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hace 1 hora

El ventilador apagado de Tapia

El Espectador revela grabaciones en las que el llamado 'zar de la intermediación' revela su influencia en el Distrito. Dos congresistas, emisarios de Tapia, buscaron asegurarle un cupo en el pabellón de los parapolíticos de La Picota.

Hace cerca de un mes dos pesos pesados de la política en Córdoba, los congresistas Bernardo Elías Ñoño Vidal y Musa Besaile, llegaron al despacho del secretario general del Ministerio del Interior, Luis Felipe Henao. Iban en calidad de emisarios del controvertido empresario Emilio Tapia Aldana, uno de los protagonistas del llamado carrusel de la contratación en Bogotá. La cita había sido pedida con antelación por los parlamentarios y agendada por la propia secretaria de Henao.

El propósito del encuentro era ni más ni menos que solicitarle a Henao un cupo para Tapia en el pabellón de los parapolíticos de la cárcel La Picota de Bogotá. Entonces circulaban con insistencia rumores sobre su inminente captura y Tapia quería garantizar su lugar de reclusión. Tan cercado se sentía, que mandó a sus amigos cordobeses —ambos investigados por la justicia— con el fin de que terciaran a su favor. La reunión no duró mucho, pero sí dejó en evidencia la influencia y el poder que aún sigue teniendo un hombre como Tapia.

En diálogo con El Espectador, Luis Felipe Henao negó conocerlo, pero sí reconoció el encuentro con los ‘embajadores’ de Tapia. “A mi despacho llegaron Bernardo Elías Vidal y Musa Besaile para interceder por el señor Tapia. Les contesté que no estaba entre mis funciones el manejo de las cárceles y que de todas maneras Tapia no podía ir al pabellón de los parapolíticos, porque no había sido servidor público ni tenía fuero como parlamentario”.

Este diario conoció otros detalles que Tapia le reveló a su círculo más íntimo sobre esta particular negociación. Por ejemplo, que sus dos emisarios le habrían dicho a Henao que había dos antecedentes de particulares detenidos en el pabellón de los parapolíticos: Eduardo Dávila, de Santa Marta, y Víctor Guerra, de Sincelejo, y que eso avalaba su posible envío a ese lugar. Sin embargo, el mensaje que posteriormente le llevaron Musa Besaile y Ñoño Vidal a Tapia era que no había cupo ni para él ni para nadie más.

El asunto no paró ahí. De nuevo, a través de otro emisario, Emilio Tapia le mandó un singular mensaje al exgobernador de Sucre Salvador Arana Sus, condenado por la Corte Suprema de Justicia a 40 años de prisión. En esencia le proponía una especie de trueque: que Arana fuera trasladado a una cárcel en Barranquilla y que su lugar en La Picota le fuera cedido a él. La respuesta no tardó en llegar. “Si es para ti yo pido mi traslado”, habría contestado Arana Sus. Así se lo corroboró a este diario un cercano colaborador del polémico empresario.

Para evitar el carcelazo Tapia viene negociando desde hace algunas semanas con la Fiscalía los términos de un preacuerdo. Pero grabaciones en poder de El Espectador revelan que es el verdadero depositario de los secretos del escándalo y que la justicia aún camina a tientas en la investigación que busca desvelar los verdaderos tentáculos del llamado cartel de la contratación.

“Las declaraciones de ellos ante la Corte, la Procuraduría, la Fiscalía, las he leído todas; viendo los escritos de acusación de Liliana (Pardo), Inocencio (Meléndez), el contralor (Moralesrussi), y los testimonios de Nule y de (Mauricio) Galofre… Es que yo me río por dentro, me río y me digo ‘¡si supieran cómo es de verdad verdad esta vaina: eso no es nada!” (escuche los audios en la web). Con estas palabras, pronunciadas espontáneamente ante un grupo de allegados, Tapia deja entrever que las autoridades están muy lejos de dimensionar las proporciones del llamado carrusel.

En el contexto de lo obtenido en las grabaciones se revela que aún quedan muchos cabos sueltos, nombres y estados financieros por ser examinados, cuentas, bienes en el extranjero e infinidad de contratos de los que ni siquiera tienen idea los investigadores. Es él quien tiene esas claves y depende de él que sean conocidas por la justicia. Bajo su sombra se direccionó la contratación no sólo del Instituto de Desarrollo Urbano, sino también de las secretarías de Salud y Movilidad, el Instituto de Recreación y Deporte, el Acueducto y, por supuesto, todos los negocios de la malla vial y las obras de Trasmilenio.

