Epílogo del espionaje en la era Uribe

De cómo las chuzadas ilegales del organismo de inteligencia adscrito a la Casa de Nariño terminaron con el carcelazo de quien fue la mano derecha del expresidente Uribe durante seis de sus ocho años de Gobierno.

María del Pilar Hurtado, exdirectora del DAS, y Bernardo Moreno, exsecretario de la Presidencia, condenados por la Corte Suprema./Luis Ángel - El Espectador

Los dos peores escándalos judiciales del gobierno de Álvaro Uribe Vélez —el espionaje del DAS y la yidispolítica—, con apenas dos semanas de diferencia, cobraron las cabezas de cinco de sus alfiles más próximos. Primero, los exministros Sabas Pretelt y Diego Palacio y el exsecretario Alberto Velásquez fueron hallados culpables de haberle comprado el voto a la excongresista Yidis Medina para aprobar la reelección presidencial inmediata. Un episodio que, según la Corte Suprema de Justicia, cambió para siempre los destinos del país. Y ahora ese mismo tribunal sentenció al exsecretario de Presidencia Bernardo Moreno Villegas y a la exdirectora del DAS María del Pilar Hurtado. Ni más ni menos que por el largo etcétera de abusos, delitos y chuzadas perpetrados por la agencia de inteligencia contra magistrados, periodistas y opositores de la administración Uribe Vélez. (Vea: Los alfiles enredados del uribismo)

Es el epílogo de un expediente de más de seis años, que comenzó en febrero de 2009 cuando la Fiscalía allanó la sede principal de la policía secreta tras las explosivas revelaciones de la revista Semana con una portada que quedó para la retina de Colombia: “El DAS sigue grabando”. A pesar de que se destruyó evidencia  sobre múltiples registros de chuzadas y órdenes de operaciones ilegales, la Fiscalía logró recopilar documentos comprometedores sobre la gigantesca cacería desplegada por agentes especializados del DAS para perseguir a defensores de derechos humanos, magistrados de la Corte Suprema, dirigentes políticos de izquierda y periodistas como Daniel Coronell. Poco a poco fueron apareciendo los testigos y pronto quedó al descubierto que lo del DAS no era un asunto de “manzanas podridas”.

Se ordenaron las primeras capturas y se constató que el espionaje del DAS tuvo varios escenarios en el tiempo: primero, entre 2003 y 2005, se desarrollaron operaciones de desprestigio y sabotaje contra distintas ONG —nacionales e internacionales— y los dirigentes Piedad Córdoba y Gustavo Petro. Luego, en tiempos de la reelección del presidente Uribe, los llamados “blancos políticos” cambiaron: el DAS espió a los magistrados de la Corte Constitucional encargados de avalar la enmienda constitucional que le permitió a Uribe seguir de largo hasta 2010 en el poder. Luego, ya en su segundo gobierno, la agencia de inteligencia se interesó en perseguir a los protagonistas de dos escándalos que pusieron en jaque al mandatario: la parapolítica y la yidispolítica. Las órdenes contra la Corte Suprema se aceleraron en septiembre de 2007 cuando fue llamado a indagatoria Mario Uribe, primo del presidente.

Después, en abril de 2008, las “vueltas” del DAS se ocuparon de Yidis Medina. Sus confesiones sobre cómo el gobierno Uribe le había comprado su voto para la reelección presidencial en 2004 desataron un tormenta política y derivaron en múltiples montajes orquestados por la agencia de inteligencia con el objetivo de destruir moralmente a Medina. La Corte Suprema la condenó en junio de ese año y sin rodeos dijo entonces en su fallo que ella se había dejado comprar “gracias a las canonjías impúdicas que le ofrecieron y recibió”. Uribe sostuvo entonces que en la Corte Suprema había unos magistrados que eran unos “nostálgicos del terrorismo agónico”. El DAS comenzó a perseguirlos. Infiltró a una agente, Alba Luz Flórez, la Mata Hari, quien convenció a los policías que custodiaban a los magistrados de que debían serle leales era al presidente.

Así obtuvo expedientes, grabaciones de salas reservadas y acceso a información privada de la Corte. La excusa que se utilizó para espiar al alto tribunal, según la justicia, fueron los pasos insuficientemente investigados de dos personajes ladinos: el lobista Ascencio Reyes y el mafioso Giorgio Sale. La cacería del DAS a la Corte se extendió hasta las postrimerías del segundo gobierno Uribe. Lo mismo ocurrió con el periodista Daniel Coronell, Piedad Córdoba y Gustavo Petro. Al constatar que la exdirectora María del Pilar Hurtado y Bernardo Moreno conocieron y promovieron estas “vueltas”, la Corte Suprema los condenó a penas de 14 y 8 años, respectivamente. Moreno recibió el beneficio de prisión domiciliaria.

La Corte, además, ordenó investigar al expresidente Álvaro Uribe, a su exasesor y hoy senador del Centro Democrático José Obdulio Gaviria, al exasesor de prensa de Palacio César Mauricio Velásquez, al exsecretario jurídico Edmundo del Castillo, al exdirector del DAS Andrés Peñate y al exasesor Jorge Mario Eastman. Al conocer la noticia sobre esta condena, Uribe dijo: “Yo voy a ir a la Corte el martes a una versión libre. Allí voy a pronunciarme sobre todos estos temas. Me da mucha tristeza que a Bernardo Moreno y a María del Pilar Hurtado, personas honorables que no se han robado un peso, los condenen por cumplir el deber. Se está creando la confusión, para condenarlos, entre lo que es cumplir el deber en la acción contra el terrorismo y en pro de la seguridad nacional, con persecución a las cortes. Esa es una confusión imperdonable, que lleva a estos compañeros, ciudadanos honorables, a la cárcel”.

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