"Esperamos 14 años para esto"

Este diario habló con la viuda de una de las ocho víctimas del crimen, cometido en Barrancabermeja (Santander) por los ‘paras’ y que ninguna unidad militar intentó evitar.

Entre 1998 y 1999 los ‘paras’ asesinaron a cerca de 40 personas en Barrancabermeja. / Archivo
Entre 1998 y 1999 los ‘paras’ asesinaron a cerca de 40 personas en Barrancabermeja. / Archivo

Después de 14 años de espera, hoy, a las 10 de la mañana en la plazoleta Luis Eduardo Pinilla Pinilla de Barrancabermeja (Santander), el Ejército les pedirá perdón a Ligia Ramírez y sus dos hijas, Daniela y Saray, por no haber impedido que el 28 de febrero de 1999 paramilitares bajo el mando de Mario Jaimes Mejía, alias El Panadero, masacraran a 11 personas, entre ellas a Jesús Daniel Gil Mosquera, su esposo y padre, respectivamente.

“Tocó esperar 14 años para esto. Era lo que esperábamos. Es muy gratificante, porque van a limpiar su nombre porque, siempre que asesinan a alguien, dicen que ‘por algo sería’, dando a entender que la persona era mala. Pero Jesús Daniel era una persona buena, noble, que se dedicaba al trabajo y a sus dos hijas, que eran su adoración. perdón es bueno para que la gente no olvide que ese día murieron personas inocentes y no criminales”, dice Ligia Ramírez.

La viuda agrega que, no obstante, el perdón del Ejército no es suficiente. “Para eso se necesita un proceso. Eso es complicado”, asegura, y agrega que si pudiera hablar con los asesinos de su esposo les preguntaría por qué tienen que causar tanto daño, por qué tienen que estar asesinando. “Es que no entiendo cómo alguien es capaz de acabar con una vida, de acabar con una familia. Aunque yo no guardo rencor”.

Y respecto a las fallas de los militares que permitieron que la masacre ocurriera, Ramírez asegura que los uniformados “deben sentirse muy avergonzados de la institución a la que pertenecen. Se supone que ellos están para cuidar y saber que tuvieron tanta culpa como los mismos delincuentes. Si ellos tienen calidad humana, deben sentirse muy mal”. Ese 28 de febrero los paramilitares de El Panadero llevaron a cabo una ‘cruzada’ sangrienta con la que, al parecer, pretendían mandarle un mensaje a la guerrilla y que no fue evitada por agente alguno. Jesús Daniel fue víctima de esa ‘campaña’ criminal. Murió antes de encontrarse con su esposa, quien lo esperaba. Cuatro paramilitares ya aceptaron su responsabilidad por estos hechos.

Al preguntársele cómo se imagina que sería su familia si su esposo no hubiera muerto, Ligia responde: “Hubiera sido increíble. No tanto por mí, sino por mis hijas, que tuvieron que crecer sin papá. Él murió cuando ellas tenían 1 y 2 años. Pero en ese poco tiempo les dio tanto. Él se desvelaba por ellas. Lo hacía todo por ellas”.

Ramírez recuerda que su hija Daniela tenía la costumbre de dormirse en el pecho de su padre y cuando Jesús Daniel murió pasó largos años pidiendo por él, porque regresara a arrullarla. “Eso fue para mí muy duro. Sacarlas a ellas adelante. Pero ya ve. Las dos salieron muy juiciosas. Son el orgullo de la familia”.

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