para que Pretelt fuera el segundo renglón de la excongresista Eleonora Pineda —condenada por parapolítica— para las elecciones de 2002. Pretelt desmintió semejante acusación asegurando que fue segundo renglón para el Congreso, pero con Enrique Gómez Hurtado, del Partido Conservador. Pretelt calificó como “bobadas y chismes” lo dicho por alias Ernesto Báez, “un mentiroso y un bandido profesional”.

Sin embargo, para Ernesto Báez sería imposible que Monoleche no conociera al hoy magistrado, pues Vicente Castaño le hablaba de él “con mucho cariño, afecto y admiración”. El exjefe paramilitar dijo que en sólo dos oportunidades vio a Pretelt en el cuartel general de las autodefensas. La fiscal del caso dejó constancia de que la diligencia de versión libre se hizo a petición del postulado Iván Roberto Duque.

En respuestas a estos señalamientos, Pretelt indicó que se trataba de una persecución del fiscal Eduardo Montealegre, quien dirigía la entidad como la Gestapo. Asimismo, fue enfático en advertir que jamás se reunió, vio o conoció a los hermanos Fidel, Carlos o Vicente Castaño, y muchísimo menos a Ernesto Báez. Pretelt acusó a Montealegre de enviar fiscales a distintas cárceles a buscar personas para que declararan en su contra, que aquello evidenciaba el ilícito proceder del fiscal, que no renunciará a la Corte Constitucional y que se inmolaría antes de que Montealegre logre ese cometido. Aún más, sostuvo que el abogado Víctor Pacheco —testigo contra Pretelt— hizo lobby ante el Consejo de Estado en favor de Montealegre con el fin de que se ampliara su período a cuatro años.

La elección de Iguarán

En sus declaraciones, Pretelt no sólo arremetió contra el fiscal Eduardo Montealegre, sino que, además, se refirió a un escándalo que trascendió en 2008 y que todavía no ha sido esclarecido: el supuesto apoyo de las autodefensas a Mario Iguarán para que fuera escogido como fiscal general en 2005. En esa época tanto Pretelt como Iguarán integraron la terna que envió a la Corte Suprema de Justicia el presidente Álvaro Uribe. Y aunque todos daban por descontado que Pretelt sería el ganador —Iguarán era prácticamente un desconocido en el mundo judicial y político—, lo cierto es que Iguarán se impuso.

En su despachada con W Radio, Pretelt lo dijo muy claro: “Ernesto Báez y Macaco le deben explicar al país el apoyo que le dieron las Auc a la elección de Mario Iguarán como fiscal”. La génesis de esta historia —que fue ventilada por El Espectador en 2011 gracias a los cables de Wikileaks— es de 2008. Entonces se rumoró que el exjefe paramilitar Carlos Mario Jiménez, alias Macaco, iba a revelar los pormenores de una supuesta “vaca” de $5 mil millones que les habría sido entregada a magistrados de la Corte Suprema para apoyar la llegada del exviceministro de Justicia, Mario Iguarán, a la Fiscalía.

Tanto el ente investigador como la Corte Suprema salieron a desmentir esos rumores, se abrieron indagaciones que no avanzaron en demasía y hasta ahí quedó el tema. “Es una vil patraña contra la justicia que busca afectar la institucionalidad”, fue la respuesta del fiscal Mario Iguarán ante los interrogantes que surgieron. El caso pasó al olvido, hasta que, en 2011, este diario publicó un cable diplomático de 2008 en el que el embajador de Estados Unidos en Colombia, William Brownfield, le informaba a Washington de los rumores sobre la supuesta colecta y se refería a los cuestionados nexos entre algunos integrantes de la Corte y el mafioso italiano Giorgio Sale, condenado por lavado.

El escándalo creció, hubo revuelo mediático y se recogieron algunos testimonios de exjefes paramilitares. Salvatore Mancuso, por ejemplo, dijo que en su momento que se reunió con el presidente de Fedegán, José Félix Lafaurie, y que éste le dijo que “venía a una misión muy especial encomendado por el doctor Sabas (Pretelt) para que ayudara en la elección del doctor Iguarán, ya que sabían que había favoritismo por el doctor (Jorge) Pretelt”. Acusaciones que fueron negadas rotundamente por Lafaurie.

Por su parte, Juan Carlos Sierra, alias el Tuso, dijo que por medio de Iguarán “mandaron a pedir el favor a Mancuso de que consiguiera una foto de las corralejas de Sincelejo donde aparecía el magistrado Yesid Ramírez con Giorgio Sale. Y por esa foto el Gobierno estaba ofreciendo dinero, que si ayudaban le pagaban, lo que fuera. De hecho, a mí me decían que me ayudaban en mis procesos lo que necesitara, lo que fuera”. Macaco, por su parte, negó la mencionada colecta. El expediente se quedó sin oxígeno.

En varias ocasiones Iguarán ha rechazado estas acusaciones. En 2011 dijo que eran un “disparate o, mejor, algo fraguado por los enemigos de la justicia colombiana” y que “me han acarreado en lo personal un costo altísimo, porque me ha colocado en la mira del sicariato no sólo físico —que me ha llevado a estar aquí lejos de mi país, de mi familia, de los míos—, sino también del sicariato moral, todo por el simple hecho de haber tomado la decisión de cumplir con mi deber”. Ahora el nombre de Iguarán vuelve a resultar salpicado, pero esta vez por quien fuera su contendor para la Fiscalía en 2005.

En un comunicado Iguarán señaló: “Jamás he tenido relaciones de vecindad, amistad o afinidad con grupos al margen que la ley, distinto a las reuniones que se llevaban de manera oficial para diseñar el marco jurídico de la Ley de Justicia y Paz; pero nunca para el desatinado, absurdo y descaballedo fin de solicitarles su colaboración (…) Con desconcierto recibo las indistintas, imprecisas e infundadas afirmaciones del doctor Pretelt, quien, si bien tiene todo el derecho a que se presuma su inocencia y se le permita defenderse, no le otorga licencia para embestir a través de sofismas y falsedades”.