“En el mundo hay miles de Sergio Urrego”: delegado estadounidense para la comunidad LGBTI

Randy Berry, delegado de EE. UU. para los derechos de la comunidad LGBTI, habló en su visita a Colombia con miembros del Gobierno y líderes de la sociedad civil sobre la situación actual de esa población en el país.

Randy Berry, delegado de Estados Unidos para los derechos de la comunidad LGBTI, estuvo en Colombia el pasado fin de semana.  / Óscar Pérez
Randy Berry, delegado de Estados Unidos para los derechos de la comunidad LGBTI, estuvo en Colombia el pasado fin de semana. / Óscar Pérez

Hace más de un año que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, le dio una misión a Randy Berry. Después de haber cumplido funciones como embajador en varios países, Obama le pidió viajar por todo el mundo promoviendo la protección de los derechos de la comunidad LGBTI. El fin de semana pasado el enviado especial llegó a Colombia, tras haberse reunido en Uruguay con líderes LGBTI a nivel mundial, y habló con El Espectador sobre la estrategia del gobierno estadounidense para proteger a esta población y los problemas que vive esta comunidad en Colombia, entre otros temas.

¿Cuál es la estrategia del Departamento de Estado para proteger a la población LGBTI en Colombia?

Nuestra estrategia parte de un proceso que hemos venido desarrollando desde hace aproximadamente un año y tiene de un enfoque global. La protección de los derechos de esta población tiene que ser abordada en todo el mundo. El factor fundamental de nuestro plan es la movilización de la sociedad civil, que puede llevar a un mejor entendimiento, porque esto genera que haya una mejor comprensión sobre los derechos humanos e igualdad de oportunidades para esta población. Por eso es importante que el diálogo permita sensibilizar a las personas para que comprendan que la comunidad LGBTI, al no tener igualdad de acceso al trabajo, la salud, la vivienda o la educación, limita las capacidades para que esa persona pueda desarrollarse naturalmente. Tenemos que entender lo que la discriminación y el matoneo pueden hacerle a una población vulnerable, como la LGBTI o cualquier otra. La gente no entiende que la trivialización y los chistes le hacen mucho daño a esta comunidad.

¿Qué es lo más urgente de tratar en la población LGBTI en Colombia?

El gobierno colombiano ha promulgado leyes para proteger a la comunidad LGBTI y se han dado pasos muy importantes. Sin embargo, hay retos que afrontar, como la violencia contra esta población, sobre todo la transgénero, como me lo contaron de primera mano algunos de sus miembros. Hace seis semanas tuvimos la masacre de Orlando, lo que demuestra que este no es un problema local sino del planeta. También me reuní con la madre de Sergio Urrego y me conmovió mucho su historia. Es una pérdida trágica: un joven que por ser tan discriminado en su ambiente, vio poca esperanza en su futuro y decidió suicidarse. En el mundo hay miles de casos como el de Sergio.

Según su experiencia, ¿cuáles son los motivos por los que son atacados los miembros de la comunidad LGBTI?

En los 43 países que he visitado la evidencia apunta a que el desconocimiento es una de las consecuencias alrededor de la violencia contra esta población. Cuando se entienda la conversación sobre la identidad de género, la gente comprenderá por qué no se debe discriminar.

De ese desconocimiento que habla, ¿cuál sería el papel de los medios de comunicación para proteger los intereses de la comunidad LGBTI?

En todos los países que he visitado, los medios de comunicación tienen un rol fundamental, porque son los que informan, educan y forman opinión. Unos medios que puedan presentar una discusión, entendiendo que hay una vida al final de estas historias, promueven un debate que es informado y basado en hechos reales. En algunos países que he visitado, donde no hay libertad de prensa o los periodistas no son profesionales con su trabajo, terminan tergiversando las historias sobre la comunidad, ridiculizando o caricaturizando a sus medios. En estos países, iniciar una conversación responsable es difícil porque las audiencias llenan esos espacios de información con miedo y prejuicios.

Usted ha sido diplomático desde 1993 y ha trabajado en países como Nepal, Bangladés, Egipto, Sudáfrica y Uganda. Desde esa experiencia, ¿cómo puede aportar a la protección de la población LGBTI en Colombia?

Lo mejor que podemos hacer es enfocarnos en la igualdad. Creo que, al final del día, no sólo no hablamos de los asuntos LGBTI sino de una protección para todos los sectores de la población. También he podido darme cuenta del trabajo de la sociedad civil como transformador de realidades.

El Centro de Memoria Histórica publicó un informe el año pasado sobre cómo la violencia contra la población LGBTI se vio exacerbada con el conflicto interno. Ante un posible escenario de posconflicto, ¿cuál es el factor fundamental para que no se repitan esos hechos?

Los miembros de la comunidad LGBTI, como los de cualquier otra, pueden progresar en una situación de estabilidad social. Al no existir un ambiente de tensión, por supuesto se evitará que estos hechos vuelvan a ocurrir.

Con respecto a otros países, ¿cómo ve a Colombia en términos de políticas para la protección de la población LGBTI?

Es claro que Colombia es uno de los líderes a nivel regional. Podemos ver que los gobiernos más progresistas del continente, que han dado pasos positivos en favor de la comunidad LGBTI, son el colombiano, junto con países como Uruguay y Chile. Pero si abrimos el panorama, Colombia también está en la discusión mundial. Entendemos que haber estado en un ambiente de hostilidad ha demorado esos cambios y espero que las futuras generaciones no tengan que hablar de las desigualdades de la comunidad LGBTI.

En California se aprobó una reforma al plan de estudios para enseñar la historia de la comunidad homosexual en la primaria. ¿Qué opina al respecto?

Esta es una parte de la historia que nos falta agregar. Digamos, en mi país, ¿qué quiere decir la igualdad? La historia de los Estados Unidos en su momento fundacional, los documentos de los próceres de la nación, dice que todos las personas somos iguales. Pero la evidencia histórica demuestra que no fue así. Los derechos se les respetaban a los hombres blancos que tuvieran cierto grado de educación o riqueza. Con el paso de los años los movimientos que reivindicaban los derechos civiles, de las mujeres y la población afroamericana, ahora se relatan en las aulas. Esto que está pasando es algo normal y es una marcha hacia la igualdad. También permite evitar que las generaciones futuras puedan estigmatizar a la población LGBTI.

En Estados Unidos se está dando “la batalla de los baños”. ¿Por qué es tan importante para la población LGBTI contar con baños unisex?

La conversación tiene que ver con justicia para los LGBTI. Tenemos que respetar la decisión de cada persona de identificarse con el género que quiera. Me gustaría que la gente hablara más con esta población y preguntara sobre su calidad de vida.

Al final de su trabajo, ¿cuál es el legado que quiere dejar?

Me gustaría saber que con esta labor le hemos dado esperanza, al menos a una persona de la comunidad LGBTI, de seguir una vida sin importar su identidad de género. A menudo digo que una de las razones por las que decidí tomar este papel es que en el futuro quiero que mis hijos puedan tener una vida normal, sin importar el rumbo que quieran tomar en este viaje tan corto que todos vivimos. Y por eso mencioné el caso de Sergio Urrego, porque en realidad me impactó bastante. Para un padre es difícil entender que la discriminación, la violencia y la falta de aprobación que hay en la sociedad generen jóvenes dispuestos a suicidarse porque piensan que sus vidas no valen nada. Pero en realidad la meta es más ambiciosa. Espero que más países se sumen y se involucren en la conversación para defender los derechos de la población LGBTI.