EL PRESIDENTE MARCO FIDEL SUÁREZ ENCARGÓ LOS UNIFORMES A ESTADOS UNIDOS
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En Colombia: la historia de los sastres masacrados por la Guardia Presidencial

Hace 100 años, durante una manifestación, la Guardia Presidencial masacró a 20 hombres en Bogotá. La protesta se organizó por la molestia de los costureros ante la negativa del presidente Suárez de encargarles la confección de uniformes militares para la celebración del centenario de la Batalla de Boyacá.

Días después de la masacre, los sastres de Bogotá se reunieron. De ese encuentro quedó esta foto.Archivo particular

A primera hora del domingo, miles de hombres, vestidos con sus mejores trajes, se encontraron frente al Palacio Presidencial en Bogotá. Era un 16 de marzo, como hoy, hace justamente 100 años. Provenían de diferentes sectores de la ciudad y de municipios cercanos, y todos eran sastres o artesanos. Armados con piedras y entonando gritos de ¡Viva el socialismo!, los manifestantes se organizaron para reclamar al presidente Marco Fidel Suárez, que los tuviera en cuenta a ellos y no a la industria de Estados Unidos, para confeccionar los trajes de la Guardia Presidencial para la celebración del centenario de la Batalla de Boyacá.

Llegaron un poco más de cuatro mil hombres quienes, además de exigir al presidente Suárez que los contratara, gritaron a todo pulmón sus exigencias de mejores condiciones laborales y, sobre todo, más oferta para sus productos. Sus voces opacaron la explicación que les trató de dar el presidente desde el balcón de palacio. Sin ningún tipo de tecnología para amplificar su voz, Suárez les explicó que había echado para atrás el negocio acordado con confeccionistas de Estados Unidos, pero nadie lo escuchó. Los manifestantes siguieron gritando, arrojando piedras y lo que era una protesta pacífica, se convirtió en una masacre.

Huyendo de la represión de la Guardia Presidencial, los hombres se escondieron en varios locales y casas del sector, rompiendo vidrios y puertas para refugiarse. Por lo menos 20 de ellos no lograron escapar y los disparos de ametralladora los alcanzaron. Aunque nunca hubo una cifra concreta de cuántos fueron los muertos en la masacre de los sastres, historiadores colombianos que han estudiado el suceso que hoy cumple su primer centenario, calculan que fueron entre 15 y 20, 18 los heridos y al menos 300 detenidos. Y, en cuanto a los 8.000 uniformes, todavía no es claro quién los terminó confeccionando

Todo parece indicar que fueron manos colombianas, como una medida de Suárez para mantener la calma entre las organizaciones de trabajadores que cada día aumentaban sus presiones por mejorar sus condiciones, en una época en la que la situación económica del país y la falta de apertura a los negocios internacionales estaba estancada. Desde la pérdida del Canal de Panamá, en 1902, Colombia quedó enterrada en una crisis económica que sumió a todos sus ciudadanos: los más adinerados entraron en quiebra o en recesión, y el impacto para los menos favorecidos fue el deterioro de su situación, que ya era insostenible.

Además, las consecuencias de la Guerra de los Mil Días seguían vigentes, no solo por las pérdidas humanas, más de 100 mil colombianos (el 3 % de la población de ese momento), sino porque la inflación había alcanzado una cifra histórica. El tipo de cambio había pasado de 15,85 pesos en 1898, a 505 pesos en 1903. Además, no había relaciones con Estados Unidos, desde la pérdida del canal, uno de los motores económicos más importantes del momento en todo el mundo. Para rematar, en 1914 estalló la Primer Guerra Mundial y cualquier tipo de importación o exportación hacia Europa era prácticamente nula.

Con el fantasma de la pérdida de Panamá rondando, y el inicial rechazo de Estados Unidos de pagar a Colombia una indemnización por ese episodio, solo hasta 1914 regresó el diálogo entre los dos países. Ese año, el presidente Carlos Eugenio Restrepo promovió la firma del tratado Urrutia-Thomson para recobrar los mercados en el país del norte, y contrarrestar el avance de las ideas socialistas que tomaban fuerza en Europa. El dilema político era como aprobarlo en el Congreso en momentos en que la geopolítica del mundo daba un giro de 180 grados. Tres años después, en Rusia triunfó la revolución bolchevique y el movimiento obrero y campesino se abrió paso en el mundo.

Colombia no podía ser la excepción. Las ideas rusas llegaron con el poder de los trabajadores en huelga. Los primeros en protagonizarlas fueron trabajadores portuarios en Barranquilla y braceros de Cartagena. “Fue en los puertos fluviales, marítimos y de transporte férreo, y no en las ciudades, donde comenzó la agitación huelguística. La razón era que en los puertos y por el sistema férreo los trabajadores tenían más contacto con el mundo exterior. Así, las organizaciones obreras absorbían primero las ideas del sindicalismo extranjero”, reseña el Centro de Pensamiento de la Universidad Sergio Arboleda, al resaltar los casos de antesala a la protesta de los sastres.

Después de la masacre del 16 de marzo de 1919, siguieron otras huelgas de trabajadores: la del sector ferroviario de Girardot, la de los albañiles, la de los trabajadores de la Casa de la Moneda, la de los operarios de Calzado La Corona y de las fábricas de fósforos y los aserríos. Todos contra el alto costo de vida. Como lo reseñó El Tiempo, la situación que vivían los artesanos y la indiferencia de los partidos políticos hacia sus problemas los hicieron pensar en la posibilidad de crear su propio partido. Fue así como la Asamblea de la Conferencia Obrera de Bogotá declaró fundado el Partido Socialista el 20 de mayo de 1919, como alternativa para quienes protestaban en las calles.

El asesinato de los sastres en marzo de 1919, le complicó aún más el panorama político al presidente Suárez, empecinado en la aprobación del tratado de restablecimiento de relaciones con Estados Unidos. Al final, asediado por sus contradictores que además sumaron al sentimiento antinorteamericano otros reclamos al primer mandatario, éste renunció el 9 de noviembre de 1921. Su sucesor, Jorge Holguín, concretó la aprobación del tratado Urrutia Thompson, con una indemnización económica de Estados Unidos, lo que le permitió a Colombia reorganizar sus finanzas, en un periodo de la historia que se conoció como la danza de los
millones.

No obstante, de forma paralela a estos sucesos, siguió creciendo la actividad obrera, y cuando ya se había traducido en sindicatos organizados y partidos revolucionarios, vino la arremetida de la hegemonía conservadora. Ante la ola de protestas y los ecos del movimiento armado indigenista de Quintín Lame desde el Cauca, el Congreso aprobó en 1928 la Ley Heroica que criminalizó las huelgas. Un mes después, el 6 de diciembre de 1928, el general Carlos Cortés ordenó disparar contra los trabajadores de la United Fruit Company y sus familias que protestaban en la plaza de Ciénaga (Magdalena). El suceso se conoce como la masacre de las bananeras que hace parte de otro capítulo de la historia.

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Redacción Judicial

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En Colombia: la historia de los sastres masacrados por la Guardia Presidencial

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