Ni qué decir de su influencia en la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp). Sin su consentimiento nada podía moverse. Con la particularidad de que ni él ni sus empresas figuraban en nada. Era tal su influencia en la administración de Samuel Moreno, que Inocencio Meléndez, entonces secretario jurídico del IDU y hoy testigo estelar de la Fiscalía, estuvo ad portas de ser removido de su cargo muchas veces. Pero fue Tapia quien lo mantuvo. De hecho, decía que Inocencio era un hombre inteligente. Por esa vía se mantuvieron ocultos multimillonarios negocios que hoy apenas rastrea la Fiscalía.

Inocencio Meléndez no ha sido el único que le ha dado la espalda a su antiguo protector. Otro amigo de Emilio Tapia, quien al parecer tendría documentos contables reveladores, aguarda expectante los avances del preacuerdo que negocia Tapia con la Fiscalía.

“Todo lo controlaba yo”

El polémico intermediario cordobés Emilio Tapia Aldana, con menos de 40 años, sin figuración mediática ni rastros documentales de su gestión como lobista y empresario, será probablemente, si decide prender su ventilador, el testigo de testigos de la Fiscalía. Él mismo se jacta en una de las grabaciones de que todo en el Distrito pasaba por sus manos. “(…) Todo lo que yo sé, la Uaesp, todo, es que yo he manejado todo. De hecho, todavía lo hago. Yo nombraba al director de esto, al director de esto y al director de esto. Todo lo he manejado. No hubo un solo peso que entrara a donde ellos sin que pasara por mí”.

Sin embargo, dos años después de que estallara el escándalo que tiene suspendido al alcalde Moreno y en la cárcel a su hermano Iván Moreno, al excontralor Miguel Ángel Moralesrussi, al excongresista Germán Olano y a los primos Nule, el enigmático Emilio Tapia sigue callando. ¿Estará dispuesto a contar todo lo que sabe? De eso dependen sus beneficios procesales y que Colombia dimensione de una buena vez qué fue lo que realmente pasó con la contratación en Bogotá. Sobre todo a dónde fue a parar la plata.

Está tan convencido Emilio Tapia de todo lo que sabe y a quiénes podría enredar, que en otra grabación advierte que no teme que el abogado Álvaro Dávila o el contratista Julio Gómez lleguen a preacuerdos con la Fiscalía. “¿Qué no me preocupa a mí? Que Dávila mañana, o ayer, o hace un mes o dentro de un mes vaya y hable, o Julio venga y cuando lo detengan o algo diga ‘me acojo al principio de oportunidad’ y se haga público. A mí eso no me preocupa. ¿Por qué? Porque ellos no saben lo que yo sé”.

Fuentes allegadas a la investigación le dijeron a este diario que tienen serios reparos sobre la voluntad de colaboración de Emilio Tapia con la justicia. En palabras castizas, lo que dicen es que el llamado zar de la intermediación quiere contar poco y recibir mucho. Con fuentes cercanas al expediente y a otros implicados en el escándalo, este diario pudo establecer que a principios de 2011 había una especie de pacto de silencio entre los involucrados. No obstante, los avances en los procesos que adelantan las autoridades y el ventilador que encendió Inocencio Meléndez hicieron que todos reconfiguraran su estrategia de defensa. Hoy, al parecer, todos le apuestan al “sálvese quien pueda”.

El nexo con la parapolítica

Emilio Tapia, hijo de un modesto exfuncionario de la DIAN y de una profesora, nació en Sahagún, un curioso municipio cordobés fundado en 1775, que a pesar de su pobreza es reconocido como la cuna de polémicos parlamentarios procesados por la justicia. Por nombrar algunos: Reginaldo Montes, Miguel de la Espriella, Mario Salomón Náder y, por supuesto, Bernardo Elías Vidal y Musa Besaile. Una vez graduado como abogado, Tapia entró en las grandes ligas de la política en Córdoba de la mano de Ñoño Vidal. Su capacidad para moverse como pez en el agua en ese restringido círculo de poder le fue granjeando amistades. Rápidamente se coló en el grupo de Muriel Benito Revollo, Vicente Blel o Jairo Merlano, todos condenados por parapolítica.

