Entregan restos de víctima de asesino serial de Tenerife

En las instalaciones de Medicina Legal de Valledupar, se hizo la entrega formal de los restos de Manuel Villareal Chávez, otra de las personas que murieron en manos del conocido Monstruo de Tenerife.

El Pilón

Aún se habla de la estela de sangre que dejó Luis Gregorio Ramírez Maestre por cuatro departamentos del país durante la actual década. En el edificio de Medicina Legal de Valledupar (Magdalena) se hizo la entrega de una de las víctimas del asesino serial de Tenerife: Manuel Villareal Chávez, un mototaxista de aquella ciudad de la región Caribe y quien  fue asesinado en mayo de 2010.

Durante cuatro años la madre de Villareal Chávez vivió con la angustia de que su hijo se encontraba desaparecido, hasta que en diciembre de 2011 antropólogos de la Dijín de la Policía, por medio de testimonios, hallaron los restos del joven en la vereda Paja Larga, jurisdicción del corregimiento de Río Seco, al norte de Valledupar.

Luego, solo hasta 2014, las autoridades le mostraron a la madre de Villareal el lugar donde se había encontrado el cuerpo de su hijo. Ella logró identificar las prendas que se habían encontrado junto con los restos como las que su hijo vestía cuando desapareció. Dos años después las pruebas de ADN confirmaron que efectivamente los restos encontrados por las autoridades eran los de Manuel Villareal y ayer se hizo la entrega formal del cuerpo.

La Fiscalía General presume que el asesino serial podría estar relacionado con otros 120 homicidios, de los cuales ya tienen 60 con elementos probatorios como chalecos, carteras y cascos que fueron encontrados en la casa de Ramírez Maestre en Santa Marta cuando realizaron el allanamiento en diciembre de 2012. Además, las autoridades conocen que este asesino serial delinquió en el Cesar, Santander, Magdalena y Antioquia.

Una de las particularidades del asesino serial, y que también hacen parte de las pruebas que han recopilado las autoridades, era coleccionar las cédulas de sus víctimas, quienes, en la mayoría de los casos tenían como trabajo ser conductores de mototaxi. El modus operandi del criminal consistía en entablar una amistad con los mototaxistas mientras lo paseaban por diferentes parte de la ciudad. Después mientras transitaba por lugares solitarios atacaba a sus víctimas.

La justicia colombiana no ha podido determinar por qué el perfil de sus víctimas siempre era el mismo. Aunque la Fiscalía sostiene que el agresor buscaba hurtar motocicletas, los investigadores creen que hay algo más allá y se podría establecer una conducta psicópata. La Fiscalía aún evalúa dicha hipótesis.