La esclavitud del siglo XXI empeora en Colombia

Si bien las autoridades colombianas adelantan esfuerzos para frenar la trata de personas en el país, aún queda un largo trecho para erradicarla.

Foto: Archivo.
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Los esclavos del siglo XXI se mueven alrededor del mundo en 510 rutas distintas. Pueden ser más, pero esas son las que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha identificado hasta la fecha. Los esclavos del siglo XXI nacieron en 152 países y se convirtieron en víctimas en otros 124. Los esclavos del siglo XXI son obligados a prostituirse, a construir edificios y estadios, a sumergirse en minas, a limpiar casas, a mendigar o a casarse contra su voluntad. A los esclavos del siglo XXI les dicen víctimas de trata de personas. Y en Colombia su existencia sigue creciendo.

De acuerdo con un informe realizado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos y publicado el pasado junio, en 2015, la cantidad de víctimas de este delito que denunciaron ante las autoridades aumentó en un 8%: de 59 casos que se presentaron en 2014, se pasó a 67 el año pasado. De ellos, señaló el Ministerio del Interior, 45 fueron objeto de explotación sexual, 19 fueron sometidos a trabajos forzosos, uno fue obligado a mendigar y de dos de ellos no fue posible conocer más detalles.

Estas personas –los esclavos modernos– hacen parte de los grupos más vulnerables del país. Son, en su mayoría, víctimas del desplazamiento forzado, afrodescendientes, sujetos en condición de discapacidad, indígenas y personas que viven en zonas donde distintos actores armados hacen presencia, según el Departamento de Estado de Estados Unidos.

Salen de sus lugares de origen y se dirigen en una de esas rutas de la esclavitud hacia Antioquia, Tolima, Nariño, Huila, Caquetá o Meta. Según la ONU, el 27% de la trata de personas se da dentro de las fronteras nacionales. Si en cambio, los captores hacen parte de redes trasnacionales de trata de seres humanos, los colombianos partirán, dice la ONU, hacia destinos tan lejanos como China, Tailandia o Corea, o, en mayor medida, hacia los países más cercanos de las Américas y el Caribe.

Lo más probable, dijo David Álamos, oficial encargado de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), es que las víctimas de trata se muevan por los mismos caminos por los que transitan kilos de coca de los grupos armados e incluso, por donde otros seres humanos, que llegan al país desde Haití, Cuba o Somalia, caminan con rumbo a lo que esperan sea un mejor futuro en Estados Unidos, Canadá o Europa.

De hecho, Álamos señaló que la articulación entre las entidades estatales que se ocupan de la trata de personas, con el Ministerio del Interior a la cabeza, deberían tener una relación más directa con la Cancillería Colombiana y Migración Colombia, que están a cargo de la problemática de la migración irregular de personas. “Hemos encontrado que a nivel mundial estos dos delitos están muy relacionados, por eso sería importante una mayor articulación en este aspecto”, le dijo el funcionario a este diario.

Y es que hay ocasiones en las que ambos problemas se encuentran en las fronteras colombianas. Por ejemplo, cuando a un migrante irregular le cobran el paso hacia el siguiente país con trabajo forzado; o cuando menores de edad son reclutados por los grupos armados ilegales para que patrullen rutas de drogas o de tráfico de personas. De hecho, el estudio del Departamento de Estado de los Estados Unidos sugiere que el reclutamiento de menores y el uso de los mismos para cometer delitos constituyen un tipo especial de trata de personas. No obstante, en el país son tratados como crímenes diferentes, lo que dispersa la información y los esfuerzos para atacar el flagelo.

La solución de ese problema es una prioridad. Sandra Devia, directora de gobierno del Ministerio del Interior, señaló el pasado viernes que es fundamental que el Estado comience a concientizar a las personas y a los mismos funcionarios sobre la magnitud de delito de la trata de personas, que muchas veces se camufla bajo el manto de otros delitos “normalizados” en la sociedad. Además del reclutamiento infantil, “es el caso del microtráfico en el que son los menores los que venden los estupefacientes, la mendicidad ajena o el abuso sexual infantil”, explicó la funcionaria.

Un día antes de la conmemoración del Día mundial contra la trata, el ICBF se unió de manera oficial a la campaña global “Corazón Azul”, una iniciativa de las Naciones Unidas que busca frenar la trata de personas. Dijo Cristina Plazas, directora del ICBF, que se aunarán esfuerzos técnicos, administrativos y financieros para resolver los escollos y potenciar los aciertos. Dijo David Álamos, el oficial encargado de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), que la Onu no se detendrá hasta acabar con la esclavitud del siglo XXI. Dijo Plazas que el 30 de julio es un día triste: un día para recordar. Mientras tanto, cuerpos humanos siguen recorriendo las rutas invisibles del crimen.