Las coincidencias parecen perseguir a Tapia. Inocencio Meléndez, su antiguo protegido, es de San Onofre (Sucre). Muriel Benito Revollo también. De hecho, varios hermanos de ella enfrentan un proceso por narcotráfico. Antes de entrar al IDU, Meléndez ocupó un cargo en la Contraloría en Bogotá. Lo llevó Eduardo Carlos Merlano, hijo del político sucreño y amigo de Tapia, Jairo Merlano, condenado a ocho años de cárcel por sus nexos con grupos de autodefensa.

En esa época el joven abogado Emilio Tapia lejos estaba de los enredos que lo persiguen hoy. En cambio, a finales de los 90, comenzó a ganar protagonismo en los pasillos del Congreso. Forjaba entonces una habilidad innata como lobista. Según distintas fuentes consultadas por este diario, “en menos de tres años de hacerles favores a los congresistas logró que éstos le hicieran favores a él”. Con una ventaja: no figuraba en nada. Era una especie de fantasma con mucho poder que dio su salto a Bogotá a través del congresista Iván Moreno Rojas. Y quien pronto trabó amistad con Manuel, Miguel y Guido Nule, nacidos en Sincelejo.

La Corte Suprema presume que el súbito aumento de votos de Moreno en Córdoba en las elecciones de 2010 tiene nombre y apellidos: Emilio Tapia Aldana, un hábil intermediario que pronto se concentró en el manejo de contratos del Distrito. Y, como si ya no fuera tanto, en los mentideros políticos de la Costa se rumora con insistencia que hay un eslabón perdido en el escándalo que sigue pasando de agache y que estuvo al tanto de muchos de los hilos que movió Tapia.

Mientras trasciende su nombre y participación en la telaraña contractual del empresario cordobés, sí se sabe que Tapia tiene intereses y amigos muy influyentes en los departamentos de Sucre y Córdoba. Fuentes consultadas por El Espectador señalaron que paralelamente a su negociación con la justicia, Tapia Aldana estaría detrás de algunas campañas para las elecciones regionales del próximo 30 de octubre.

Estas fuentes, que pidieron el anonimato, le contaron a este diario que, por ejemplo, Tapia es uno de los hombres más cercanos de Julio Paternina, actual alcalde de Sincelejo. De hecho, su hijo es uno de los grandes amigos de Tapia y a quien, por lo menos en una ocasión, le celebró su cumpleaños con bombos y platillos.

Es tan fuerte la cercanía de Tapia con la capital sucreña, que Ramón Emiro Lyons Muskus, candidato a la Alcaldía de Sincelejo, tendría su respaldo y el del condenado exgobernador Salvador Arana. De hecho, un pariente de Lyons Muskus es candidato a la Gobernación de Córdoba: Alejandro Lyons. Y su tío, Luis Ignacio Lyons España, es el actual abogado defensor de Tapia.

“Él no sólo es hoy el nuevo barón electoral de Sucre y Córdoba, sino que logró un milagro: unir a la clase política de Córdoba para derrotar a Juancho López, el gran cacique electoral del departamento, también condenado por parapolítica”, dijo a este diario una fuente muy cercana a Tapia. Y agregó que en Sahagún y en otros municipios cordobeses se refieren a él como “el milagroso” o “el santo”, porque aglutinó en torno a su candidato a las familias Elías, Jattin, Manzur y Besaile. La radiografía de la política en Sucre y Córdoba parece pasar por la influencia de Tapia.

Contrario a lo que la opinión pública y las mismas autoridades creen, las verdades de este escándalo apenas empiezan a relucir. Lo que sí queda claro es que Tapia tiene mucho qué ofrecer a las autoridades. ¿Qué van a hacer éstas si realmente decide hablar?

Último plazo para audiencia de Samuel Moreno

El suspendido alcalde de Bogotá Samuel Moreno no podrá dilatar más su cita con la justicia. Mañana sería el último plazo para asistir a la audiencia de imputación, por su posible participación en el carrusel. El ente acusador le formulará cargos por concusión, contrato sin el lleno de requisitos legales y peculado por apropiación. Además, solicitará medida de aseguramiento. El antecedente de los aplazamientos no juega a favor de Moreno.

Esta es la tercera vez que programan la audiencia. Primero fue a finales de julio, pero Moreno pidió postergarla por la renuncia de su abogado. La fijaron para el 25 de agosto. Ese día fue su nuevo abogado quien pidió tiempo para conocer el proceso. La Fiscalía anunció que en caso de no comparecer solicitará que le declaren la contumacia o rebeldía jurídica, con lo que lo podrían obligar a comparecer y, en caso de no tener abogado, le asignarían uno de oficio. Mañana se sabrá si Moreno Rojas va o no a prisión.

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