En memoria de Antonio Cancino

El abogado falleció en Bogotá a los 76 años. Su trayectoria como litigante y magistrado del Tribunal de Bogotá lo consolidaron como uno de los penalistas más importantes del país. Tuvo a su cargo la defensa de personajes como Rodrigo Lara Bonilla, Jaime Pardo Leal y Ernesto Samper.

Cancino defendió a Rodrigo Lara Bonilla, a Fernando Carrillo y Jaime Pardo Leal, entre otras personajes de la vida política.Archivo.

“Hace 22 años, la violencia no me lo arrebató. Hoy, Dios se acordó de él. Descansa, papá. Te amo, te amo, te voy a extrañar”. Con este mensaje en su cuenta de Twitter, el penalista Iván Cancino reportó el fallecimiento de uno de los abogados más reconocidos en la historia contemporánea de Colombia: Antonio Cancino Moreno. Y así lo recordó su hijo, justamente 22 años después de que fuera blanco de un atentado el 27 de septiembre de 1995, cuando su defendido era el presidente de la República, Ernesto Samper.

De talante liberal y humanista, abogado de la Universidad Externado, la vida y obra de Antonio Cancino deja como legado su vasto trajinar por el difícil escenario del derecho penal, desde sus días de recién egresado, en los que, junto con su esposa, Emilssen González, recorrían en bus los pueblos de Cundinamarca defendiendo procesados. En los recesos comenzó a escribir una obra que a lo largo de su existencia acumuló más de 20 libros, desde el primero, Peculado, escrito en 1971, cuando andaba por los 31 años.

En adelante, no hubo reforma penal o debate jurídico sobre el tema que no tuviera su aporte. De hecho, por más de 30 años fue presidente del Colegio de Abogados Penalistas de Bogotá y Cundinamarca, y de otras tantas organizaciones dedicadas al estudio de la evolución de esta especialidad. Por breve tiempo fue magistrado del Tribunal Superior de Bogotá, donde integró lo que en su momento fue conocido como el ABC del derecho, al lado de Luis Enrique Aldana y Jaime Bernal Cuéllar.

Sin embargo, lo suyo fue el litigio, y sus defensas recorren también la historia del país y sus apremios judiciales. Fue abogado de Jaime Pardo Leal cuando hacía su transición de la magistratura a la política; de Rodrigo Lara cuando la mafia quiso emboscarlo en el Congreso con el cheque de Evaristo Porras; del hoy procurador Fernando Carrillo cuando estalló el escándalo de la Catedral, y de muchos políticos y funcionarios que necesitaban defensa.

Entre ellos el presidente Samper, en el escándalo por la financiación de su campaña por parte del cartel de Cali. “Volví un proceso judicial un proceso político y lo gané”, comentó varias veces Cancino, aunque hacerlo le significó amenazas contra su vida, cuatro años de exilio en España y un atentado en el que perdieron la vida dos de sus escoltas. Cuando retornó al país, reabrió su oficina, esta vez con su hijo Iván, con quien litigó casos como Dragacol, o Bancolombia contra Gilinski.

“En casa, siempre lo vimos trabajar desde las 4:30 a.m., y por eso desde niño, cuando me preguntaban qué quería hacer en la vida, siempre contestaba: ‘Ser Antonio Cancino’”, dice el abogado Iván Cancino, quien junto con sus hermanos, Gabriel y Andrés, y su madre, guarda los recuerdos íntimos de un hombre que deliberó por el país, que no tuvo reparos a la hora de ser defensor y penalista, y que dejó memoria como maestro en la amistad y en la cátedra.